La retirada de Israel del sur del Líbano se promulgó sobre la noción sin fundamento de que Hezbolá – una filial iraní dedicada a la erradicación de Israel y Estados Unidos y el establecimiento de un califato global a través de la jihad – estaba luchando contra Israel solamente porque Israel mantenía su zona de seguridad en el sur del Líbano.
Caroline Glick
La semana pasada nuestras esperanzas crecieron sólo para ser arrastradas por tierra una vez más. El Comandante del Mando Norte, el General Udi Adam, estimuló nuestras esperanzas cuando dimitió de su puesto. Adam, el primero de nuestros incompetentes líderes en abandonar su cargo tras gestionar desastrosamente la guerra contra Hezbolá este verano, nos hizo pensar que quizá otros incompetentes del gobierno y del ejército seguirían su ejemplo.
Nuestras esperanzas también se elevaron la semana pasada cuando el ex General en Jefe del ejército (retirado) Moshe Ya´alón hizo público su llamamiento a que el Primer Ministro Ehud Olmert, el Ministro de Defensa Amir Peretz y su sucesor, el General Dan Halutz, dimitieran o fueran obligados a abandonar el puesto a causa de su mala gestión de la guerra.
Pisando los talones del ataque frontal de Ya´alón se encontraban los antiguos generales jubilados. En una reunión con Halutz la tarde del viernes, los veteranos del ejército le decían que se fuera. Y Halutz no es el único mando que tiene que dimitir.
Durante la reunión, uno de los generales jubilados leyó en voz alta una orden de batalla firmada por el General en Jefe de la División 91 Gal Hirsh, al mando de parte de la operación sobre el terreno en el Líbano. Hirsh ordenaba a sus fuerzas que llevaran a cabo “una infiltración masiva de poca presencia, con poca carga y mínimo despliegue en el control de los territorios, y la creación de contacto letal con las fuerzas atrincheradas, al tiempo que inducen sorpresa y temor”.
¿Entendido? Mientras la incoherente orden provocaba carcajadas en la audiencia, como comentaba uno de los generales al Yediot Aharonot: “Te ríes por no llorar. Suena como un poema, no como una orden de batalla”.
El ejército necesita una limpieza a fondo con claridad. Pero Halutz, al igual que Olmert y Peretz, rehúsa seguir el ejemplo de Adam y dimitir.
AL IGUAL QUE OLMERT y Peretz, Halutz justifica su rechazo a asumir la responsabilidad de su fracaso y dimitir argumentando que dejar que alguien más intente tener éxito allí donde él ha fracasado sería irresponsable. Halutz solucionará los errores de Halutz.
Pero su investigación de la gestión táctica y operativa de la guerra te hace dudar. Las operaciones de la División 91 están siendo revisadas nada menos que por el General Hirsh – que ha solicitado que se extienda su mandato.
De modo que si Halutz no dimite y su investigación no soluciona los problemas, entonces depositamos nuestras esperanzas en la recién designada Comisión Winograd, que recibía mandato gubernamental para investigar la guerra el domingo.
El comité, presidido por un juez jubilado y completado con un profesor de derecho, un politólogo y dos generales jubilados, recibía un amplio mandato para investigar. No solamente le dotaba de poder para investigar la conducta de la guerra y los preparativos que llevaron a la guerra, se le ha ordenado investigar las acciones de gobiernos anteriores y altos mandos anteriores del ejército remontándose a “el período durante el que Hezbolá se hizo fuerte por primera vez a lo largo de la frontera”.
Es decir, el comité investigará cómo gobiernos y mandos sucesivos del ejército afrontaron la amenaza de Hezbolá al tiempo que ésta crecía, desde que el ejército se retirara del Líbano en mayo del 2000.
Las aptitudes profesionales de los miembros del comité para juzgar errores garrafales políticos y militares no están claras. Pero asumiendo que esos miembros sean competentes para cumplir su mandato, ¿cabe esperanza de que este comité de jubilados solucione lo que es necesario solucionar?
Desafortunadamente, sin importar el talento que sus miembros puedan tener, la Comisión Winograd no tiene posibilidad alguna de solucionar lo que no funciona en el ejército ni en el gobierno. Su fracaso está preconcebido por su mandato.
LOS FRACASOS operativos y tácticos de los mandos de infantería, división y regionales en la guerra no salieron de la nada. Se derivan de un error de lectura estratégico básico de la realidad que ha plagado a todos los gobiernos desde 1999 hasta la fecha. El fracaso estratégico no está relacionado con lo que hiciera o no hiciera Israel tras la retirada del Líbano de mayo del 2000.
El error estratégico que se encuentra en la raíz de la última guerra, así como en el origen de la guerra con los palestinos, es la retirada del ejército del propio sur del Líbano y el erróneo pensamiento que la provocó. Al comenzar la investigación de la última guerra en el período que siguió a la retirada, la comisión, cualquiera que sean sus cualificaciones, tiene vetado investigar la fuente de confusión operativa y táctica y la incompetencia que se derivó.
La retirada de Israel del sur del Líbano se promulgó sobre la noción sin fundamento de que Hezbolá – una filial iraní dedicada a la erradicación de Israel y Estados Unidos y el establecimiento de un califato global a través de la jihad – estaba luchando contra Israel solamente porque Israel mantenía su zona de seguridad en el sur del Líbano. En caso de abandonar, Hezbolá olvidaría mágicamente su pensamiento central, aceptaría a Israel, y se convertiría en partido político.
