Desarrollo
El Presidente Bush ha prodigado más de 70 billones de dólares en ayuda exterior y garantías a gobiernos extranjeros, países y organizaciones internacionales. Comprometió billones en nuevas ayudas en gran medida para lograr la aprobación de una estrella del rock y para recibir aplausos en una cumbre de Naciones Unidas.
Dado que un minúsculo porcentaje de la ayuda saldrá de un nuevo programa creado para estimular a los políticos extranjeros a no robar, Bush habla como si su ayuda estuviera revolucionando el Tercer Mundo. Aún así, a comienzos de su primer mandato, Bush y sus principales ayudantes fueron honestos y sinceros al respecto del fracaso de la ayuda exterior:
- El Secretario del Tesoro, Paul O´Neill, denunciaba al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional por empujar a muchas naciones pobres “a un abismo” con préstamos excesivos que los gobiernos desperdiciaban.
- El 30 de abril del 2002, dando un discurso acerca del conservadurismo compasivo, Bush afirmaba, “El antiguo estilo de desperdiciar enormes cantidades de dinero en ayuda al desarrollo sin preocuparse de los resultados ha fracasado, llevando a menudo a la miseria y la pobreza y la corrupción”.
- Un informe de la Casa Blanca de septiembre del 2002 afirma que la ayuda exterior “ha servido a menudo para impulsar políticas fallidas, aliviando la presión en favor de la reforma y perpetuando la miseria”.
La ayuda exterior fracasa en parte debido a la omnipresente corrupción. Un informe del 2003 de una universidad de Bangladesh estimaba que el 75% de toda la ayuda exterior recibida en ese país se había perdido debido a la corrupción. El economista político Jeffrey Winters, de la Northwestern University, estima que más del 50% de la ayuda del World Bank se pierde en algunos países africanos por la corrupción. El presidente de Nigeria, Olusegun Obasanjo anunciaba en el 2002 que los líderes africanos “han robado al menos 140 billones de dólares a sus pueblos en las décadas desde la independencia”.
Un estudio de la Unión Africana estima las sustracciones a niveles muy superiores, estimando que el precio de la corrupción en África ronda los 150 billones de dólares cada año. Los automóviles ostentosos son tan populares entre los funcionarios gubernamentales africanos que se utiliza una palabra en swahili – wabenzi – para decir “hombres del Mercedes-Benz”. El gurú de la inversión Jim Rogers, que dio la vuelta al mundo recientemente, declaraba,
La mayor parte de la ayuda exterior se va en consultores extranjeros, militares locales, burócratas corruptos, administradores de nuevas ONG y comerciales de Mercedes. Hay concesionarios de Mercedes en lugares donde ni siquiera hay carreteras.
Un estudio de la Brookings Institution observa,
La historia de la asistencia norteamericana está jalonada de historias de funcionarios extranjeros corruptos que utilizan la ayuda para llenarse sus propios bolsillos, apoyar levantamientos militares y buscar proyectos vanidosos. No existe duda de porqué tan pocos estudios muestran la clara correlación entre flujo de ayudas y crecimiento.
Un informe de la Heritage Foundation destacaba, “La mayor parte de los receptores de la asistencia americana al desarrollo son más pobres hoy de lo que lo eran al recibir la ayuda por primera vez”. Los créditos del Banco Mundial y el IMF “impulsaron en la práctica la pobreza a nivel mundial por un total de catorce millones de personas”.
La ayuda exterior alimenta las cleptocracias o gobiernos de ladrones. Un estudio de 1999 de la National Bureau of Economic Research concluía que “los países que reciben más ayuda exterior tienden a tener mayor corrupción”. Un estudio del 2002 del American Economic Review realizado por los mismos autores concluía que “los incrementos en la ayuda se asocian con los incrementos contemporáneos en la corrupción”, y que “la corrupción se relaciona positivamente con los Estados Unidos”.
La ayuda exterior también provoca guerras civiles. Como observaba el economista ganador del Nobel P.T. Bauer,
El gran incremento en los precios del poder político ha sido un factor relevante en la frecuencia e intensidad del conflicto político en el África contemporánea y en el resto del mundo en desarrollo.
