América, Política

La guerra de los mundos llega a Seattle

“Desde finales de los años 90, la afirmación de que el 80% de las principales mezquitas sunníes norteamericanas se encuentran bajo el control del culto wahabí saudí ha suscitado controversia entre los musulmanes norteamericanos”.

 

 

 

El 22 de julio, el día después de la Fase 2 de los atentados terroristas de Londres, la dominación del islam norteamericano por la conspiración wahabí de financiación saudí quedó plasmada en el arresto de un sujeto saudí, Abdaláh Alnoshan, de 44 años de edad, empleado de la infame Liga Musulmana Mundial (MWL). Alnoshan fue detenido en su residencia de Alexandría, Virginia, por agentes de la rama de Inmigración y Aduanas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS).

 

El Washington Post informaba de que la MWL, el brazo oficial de la monarquía saudí a cargo de la labor de caridad para el impulso del wahabismo global, continuaba bajo investigación de los funcionarios de Hacienda y otros funcionarios federales. El MWL, que fue crucial para la organización al-Qaida, debía haber sido clausurado por las autoridades norteamericanas hace tiempo. No hace falta mencionar que el propio régimen saudí continúa posponiendo deliberadamente la expulsión de fundamentalistas jihadistas de sus instituciones estatales. Los clérigos estatales saudíes utilizan cada reunión del sermón del viernes para reclutar con destino al crimen en masa en Irak.

 

Aún con todo, también ha comenzado a hacer su aparición en territorio saudí un movimiento en favor de la reforma social liberal. Mientras tanto, paradójicamente, el islam norteamericano, incluso en los atónitos días posteriores a las atrocidades de Londres, de haber hecho algo, se ha endurecido en su devoción al separatismo wahabí. En el recuento final, Estados Unidos tiene hoy solamente una comunidad musulmana en la que el pluralismo en la directiva y la teología está ausente. Esto no es una exageración ni una broma. Cada una de las restantes comunidades musulmanas del mundo se divide entre jihadistas y antijihadistas. Los apólogos de la agresión ideológico-religiosa — el islamofascismo — sólo disfrutan hoy de predominio en el islam norteamericano.

 

Un ejemplo de las miserables condiciones de censura, intimidación y conformismo bajo las que "la mayoría silenciosa sunní" musulmana norteamericana tiene que rezar o seguir su religión en otra faceta llegó de Seattle el día después de la redada del MWL al otro lado del país, y dos días después de la segunda ronda de explosiones en Londres.

 

Un microcosmos de la Guerra wahabí de los Mundos era contemplado en Esmerald City el 23 de julio, cuando uno de los destacados clérigos chi´ies iraquíes de América, Sayed Mustafá al-Qazwini, imán del Centro Islámico Educativo de Orange County, California, se detuvo para la oración de la tarde en la mezquita de Idriss, ubicada en la 1420 NE, autopista norte a la altura de Seattle. Idris en árabe es el nombre de un Profeta, pero considerando el comportamiento que tuvo recientemente lugar allí, hubiera sido mejor llamarla Iblis o mezquita del diablo. En el momento en el que Sayed Mustafá al-Qazwini apareció en el lugar santo para rezar sobre suelo americano, fue insultado groseramente y le fue ordenado salir por dos gamberros wahabíes, identificados como un argelino y un egipcio, que le llamaban "infiel" ¡porque es un musulmán chi´í!

 

Conozco a Sayed Mustafá al-Qazwini bastante bien y le he defendido en el pasado. Es un hombre cultivado de moderación religiosa, pero también es un hombre de mentalidad independiente y ha sido crítico con la situación en Irak y otros temas sensibles. Ha participado en reuniones de grupos islamistas radicales. Pero no es la marioneta de nadie. No es el chivato del Presidente Bush o un perverso sionista. Es un clérigo chi´í sincero y formado. Por encima de todo, no predica el separatismo o la violencia en los ambientes musulmanes de América; apoya el argumento del marja iraquí chi´í, o autoridad clerical, Alí Sistaní, que escribe que un musulmán residente en Occidente debe dar fe de, y respetar, vivir en paz con los gobernantes y vecinos no musulmanes.

 

A Sayed Mustafá al-Qazwini le fue ordenado abandonar una mezquita de Seattle por un hombre cuyo comportamiento era el de un asaltante potencial. Según uno de los muchos testigos, que escribió un relato del incidente y lo difundió por e-mail, pero cuyo nombre no puede desvelarse,

 

"cuando todo el mundo terminó sus… oraciones, una pareja de asistentes a la mezquita (uno afirmando ser del comité de gestión) se aproximó [a al-Qazwini] e inició una disputa en árabe… La gente que se acercaba a Sayed Mustafá decía que la unidad [islámica] no es posible, y que los musulmanes de cada variante deben luchar por la suya. Sayed les preguntó, ´¿quiénes son la gente de dentro a la que los musulmanes deben combatir?´ Le dijeron, "los chi´íes, porque son kafir [infieles]….´ La persona que afirmaba estar en el comité de programa… le dejó claro a Sayed Mustafá que no era bienvenido en la mezquita [de Idriss]. Sayed explicó que leyó una señal a la entrada de la mezquita que decía que éste era el lugar de Alá y de rezo".

