Europa, Política

La genial fragilidad de Suárez

Suárez permitió una auténtica libertad de prensa. Esa fue una de sus más relevantes aportaciones. Pienso que en este punto hemos retrocedido. Suárez es el hombre que hace posible la convivencia hispánica después de una larga dictadura y una guerra civil.

En estas horas de inciensos farisaicos sobre la figura de Adolfo Suárez, me interesa señalar una visión que no veo aparecer por ninguna parte en esta tarde que desde el Rey abajo todo el mundo habla de la marcha del que fue el presidente del gobierno.

Visto desde la distancia lo que más valoro de Suárez es su fragilidad, su falta de bagaje cultural, su lucha solitaria, sus limitaciones y su nula experiencia democrática. Manuel Fraga o José Maria Areilza, que tanto se habían preparado para suceder a Arias Navarro, no habrían sido capaces de lanzarse a poner patas arriba el régimen franquista.

Suárez era consciente de sus limitaciones. Y quizás por eso llegó hacer posible a que La Pasionaria y Manuel Fraga se sentaran en el mismo Congreso de los Diputados. La libertad no tiene líneas trazadas. Discurre por las veredas más inesperadas.

El Rey optó por Suárez porque pensó, posiblemente, que harían un tándem adecuado para democratizar el país. Y lo hizo muy bien. Fue elegido dos veces presidente del gobierno y dimitió de forma misteriosa. Un día se sabrá toda la verdad a pesar de los muchos trabajos que se han hecho hasta hoy.

Suárez permitió una auténtica libertad de prensa. Esa fue una de sus más relevantes aportaciones. Pienso que en este punto hemos retrocedido. Suárez es el hombre que hace posible la convivencia hispánica después de una larga dictadura y una guerra civil.

Habla a los ciudadanos, les promete que la libertad es posible, intenta la transparencia. Es interesante señalar que la corrupción era mínima en aquellos años. Todavía no se habían instalado los intereses ajenos en la política.

Me uno a los elogios a su persona. Pero no era un superhombre sino simplemente un personaje intuitivo, listo, superfluo que tenía el mandato de empezar la transición que ha durado hasta hoy. Un franquista que acabó con el franquismo. Un genio político que no se hizo en la Universidad sino en la vida, en los pasillos del poder, en abrazos generosos a diestro y siniestro, en ceder y negociar, en tener un objetivo que no era otro que cerrar las profundas heridas de la guerra civil y la dictadura.


 

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