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Javier Milei en la inauguración del Museo del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín

Javier Milei en la inauguración del Museo del Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín

Javier Milei y su lucha por la Sociedad Abierta

El  gobierno de Javier Milei, pese a ser tan atacado por la Prensa y buena parte de la oposición está tratando de preservar al ciudadano de los anzuelos de poderes populistas. Lo vemos en su lucha contra el falso nacionalismo, la burocracia estatal y los gobiernos estatistas, dirigistas e intervencionistas. De muestra no tuvimos solo un botón, desde 1930 en delante y sobre todo desde el gobierno peronista de 1946, se fueron sucediendo varias administraciones que nos hicieron sufrir,  en carne propia,  ese tipo de desgracia.

Los gobiernos opresores aparecen y se fortalecen cuando encuentran  ante sí individuos aislados, de ahí su fuerza. En cambio,  cuando se les estimula la participación pública y el sentimiento de responsabilidad, se fortalecen  las libertades locales. Como bien lo expresó Tocqueville: “La centralización administrativa trabaja a favor del despotismo y destruye la libertad cívica. El pueblo se habitúa a vivir como extranjero, como colono en su propio país diciendo: ese no es asunto mío, que se encargue el Gobierno”

Bajo la centralización estatal los individuos se acostumbran a la obediencia, cada uno se empieza a sentir aislado y débil y se pierde entre la multitud,  la libertad termina por sucumbir ante el autoritarismo o el totalitarismo. Es por ello que Javier Milei se preocupa por la batalla cultural,  sabe que si se deja de transmitir a la gente ideas y sentimientos que la preparen para gozar de la libertad no se podrá cambiar el sistema opresivo anterior, y  tampoco,  forjar un país pacífico para la mayoría. Las ideas liberales que nos dieron el puntapié inicial para construir un país casi de la nada,  iniciando una etapa de gran prosperidad,  son las que el Gobierno intenta inculcar a todos los argentinos; la idea matriz es que se tenga fe en la libertad.

Los gobiernos anteriores,  salvo contadas excepciones,  extendieron sus brazos sobre toda la sociedad, la cubrieron de leyes complicadas y minuciosas a través de las cuales los argentinos no pudieron abrirse camino,  salvo que fueran amigos del poder. Destruyeron y ablandaron voluntades, las sometieron y dirigieron impidiendo la espontaneidad, la creación.  Mucha gente apenas se dio cuenta que ese tipo de tiranía,  blanda y benigna,  se esforzaba por hacer dócil a la población. No hay nada tan irresistible como un poder tiránico que manda en nombre del pueblo.

Atacar el déficit fiscal es una de las acertadas  tareas del Presidente: pretende un orden financiero basado en el derecho,  la equidad y la justicia:   como economista sabe que cuando el Estado fabrica dinero crea un poder de compra que en realidad no existe si no se ha producido la riqueza suficiente.

Solo tendrá éxito si consigue la confianza de la mayoría, objetivo muy importante dado las dificultades por las que atraviesa el país. Creer en el éxito, tener fe en la capacidad de los que gobiernan es indispensable cuando las cosas se tornan difíciles. Todos esperan que el Gobierno sepa extraer las experiencias de la realidad, Javier Milei  desconfía de las concesiones, de la falta de claridad, del desorden,  no es un hombre de ocasión que gobierna para el día. No reniega, como el gobierno anterior de  los legados más importantes que hicieron la grandeza y la fuerza de la Argentina. “La libertad carajo!” significa que debe ser defendida de quienes la  desvalorizan, por eso también se opone al régimen cubano, venezolano, y a todos los que tratan de mancillarla.