Los comentarios de Bush acerca del fracaso de la ayuda exterior fueron de sus maniobras más inteligentes. Puesto que la ayuda exterior es un fracaso estrepitoso, decidió iniciar un nuevo programa de ayuda exterior.
La conversión de Bush a la ayuda exterior
El combustible de la “conversión” de Bush a la ayuda exterior fue la cumbre global de la ONU acerca de la pobreza en Monterrey, México, en marzo del 2002. Bush acordó acudir y hablar en la cumbre tras ser presionado por su colega, el presidente de México Vicente Fox. Dado que los funcionarios de la administración criticaron verbalmente la ayuda exterior, los auxiliares de la Casa Blanca temieron que Bush recibiría una bienvenida hostil.
Pero Bush desarmó inteligentemente a los críticos prometiendo incrementar enormemente el gasto americano en ayuda exterior. Lo arregló para que Bono, la estrella irlandesa del rock, estuviera presente en su anuncio del 14 de marzo del 2002; el Washington Post observaba que la Casa Blanca “se doblegó claramente” al apoyo de Bono y que “Bono miraba con aprobación” mientras Bush prometía cuatro días antes de la conferencia de la ONU incrementar la ayuda exterior en 5 billones de dólares a lo largo de un período de 3 años.
La Casa Blanca estaba frustrada cuando la propuesta de Bush no generó el masivo aplauso internacional. Así que el día antes de salir para México, los funcionarios de la Casa Blanca desvelaron que había habido un error en el anuncio original y que Bush planeaba dar en realidad bajo el nuevo programa más de dos veces el dinero prometido. El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, afirmó que el error era simplemente el resultado de “una confusión” matemática. La Consejero de Seguridad Nacional Condolizza Rice explicaba, “No queríamos aparecer con cifras esencialmente extrañas o falsas”. El New York Times observaba que “los escépticos afirman que la Casa Blanca simplemente sólo añadía billones para asegurarse de que el presidente era un éxito en Monterrey”.
Antes incluso de llegar a Monterrey, Bush dudaba del dinero que llevaba. En una entrevista del 20 de marzo del 2002 con la radio peruana, declaraba, “Llego con esto, lo que llamamos el Fondo de Desafío del Milenio, que son 10 billones de dólares de dinero fresco”. (El nombre fue cambiado posteriormente a Millennium Challenge Account, o MCA).
En aquel momento, Estados Unidos ya era el mayor donante del mundo en ayuda exterior. Pero muchos gobiernos extranjeros sentían rencor porque el gobierno norteamericano no da un porcentaje mayor del PIB. El Banco Mundial y otras organizaciones internacionales estaban apretando las tuercas para duplicar la cantidad de la ayuda exterior para el año 2015. Quizá el Banco Mundial asumió que duplicar la ayuda exterior resolvería por fin, de una vez por todas, que todo el dinero se va en pozos sin fondo.
En su discurso en la conferencia de la ONU, Bush informó religiosamente a los líderes mundiales de que la ayuda exterior podía ser perjudicial: “Derrochar dinero en un status quo fracasado ayuda poco al pobre, y puede en la práctica retrasar el proceso de reforma”. Puesto que el discurso tuvo lugar tras el 11 de Septiembre, Bush invocó el antiterrorismo para justificar el incremento: “Luchamos contra la pobreza porque la esperanza es una respuesta al terror”. Y, en una revelación que alteró instantáneamente los esfuerzos humanitarios en todo el mundo, reveló, “Tenemos que hacer más que sentirse bien por lo que hacemos; debemos hacer el bien”.
Menos de 3 semanas después de reventar los elevados aranceles sobre las importaciones del acero, Bush arengaba al mundo con que “para ser serios en la lucha contra la pobreza, tenemos que ser serios con la expansión comercial… El comercio trae expectativas de libertad”. Retrató como panacea la apertura de los mercados: “Como ejemplo, en un solo año, la African Growth and Opportunity Act ha incrementado las exportaciones africanas a Estados Unidos en más de un 1000 %…” En realidad, el valor de las exportaciones africanas a Estados Unidos se redujo después de implementarse la ley (debido en gran medida a la caída del precio del petróleo).
