Política

La guerra de Irak y la Europa “débil”

El unilateralismo norteamericano representa una supuesta amenaza para mucho líderes europeos. Lo que Europa olvida es que EEUU fue la clave para la solución del problema alemán y que la evolución europea ocurrió bajo el manto de seguridad garantizado por EEUU.


La Segunda Guerra Mundial, puntualiza el experto Robert Kagan, destruyó a las naciones europeas como potencias globales, pero su debilidad fue enmascarada por su situación geopolítica durante la Guerra Fría. Tras el colapso de la Unión Soviética, tomó algunos años comprobar la nueva realidad. Durante los 90, especialmente en la guerra de los Balcanes, se hizo evidente que la Unión Europea no era una superpotencia militar comparable con EEUU. La consecuencia de este “momento unipolar” era “natural y previsible”. Tornó a EEUU “más dispuesto a usar la fuerza en el exterior”. Lo ilustran la invasión a Panamá (1989) y la primera Guerra del Golfo (1991), durante la gestión de Bush padre, así como las intervenciones de Clinton en Haití, Bosnia y Kosovo.

La diferencia de poder creó desacuerdos paralelos en las cuestiones estratégicas. Al contrario de EEUU, la “debilidad militar” europea generó “una aversión perfectamente comprensible por el ejercicio del poder militar” y, más aún, un “interés en habitar un mundo donde la fuerza no importe, donde predominen las leyes e instituciones internacionales”. Europa recurre a ideales para objetar el unilateralismo norteamericano, pero está menos dispuesta a reconocer que lo hace también por “egoísmo”: “Sus tácticas, como su objetivo, son las tácticas del débil”. Los europeos “quieren controlar a la bestia apelando a su conciencia”. A juicio de Kagan, es una buena estrategia, pues EEUU “es una bestia con conciencia”, una sociedad progresista que, cuando cree en el poder, lo hace como medio de avanzar hacia “un orden mundial liberal”. La relativa debilidad de Europa la hizo también más tolerante hacia las amenazas internacionales, que sufre en menor medida que el poderoso EEUU y sobre las que poco puede hacer.

Pero la división transatlántica no descansa sólo en una diferencia de poder. Europa ha desarrollado una ideología “genuina” basada en su experiencia única del último medio siglo, muy diferente a su historia de desenfrenada política de poder que culminó en la Segunda Guerra Mundial. “El león alemán se ha acostado con el cordero francés”, subraya Kagan, y este “milagro” histórico se ha logrado con “diplomacia, negociaciones, paciencia, el establecimiento de lazos comerciales, compromiso político, el uso de incentivos en lugar de sanciones, dar pequeños pasos y moderar ambiciones”. Las mismas herramientas fueron exitosas para la integración del continente y Europa quiere aplicarlas ahora a escala global, incluso con estados como Irak, Irán y Corea del Norte.

El unilateralismo norteamericano representa una amenaza a este nuevo “sentido de misión” europeo. Lo que Europa olvida, según Kagan, es que EEUU fue “la clave para la solución del problema alemán” y que la evolución europea ocurrió “bajo el manto de seguridad garantizado por EEUU”. Éste ha hecho posible la entrada de Europa al paraíso kantiano, pero él mismo no puede entrar al paraíso. Su conclusión es que la creciente división entre EEUU y Europa no es un problema de la administración Bush. Es un problema “sistémico”e “incurable”. El futuro parece depararnos “una creciente tensión transatlántica”.

Fuente: Cambio Cultural

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