El Perón cansado de sus últimos cuatro años gustaba decir con tonada socarrona extraída del cómico Pepe Arias: “el hombre después de los setenta años tiene una experiencia de vida extraordinaria -y agregaba arrugando su ojito más travieso- lástima que no le sirve para nada…”.
Ernesto Poblet
Perón llegó a ser un viejo sabio y astuto pero le fallaban las fuerzas junto a la salud. Su omnicomprensión de los más complejos fenómenos se obnubilaba cuando le llegaba el momento de elegir “el hombre de su confianza”. Ahí se encerraba en el estrecho cerco de los habilidosos constructores de “su” círculo íntimo.
Esa cofradía sabía disfrazarse con el ropaje de la afectuosidad familiar. Precisamente “familia tradicional” le faltó a Perón desde su infancia y a través de su vida militar. Por algo Perón demostró una inusitada pasión por los perritos falderos. En algún momento exteriorizó su nostalgia en público sonriendo con ternura al recordar a “esos traviesos sinvergüenzas…” refiriéndose, desde luego, a su par de simpáticos caniches.
Veamos las decisiones adoptadas en momentos culminantes de su larga vida de macro-infuencia política. En los años de presidente joven sus delfines institucionales fueron Hortensio Quijano y Alberto Teissaire, no precisamente dos estadistas. En el orden de la sucesión presidencial en la jerarquía tercera, presidencia de la Cámara de Diputados, recayó la designación en un odontólogo conservador de San Andrés de Giles con sólo 38 años. Podríamos pensar en un lozano cerebro con la potencialidad de Bill Gates para justificar este extraño ascenso.
Se le ha escuchado al mismo Perón en sus últimos años referirse a Héctor J. Cámpora otra vez adoptando la graciosa tonalidad de Pepe Arias: “Pero si a Camporita usted lo cuelga de las patas y lo estruja de arriba hacia abajo aún así no se le escapa una idea ni por casualidad…”.
Perón mantuvo a Cámpora en las cercanías de las probidades adecuadas al peronismo hasta bastante avanzada su edad. No se privaba de hacerse eco de las humoradas circulantes en torno a la “lealtad” del personaje, aunque algunos mal pensados identificaban eso con la más solemne obsecuencia. Perón tan sólo disfrutó del cálido y natural refugio hogareño durante el primer matrimonio con Aurelia Tizón.
La temprana muerte de esta señora sumió en un dramático desconsuelo a aquel talentoso militar y político. Sus futuros matrimonios fueron el escenario de una sociedad política tumultuosa y fastuosa con Evita y unas nupcias de solitario jubilado-exiliado junto a la anodina Isabelita, sin imaginar el extraño destino presidencial de esta última.
Fueron catastróficos los efectos del delfinado tendientes a heredar el capital político de este líder superlativo en aquella sociedad masificada. La guerra entre los presuntos legatarios trastrocó esas décadas perdidas. Contando desde los militares golpistas hasta los “estúpidos imberbes” del gramscianismo revoltoso desfilaron las diversas corrientes de la ensalada ideológica del “movimiento” justicialista.
Cada tendencia se rebuscaba un traje a medida para interpretar el pensamiento del Perón que más conviniera a sus respectivos designios de copamiento del PJ. No les importaba si el líder fue contundente en sus últimos años lúcidos al rechazar a los entonces imberbes y sus absurdas concepciones estatistas, querían entre muchos dislates transformar el Hotel Sheraton en el Hospital de Niños.
Los diputados, senadores, gobernadores e intendentes justicialistas de hoy, proclamándose fieles para dar la vida por Perón, rechazando o cantando la marchita según la circunstancia, tomarán las decisiones de saquearle los ahorros a millones de argentinos por más que los videos les recuerden al Perón miserablemente traicionado por estos herederos apócrifos, los actuales camporistas aliados a los sempiternos detentadores pancistas del poder. El caso del Hotel Sheraton es una anécdota de Heidi al lado del robo a los aportantes de las AFJP.