Bush dijo que la ayuda proporcionada a través del MCA “se dedicará a proyectos en naciones que gobiernan con justicia, invertir en su pueblo y animan la libertad económica”. Garantizó al mundo que “al tomar parte en el mundo de la libertad y el bueno gobierno, liberaremos a millones de la cárcel de la pobreza”. Confiaba en que las nuevas entregas y la nueva retórica le concedían a América y a él nueva posición moral.
Bush fue elogiado por los dignatarios cuyos programas han fallado a los pobres del mundo durante mucho tiempo. El jefe del Programa de Desarrollo de la ONU, Mark Malloch Brown, exclamaba con entusiasmo, “No hay un portavoz de más peso para el incremento de la ayuda que George W. Bush, el líder de la guerra”.
El fraude de la ayuda exterior
La Casa Blanca no se molestó en enviar la legislación al Congreso para establecer el nuevo programa hasta en enero del 2003. Condolizza Rice declaraba orgullosamente en febrero del 2004, “La Millennium Challenge Account está revolucionando el modo en que América proporciona ayuda a los países en desarrollo”. En aquel momento, no había salido ningún dinero de la MCA y el Departamento de Estado ni siquiera se molestó en publicar los estándares por los que los solicitantes del dinero serían juzgados.
El Departamento de estado publicó finalmente el criterio de la ayuda de la MCA el 10 de marzo del 2004. Entre los 16 factores según los cuales los solicitantes serían juzgados se encuentran las libertades políticas, la inflación de precios al consumo, “el grado de regulación”, y “los días para comenzar un negocio”. Los gobiernos también serían juzgados por su “funcionamiento al garantizar los derechos de la gente con minusvalías”.
La MCA se basa en la revelación de que es irracional dar dinero a gobiernos extranjeros que roban, pero la administración Bush evita aplicar engorrosamente la “lección” de la MCA al resto de la ayuda exterior norteamericana. La idea de sobornar a funcionarios exteriores para incrementar la honestidad tiene tanto sentido como dar condones gratis para fomentar la abstinencia. Los Estados Unidos han desperdiciado alegremente más de 500 billones de dólares en ayuda exterior desde 1946, y Washington sigue a los expertos en ayuda exterior a pies juntillas.
Puede que el Departamento de Estado confíe en Transparency International, una organización sin ánimo de lucro que examina los niveles de corrupción de los gobiernos que solicitan la ayuda MCA. Sin embargo, según los baremos de Transparency, el gobierno norteamericano ya ha untado a la mayor parte de los gobiernos corruptos del mundo, incluyendo Nigeria, Bangladesh, Haití, Tajikistán, Paraguay, Indonesia, Kenia, Azerbaiján o Kyrgyzstán. El lanzamiento de la MCA de Bush no hace nada por reducir los efectos de la corrupción sobre los programas de ayuda existentes.
Bush se beneficia de la ayuda exterior americana sin importar cuánto daño causen las entregas al Tercer Mundo. Todo lo que importa es que un político se preocupe de entregar fuera el dinero de los americanos – ganando así los elogios de estrellas del rock, de los medios y los líderes exteriores que tienen las manos en la masa.
Bush predica que los políticos extranjeros tienen que demostrar su valía para recibir bonificaciones de la ayuda exterior americana. Pero no hay requisitos para que los políticos americanos muestren que se han reformado, que demuestren ser válidos para desperdiciar el dinero de otra gente en amigos extranjeros y corredores. Bush habla de corrupción exterior, pero también es corrupción que él coja el dinero de los americanos y lo envíe al extranjero, especialmente sabiendo como sabe que la ayuda financia la corrupción.
Cuanto más alto elogia Bush a la MCA, más se perjudica por el fallo de no poner fin a la ayuda exterior americana tradicional. Puesto que los estudios demuestran que “la corrupción se correlaciona positivamente” con la ayuda norteamericana recibida, el modo más seguro de reducir la corrupción es poner fin a la ayuda exterior americana.
James Bovard es el autor de “The Bush Betrayal“ y “Terrorism & Tyranny: Trampling Freedom, Justice, and Peace to Rid the World of Evil”. Es consejero político de The Future of Freedom Foundation.