 

El acoso dirigido contra Sayed Mustafá al-Qazwini representa una ironía, en el sentido de que el 28 de julio, el presunto Consejo Fiqh de Norteamérica, una sección del lobby wahabí a cargo de la doctrina legal islámica, decretó una fatwa ampliamente difundida contra el terror. El propósito aparente de la fatwa era tranquilizar a los americanos no musulmanes con la naturaleza pacífica del islam. El objetivo real era desviar la atención — para proporcionar una tapadera al lobby wahabí mientras continúa acomodando la ideología que promueve el fundamentalismo por toda la comunidad sunní. De los 18 firmantes originales de la fatwa, solamente uno era un chi´í simbólico — Hassan al-Qazwini, hermano de Mustafá. Hassan al-Qazwini se hizo conocido al comienzo de la guerra de Irak cuando fue fotografiado con el Presidente George W. Bush. Así que mientras el nombre de Hassan al-Qazwini es manipulado por el lobby wahabí para encubrir su hipocresía, su hermano es objeto de calumnia en una mezquita wahabí.

 

Tales incidentes son completamente frecuentes. Yo mismo me vi forzado, en compañía de varios compañeros musulmanes de nacimiento, a abandonar una mezquita de control wahabí en Long Island en el 2003. Agha Shaukat Jafri, el principal líder de la comunidad musulmana chi´í de Nueva York, comentaba esta semana,

 

"la discriminación y los insultos personales por parte de wahabíes contra los chi´íes son continuos en América. A comienzos de este año, en Louisville, Ky., un chi´í de Pakistán, Kashif Haider, que había sido activo en la mezquita sunní local, fue objeto de una resolución por parte de la junta de la mezquita declarando que ningún chi´í podría ser elegido nunca administrador. Durante algún tiempo, nuestra comunidad y los abogados que la apoyan han intentado la denuncia de la presente discriminación, en nombre de los chi´íes condenados, contra el hostigamiento y las amenazas procedentes de los clérigos wahabíes en los sistemas de prisión federal y local norteamericanos. A finales del año pasado, uno de los denunciantes chi´íes fue apuñalado en una presión de Nueva York. El discurso de odio empleado contra los estudiantes chi´íes en la Universidad de Rutgers se ha convertido en causa de protesta también. Puede que el lobby wahabí de América condene el terrorismo en abstracto, pero nunca aceptarán a los chi´íes como musulmanes y nunca denunciarán la violencia contra nuestro pueblo en Irak. Lo ocurrido a Sayed Mustafá en Seattle es parte de una lucha global".

 

Desde finales de los años 90, la afirmación de que el 80% de las principales mezquitas sunníes norteamericanas se encuentran bajo el control del culto wahabí saudí ha suscitado controversia entre los musulmanes norteamericanos. La secta de financiación saudí, que es más una ideología de poder que una manifestación religiosa, inspira a al-Qaida y justifica atacar a los musulmanes no wahabíes en países como Irak, Marruecos, Turquía, o Indonesia, así como en Occidente.

 

Los defensores del fundamentalismo, así como aquellos de los grupos comunitarios islámicos norteamericanos intimidados por el "lobby wahabí", niegan la amplitud del problema wahabí en el islam norteamericano. Pero los líderes chi´íes, sufíes y otros líderes musulmanes insisten en que la cifra del 80% es exacta. Permítame remitir al lector a este respecto a los comentarios de un disidente musulmán egipcio, Shaykh Ahmed Subhy Mansour, que es mi cofundador en el Centro para el Pluralismo Islámico (CIP), en Washington, D.C.

 

Esto no significa que el 80% de los musulmanes norteamericanos sea wahabí. Sí que significa que el dinero saudí y paquistaní ha financiado una red de clérigos fundamentalistas que ocupan los puestos superiores de la directiva de la comunidad en el islam norteamericano. Los clérigos de la MWL, los clérigos americanos y otros clérigos musulmanes que han financiado para que viajaran y se formaran en el reino saudí wahabí ostentan la responsabilidad del baño de sangre en Nueva York, Londres, Madrid, Sharm al-Sheikh, Casablanca, Estambul, Beslán, Bali, las ciudades y enclaves santos de Irak, y en la propia Arabia Saudí, a igual nivel que los autores materiales reales de los actos terroristas. Han financiado e incitado abiertamente la wahabización mundial del islam sunní durante un cuarto de siglo.

 

En un momento crucial no hace mucho, Sayed Mustafá al-Qazwini apoyó la acción de liderazgo norteamericano para liberar Irak de Saddam. Hoy sus compañeros musulmanes y sus vecinos no musulmanes de América tienen que permitir que los musulmanes pluralistas como él sean escuchados, incluso si algunas de sus opiniones necesitan ser precisadas u opuestas. Al wahabismo en América no debe permitírsele ensuciar la Primera Enmienda utilizándola como una pantalla para esconder la interferencia saudí en nuestra vida espiritual y religiosa nacional. Debe investigarse el estatus de propiedad, la financiación, y las afiliaciones exteriores de las mezquitas que expulsen a clérigos musulmanes por su falta de ortodoxia, y que enseñan de otro modo doctrinas fundamentalistas llenas de odio. Las directamente controladas por Arabia Saudí o por cualquier otro fundamentalista exterior deben reorganizarse como zonas libres del terror, entidades autónomas que sean aptas paralelos estándares religiosos de América — o ser clausuradas.

 

Stephen Schwartz (EE.UU., 1948) es periodista y escritor, conocido por sus escritos sobre política exterior. A pesar de haber adoptado el nombre de Suleyman Ahmad Schwartz cuando se conrivtió al Islam, continúa utilizando su nombre original en su labor periodística. Es columnista regular de la revista The Weekly Standard y colaborador en varios otros medios de comunicación. Ha escrito varios libros sobre asuntos internacionales entre los que se destaca "Las dos caras del Islam: la familia real saudí de la tradición al terror", que condena la influencia del Wahhabismo y defiende la corriente musulmana Sufi.

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