John William Cooke, Jorge Daniel Paladino, José López Rega y Héctor J. Cámpora fueron algunos de los fedatarios más notables de la voluntad de Perón en vida. La faceta ideológica y el marketing empleado para generar al extraño Perón de izquierda lo enarbolaron Cooke,en este único caso con cierta enjundia intelectual, murió de 48 años; el otro fue Cámpora a través de los imberbes y ,aunque parezca raro pero siempre en la izquierda, el señor López Rega con sus desvaríos estatistas y tendencias hacia la pasión represiva, muy apropiada para los amantes de “la violencia partera de la historia” numen alegórico de todo cacique de la zurda irracional.
No dudamos hoy en imaginar al célebre brujo aplaudiendo entusiasmado y compartiendo el botín de los saqueos contra los estupefactos propietarios de sus ahorros confiscados de la mañana a la noche por el neocamporismo glacial.
Ahora el camporismo reina y gobierna en un puente de helicópteros entre Olivos y la Casa Rosada. Ya no estará al frente aquel famoso “tío” presidente por cuarenta y nueve días, expulsado del cargo por el partido, el movimiento, los gremios y el propio Perón después de la vergonzosa apertura de las cárceles instrumentada por el entonces ministro Righi, desde la cual se liberaron los más violentos terroristas y hasta legendarios hampones internacionales, habiendo sido encarcelados esos delincuentes mediante una justicia independiente, transparente y garante del sano juicio como fue la del general Lanusse en medio de sus gestiones para organizar de nuevo el país con posterioridad a la frustrada “Revolución Argentina”.
La mafia terrorista del camporismo se encargaría de asesinar jueces, intelectuales, empresarios, profesionales, obreros, políticos, amas de casa, niños, y militares durante y después del régimen de Lanusse.
El camporismo se había adueñado del poder por la ventana en aquel dislocado proceso de 1973. El anciano Perón alcanzó a sacar fuerzas de flaqueza para expulsar de la plaza a los “estúpidos imberbes”. Se fueron a sus madrigueras para aprovechar la “ayuda” logística de la experiencia fachobolche consolidada en Cuba por consecuencia de la Guerra Fría que atormentaba el planeta.
El camporismo adoptó las consignas sucias de la clandestinidad, los secuestros extorsivos, la violencia y el terror. Todavía faltaban trece años para la demolición popular del Muro de Berlín, modelo vital del fiasco frustrante del marxismo en cualquier función de gobierno. La Unión Soviética aún se daba el lujo de exportar su sistema a casi todos los continentes por medio de los subsidios más septicémicos para la conciencia de los pueblos.
La experiencia camporista de 1973 quebró de dolor al mismísimo Perón anciano, según lo atestiguó su médico personal el Dr. Cossio. Asombra ver a los Kirchner homenajear a Cámpora invocando a Perón. Cámpora jamás concibió ideas, se adhería como el poxipol a cualquier vaguedad que le ofrecieran sus familiares o eventuales jefes políticos. Anidaron junto al tío despistado, como huevos de la serpiente, los que hoy detentan el poder en la Argentina , quienes aprendieron desde purretes el arte de los copamientos.
Así proceden hoy con el poder, las comisarías, los cuarteles, el armamento, el campo desde la Oncaa, los ahorros de la gente, los aportes previsionales, los sobreprecios de las obras públicas, las regalías provinciales, las casas de juego, las valijas repletas en algunos casos de dólares y en otros de cocaína.
El camporismo también demostró tener buenos tíos contemporáneos para reconstituir o recauchutar las cancerosas empresas del estado y organismos reguladores para destruir o adueñarse de la producción privada y federal. Para ello fundan, reimplantan o potencian megaterios burocráticos como la Oncaa , el Pami, Enarsa, las obras sociales sindicales, Anses, Aysa, Occovi, Aerolíneas, el Correo, los fideicomisos públicos y el sueño dorado de la mitología corporativa del camporismo: ese Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios como paraíso central y alegre universidad de la coima y el peculado. En el cual se puede acceder a la magia de acumular todo tipo de fortunas sin asumir riesgos ni pagar molestos tributos o contribuciones.
El camporismo, más allá del mediocre personaje que le diera el nombre, es tan sólo una todopoderosa asociación ilícita devenida en saqueadora violenta con el target de alimentar una mega-caja a la vista.
Fuente: Fundación ATLAS.
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