Política

Irán: Qué cambios puede haber con Ahamdinezhad como presidente

“Éstas fueron unas elecciones dentro del mismo estamento ideológico, con el objetivo de permitir a las diversas facciones del interior del régimen zanjar sus luchas de poder a través de los colegios electorales, en lugar de mediante purgas sangrientas y ejecuciones en masa como ha sido el caso a menudo en sistemas similares”.

Democracia
Para
cuando aparezca esta columna, la segunda ronda de las elecciones presidenciales
de Irán habrá terminado y sus resultados serán conocidos.


 


¿Pero
fue merecedor de alguna atención el ejercicio, despreciado por los medios
occidentales como una farsa y por los opositores del régimen como
irrelevante?


 


Pienso
que sí. He aquí por qué.


 


Las
elecciones no fueron una farsa si comparamos entre
iguales.


 


Éstas
fueron unas elecciones dentro del mismo estamento ideológico, con el objetivo de
permitir a las diversas facciones del interior del régimen zanjar sus luchas de
poder a través de los colegios electorales, en lugar de mediante purgas
sangrientas y ejecuciones en masa como ha sido el caso a menudo en sistemas
similares.


 


Es
como si Stalin y Mao Zedong, en lugar de ejecutar a sus rivales dentro del
régimen, les hubieran eliminado de las posiciones de poder a través de un
simulacro de elecciones.


 


Al
mismo tiempo, las elecciones no fueron irrelevantes porque ofrecen una imagen
bastante fiable del equilibrio de las fuerzas dentro del
régimen.


 


Un
motivo de la falta de interés público evidente fue la percepción de los
candidatos, a los que se alude como “los siete enanitos”, que no parecía ofrecer
una elección real en la primera ronda. En la segunda ronda, sin embargo, existe
una elección real, dentro de los límites del estamento en el poder no
obstante.


 


Ahora
sabemos que las divisiones dentro del estamento jomeinista van más allá de temas
de ejercicio del poder, y se refieren a dos visiones en conflicto del futuro del
país.


 


Sería
absurdo afirmar que Alí-Akbar Hashemí Rafsanjani y Mahmoud Ahmadinezhad, los dos
candidatos en la segunda ronda, son intercambiables. Esto sería como decir que
Mao Zedong y Deng Xiaoping eran lo mismo porque los dos pertenecían al Partido
Comunista chino.


 


La
principal diferencia entre los dos es que con Ahamdinezhad, lo que ves es lo que
hay, mientras que con Rafsanjani nunca puedes estar seguro. No puedes imaginarte
a Ahamdinezhad como algo distinto de lo que aparenta ser. En cierto sentido,
esto es un concurso entre el camaleón y la mangosta.


 


Metamórfico
natural, Rafsanjani es un hombre sólo fiel a sí mismo: puede ser de línea dura,
de línea relajada, o de ninguna línea, dependiendo de las circunstancias.
Ahamdinezhad, sin embargo, es un jomeinista radical que quiere decir lo que dice
incluso si es descortés o imprudente.


 


Rafsanjani
dice que puede que, un día, barra de la existencia a Israel con armas nucleares,
pero no lo dice en serio. Ahmadinezhad nunca ha hablado de la destrucción de
Israel, pero da todas las indicaciones de soñar con ello cada noche. Rafsanjani
se jacta de que Irán está en guerra con Estados Unidos, y de que terminaría
humillando al “Gran Satán”, pero ya está poniendo las antenas hacia Washington a
través de intermediarios británicos. Ahmadinezhad raramente habla de Estados
Unidos e incluso niega que haya una crisis en las relaciones. Pero es casi
un hecho que cree que el régimen jomeinista puede liderar una sublevación
islamista que saque de Oriente Medio a Estados
Unidos.


 


Rafsanjani
dice que los hombres y las mujeres son iguales, pero no lo cree. Ahmadinezhad
dice que son desiguales, y cree lo que dice. Rafsanjani promete democracia, pero
se le recuerda por ocho años de despotismo cuando era el anterior presidente.
Ahmadinezhad, sin embargo, indica públicamente que no puede haber democracia en
el islam, y que “el mandato islámico puro” que promete establecer no tendría
relación ninguna con el modelo pluralista occidental globalmente
adoptado.


 


Para
Ahamdinezhad, el poder es un medio para sus objetivos idealistas de revolución
jomeinista. Para Rafsanjani, el poder es un fin en sí
mismo.


 


Hay
otras diferencias entre los dos.