EL EJÉRCITO y todo el estamento de la defensa se opusieron frontalmente a esta iniciativa estratégica y militarmente injustificable. Pero la noción de optar por la rendición como doctrina de seguridad nacional, extendida alrededor de 1996 por políticos israelíes financiados por la Unión Europea como Yossi Beilín y organizaciones no gubernamentales financiadas por la UE como Four Mothers, motivaron la imaginación y recibieron respaldo sin condiciones por parte de los medios de la extrema izquierda, en particular los financiados públicamente, como Israel Radio y TV.
Y así fue como Ehud Barak, que hasta la llegada al poder de Ehud Olmert no tenía competición para el título de “El Peor Primer Ministro de la Historia de Israel”, marcó su principal “victoria” en el cargo de primer ministro llevando a cabo la estratégicamente indefendible retirada. Al hacerlo, entregó al movimiento de la jihad global su primera victoria estratégica contra “los infieles” desde la retirada soviética de Afganistán.
Hezbolá, un grupo chi´í a las órdenes iraníes en aguas libanesas, se convertía, de la noche a la mañana, en símbolo de la fortaleza islámica. Logró la distinción de ser el primer ejército árabe en derrotar a los judíos.
LOS PALESTINOS no hicieron ninguna tentativa de esconder el hecho de que fue la victoria de Hezbolá sobre Israel lo que les inspiró a iniciar su jihad contra Israel cuatro meses más tarde, en septiembre del 2000. La victoria de Hezbolá les convencía de que los judíos saldrían corriendo si les atacabas. El Terror era el modo destruir a la entidad sionista, no las negociaciones.
En cuanto a Israel, ni los medios, directamente responsables de presionar a Barak para que ordenase la retirada, ni los gobiernos Barak o Sharon, tuvieron interés en cuestionar el sentido común de la retirada del Líbano.
Y así, en lugar de disparar las alarmas mientras Hezbolá se armaba a la luz del día con miles de cohetes y misiles, el gobierno y los medios atontaban al público hasta la complacencia. Cualquier general, político o comentarista que se atreviera a señalar que desde la retirada, Hezbolá se había transformado de molestia táctica en amenaza estratégica era despreciado como un belicista.
Y basándose en el presunto éxito de la retirada del Líbano, el gobierno Sharon-Olmert-Livni convenció al público del que el modelo tenía que implementarse en Gaza y también en el norte de Samaria.
Olmert insistió en que la Comisión Winograd investigase la gestión de la amenaza de Hezbolá desde la retirada porque Halutz, Peretz y él quieren distribuir la culpa tan ampliamente como sea posible. En línea con estos esfuerzos, los tres líderes fracasados culpan de la guerra a Ya´alón y al anterior ministro de defensa Shaul Mofaz preguntando el motivo por el que no se hizo nada para plantar cara a la creciente amenaza de Hezbolá durante los años en que ellos encabezaron el ejército bajo Ariel Sharon.
PERO AQUÍ entramos en materia. En el preciso momento en que Israel salió del Líbano, el precio político – tanto nacional como internacionalmente – de plantar cara a la creciente amenaza de Hezbolá se disparó. Tras ser agasajado por lo brillantemente que había permitido a Hezbolá construir fortificaciones adyacentes a Metula o Kiryat Shmona, ¿cómo podría haber tomado acción alguna el gobierno contra unos cuantos ridículos misiles? Particularmente a la luz del pacifismo pro-europeo de los medios, el coste en reputación de atacar a Hezbolá era demasiado a pagar para un político.
Al propagar sus propios espejismos, Israel se había dispuesto en una posición en la que no podía tomar ninguna acción preventiva contra la fuerza a distancia de Irán a sus puertas.
Pero, argumentará uno, la capacidad de Inteligencia de Israel es tal que el ejército no necesitará mantener su presencia en el Líbano para contener a Hezbolá. Nuestros espías en la Mossad o la Inteligencia militar o el Shin Bet podrían haber solucionado la amenaza de los misiles a través de “infiltración masiva con poca presencia”, por citar al poeta.
Pero argumentar esto es ignorar uno de los efectos colaterales de la retirada del Líbano por parte de Israel. Cuando el ejército se retiró, abandonó a los mejores aliados que Israel ha tenido nunca – los soldados y oficiales del Ejército del Sur del Líbano, que lucharon hombro con hombro con el ejército durante casi 18 años. Tras esta tradición, no se necesita ser un genio para comprender el tipo de dificultades que experimenta Israel a la hora de encontrar espías.
Está claro, pues, que nuestros incompetentes e irresponsables líderes nos han colocado en una situación en la que no se toma ninguna acción práctica para solucionar lo que no funciona. Es igualmente obvio que quieren atontarnos de nuevo con la complacencia investigando todo, excepto la causa de todo. Pretenden cautivar nuestra atención con jugosas historias acerca de errores de cálculo de diversos generales el tercer o el decimotercer día de guerra, y engañarnos haciéndonos creer que se hace algo.
Pero el único modo de que se haga algo es que la presente directiva sea reemplazada. La única comisión de investigación que será capaz de limpiar la basura son las elecciones generales.
El único modo en que podemos remediar nuestros fallos operativos y tácticos es teniendo líderes que puedan entender nuestros errores estratégicos y sean lo suficientemente valientes para solucionarlos.
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CAROLINE GLICK es periodista por la Universidad de Columbia y editor jefe en funciones de The Jerusalem Post.
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