El Presidente desea, por estos días,  tener la suficiente autoridad como para lograr que se le apoye y se le brinde la confianza necesaria para poder seguir tomando las medidas que son   inmediata y absolutamente necesarias. Tener el tiempo suficiente para elaborar y realizar un plan completo de reformas, para que  el ahorro,  el crédito,   en condiciones normales,  sean los que aseguren las inversiones necesarias para el progreso y para  interacciones ventajosas con todos los países del mundo. Pese a ciertas demoras no cambiará el rumbo, de ello se puede estar seguro: no se quiere retirar sin poner en orden las finanzas, la moneda y la economía.

Se le critica haber dejado atrás obras públicas, la instalación de industrias, gastos presupuestarios: lo hizo para frenar la inflación,  se postergaron muchos proyectos  que antes se  realizaban vía  emisión. Antes, el  Gobierno desea aumentar la productividad de la economía argentina, demoliendo las estructuras resultantes de un largo periodo de proteccionismo, de incontables concesiones a los intereses sectoriales,  remover todos los bloqueos e interferencias a la economía. Solo una moneda estable y estructuras económicas sanas pueden permitir una mejora sustancial en el nivel de vida así como las correcciones de las desigualdades y las injusticias. El programa está siendo  de difícil aplicación porque toca  intereses sectoriales y particulares, es por eso que  levanta polvareda. Pero, si se quiere una economía estable hay que seguir luchando, tapar la nariz y tragar el único remedio, solo así vendrán tiempos mejores.

La industria está sufriendo este periodo inicial de cambio hacia un modelo de apertura económica. Es cierto, pero  se olvida que  el régimen autárquico anterior  no  tenía en cuenta competir internacionalmente, ni los precios en los mercados internacionales,  dando servicios ineficientes y caros a la gente,  con regulaciones burocráticas paralizantes.  No se puede seguir mirando solo al mercado interno,  debe reconvertirse. No es fácil, quedaran muchas fabricas en el camino,  pero es preciso para que crezca la economía enfrentar la competencia. Por supuesto,   el Gobierno, para orientar a los empresarios va a tratar de vencer los obstáculos  que no le permiten avanzar,   con cambios estructurales que definan el escenario industrial.

Como lo deseó Carlos Menem en su momento,  Milei  aspira a otro periodo de gobierno para seguir con su programa,  con la misma intención: que el progreso del país dependa de la capacidad y la voluntad de trabajo de los argentinos, dándole las bases y la estabilidad necesaria para que ello ocurra. La dirección económica no es la errada,  la iniciativa privada es lo que permitirá crecer al país y la elevación del nivel de vida de la población. El Presidente ambiciona  que los argentinos tengan el derecho de gozar y disponer libremente de su propiedad de acuerdo con su voluntad, sin restricciones, que no solo posean la titularidad del derecho sino también su ejercicio.

No se está tratando de implantar una economía de mercado con competencia perfecta, se están aproximando teniéndola como estrella fija, no  lo están entendiendo muchos del mismo palo: no saben que gobernar es llevar adelante los objetivos sin dejar de atender también los problemas sociales que se producen en el camino. Ya se ven algunos cambios positivos, algunos son inmediatos otros tardaran en verse los resultados, lo importante es que la sociedad lo advierta.

El Gobierno debe estar atento al clima social, se está enrareciendo porque el sacrificio pedido se está haciendo muy largo y,  por otra parte,  por la falta de comprensión a un presidente que solo hace cuatro años comenzó a gobernar un país en bancarrota. Como él dice,  vino a trabajar, a intentar solucionar problemas, por supuesto ellos deben ser sujetos a la crítica y a la corrección de errores. En lo que no va a equivocarse es en el rumbo: una sociedad abierta permitirá cubrir sus necesidades muchísimo mejor que una sociedad planificada. La Historia lo demuestra!

Elena Valero Narváez. Miembro de Número de la Academia Argentina de la Historia. Miembro  del Instituto de Economía  de la Academia de Ciencias. Morales y Políticas. Premio a la Libertad 2013 (Fundación Atlas. Autora de “El Crepúsculo Argentino” (Ed. Lumiere, 2006).


Foto: casarosada.gob.ar

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