 


Rafsanjani
es reputado por ser el hombre más rico de Irán y la 46ª fortuna del mundo,
mientras que Ahmadinezhad aún está pagando la hipoteca de su modesto hogar.
Durante sus dos mandatos como presidente, Rafsanjani demostró que veía la
corrupción como el lubricante de un sistema opresivo. Ahmadinezhad, por otra
parte, ha purgado el municipio de Teherán, que dirige como alcalde, de
líderes de grupos criminales, y promete limpiar los establos a través del
gobierno. Uno de sus compromisos específicos es disolver las en torno a treinta
compañías, a menudo ficticias, creadas por poderosos mulás para trasvasar buena
parte de los beneficios petroleros de Irán.


 


Rafsanjani
es muchas cosas en una. Es un hombre de negocios, un mulá, y un político.
Ahamdinezhad, sin embargo, ha sido un revolucionario profesional toda su vida de
adulto. Arma en mano, ha luchado contra los separatistas kurdos y turcomanos en
persona. Rafsanjani, por otra parte, nunca ha asumido riesgos personales. Cuando
quiso eliminar a los líderes de la disidencia kurda en 1992, despachó a un grupo
de terroristas políticos a Berlín para hacer el trabajo.


 


Ahamdinezhad
luchó en persona en la guerra de ocho años contra Saddam Hussein, mientras
Rafsanjani estaba dando discursos en Teherán a 1000 kilómetros de
distancia.


 


Hay
también una diferencia generacional entre ambos.


 


Ahmadinezhad,
22 años más joven que Rafsanjani, es un hijo de la revolución, que ha pasado sus
años de formación bajo el régimen jomeinista. Rafsanjani, sin embargo, era un
contratista de éxito y comerciante del pistacho durante el régimen del
Shah.


 


Los
candidatos no sólo son diametralmente opuestos en términos de sus
personalidades. También representan estratos sociales
distintos.


 


Rafsanjani
representa los negocios a lo grande, las diversos pilares que dominan la
economía, los niveles más altos de autoridad del servicio civil, gran parte de
él profundamente corrupto, y las redes de mulás influyentes metidos en negocios
y política. Ahmadinezhad representa el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria
Islámica y los Basij Mustadhafin (Movilización del Desposeído), reclutados en
gran medida de entre los campesinos más pobres. También refleja los intereses de
los pequeños tenderos, funcionarios civiles de baja graduación y los mulás más
pobres.


 


Estas
diferencias de clase se reflejan en las políticas económicas rivales de
ambos.


 


Rafsanjani
promete un modelo chino, es decir, un sistema capitalista con un régimen
político autoritario. Pero el tema principal de Rafsanjani en los últimos
días ha sido prosperidad para todos, lo que significa la oportunidad de hacer
dinero para aquellos que se encuentran en el lugar adecuado en el momento
idóneo. Ahamdinezhad, por otra parte, promete un modelo norcoreano encaminado a
la autosuficiencia económica, la mínima dependencia del comercio exterior y la
movilización de las energías nacionales para fomentar el espíritu revolucionario
más que para hacer dinero.


 


Rafsanjani
quiere meter a Irán en la Organización Mundial de Comercio tan rápidamente
como permita Estados Unidos. Ahmadinezhad, por otra parte, quiere evitar a
la WTO como a la peste.


 


Estados
Unidos y otras potencias relevantes quieren que gane Rafsanjani porque, como
empresario rico con activos en dólares que podrían congelarse en bancos
exteriores, no soñaría con provocar una confrontación revolucionaria con nadie.
Ahamdinezhad, sin embargo, puede intentar construir murallas alrededor de Irán
con la esperanza de prepararlo para un retorno
espectacular.


 


Considerando
todo, Ahmadinezhad ofrecería una construcción más lógica, mientras que la
plataforma de Rafsanjani fue diseñada alrededor del concepto de política como
arte de lo posible.


 


Como
se ha observado ya, para cuando aparezca esta columna, el resultado del
desempate será conocido. Mi conjetura es que, si el “Guía Supremo” no interviene
para alterar el resultado, Rafsanjani ganará.


 


Muchos
de los que no votaron en la primera ronda pueden taparse la nariz y votar a
Rafsanjani, aunque sólo sea para evitar la perspectiva de Ahmadinezhad, que se
toma en serio las diatribas adolescentes de Jomeini. Pero si Ahamdinezhad se
declara ganador, sabremos que el “Guía Supremo” ha decidido abandonar toda
pretensión de reforma y compromiso con el mundo exterior para colocar a la
República Islámica en el camino de la guerra.

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