Europa, Política

La izquierda social-liberal de Valls encrespa al socialismo tradicional

En Francia, el Partido Socialista intenta reinventarse, mientras el presidente François Hollande y el primer ministro Manuel Valls impulsan un plan de reformas para reanimar una economía estancada.


 Ambos cambios tropiezan con resistencias: el PS es el último partido socialista de un país importante europeo que tiene pendiente su renovación, y las reformas económicas han sido hasta el momento muy limitadas frente a lo que han hecho otros países durante la crisis.

La situación política francesa obliga a la izquierda a renovarse o morir. Desde su elección en 2012, la popularidad de Hollande ha caído hasta un mínimo del 13%. Al mismo tiempo, los socialistas han perdido las elecciones frente a la derecha y el Frente Nacional en las municipales (marzo pasado), en la europeas (mayo) y el Senado (septiembre). Ante esta evolución, Manuel Valls, en su primer discurso ante el consejo nacional del PS, el 14 de junio, afirmaba: “Sentimos que hemos llegado quizá al final de un ciclo histórico para nuestro partido”, y reconocía que “la izquierda no ha sido nunca tan débil” como ahora en la historia de la V República. “Sí, la izquierda puede morir”, advertía, si no se renueva.
 
El pragmático Valls


El panorama económico no es más animante. Con un desempleo que se resiste a bajar del 10%, una economía estancada y un déficit público del 4,4% que preocupa a Bruselas, el gobierno se ha decidido por un plan de liberalización económica. Se trata de ofrecer estímulos a las empresas, aunque esto suponga romper con planteamientos ideológicos de “una izquierda anticuada”, como la califica Valls. Los objetivos son, por encima de todo, mejorar la competitividad y el empleo.
 
“La izquierda que elige soluciones de ayer para resolver problemas de hoy se equivoca de combate” (Valls)
Valls, que nunca ha ocupado puestos relevantes en el
partido, no tiene reparo en proclamar su inclinación por una izquierda “pragmática, reformista y republicana”. Se resiste incluso a llamarla “socialista”, y declara que no tendría inconveniente en cambiar el nombre del partido.
A su juicio, hay que superar los tabúes ideológicos, que han llevado a la izquierda a muchos fracasos por no adaptarse a los nuevos tiempos. “La izquierda que elige soluciones de ayer para resolver problemas de hoy se equivoca de combate”, asegura.
 

Un plan de liberalización


Un discurso que solivianta a los socialistas clásicos, pero que cae bien en los medios empresariales. El plan elaborado por el nuevo ministro de Economía, Emmanuel Macron, de 36 años, exbanquero, se presenta como un medio para eliminar las rigideces del sistema y favorecer la competitividad, de modo que se estimule el crecimiento.
 
El plan llamado Pacto de Responsabilidad implica recortes de 50.000 millones de euros en los próximos tres años. Habrá recortes en gastos sociales, en la Administración del Estado y en las colectividades locales. Bajarán las tasas de las profesiones reglamentadas (notarios, médicos, farmacéuticos…) y se simplificará la legislación para la construcción de viviendas, para crear nuevos negocios y para abrir comercios en domingo. Se venderán activos del Estado por un valor de entre 5.000 y 12.000 millones.
 
El plan del gobierno de Valls no prevé ni rebajas salariales, ni cambios en el seguro de desempleo, ni aumento de la edad de jubilación
Con estos ajustes, se harán posibles una rebaja para las empresas de 41.000 millones de euros en impuestos y cotizaciones sociales entre 2014 y 2017, y una rebaja fiscal para nueve millones de familias.
 
Aunque el plan de liberalización podría haber sido avalado por la derecha, hay que tener en cuenta que no prevé medidas que han sido la píldora amarga de las reformas en otros países: ni rebajas salariales, ni cambios en el seguro de desempleo, ni aumento de la edad de jubilación, que en Francia sigue siendo a la temprana edad de 60 años (cuando se ha cotizado durante 40).
 
Con estos parámetros, Francia seguirá teniendo un déficit público del 4,3% en 2015, cuando la Comisión Europea le exigía un 3%. El gobierno francés ha dicho que no hará más recortes, porque piensa que un exceso de austeridad puede frenar el crecimiento. Pero la realidad es que el exceso de gasto público hasta ahora permitido tampoco lo ha impulsado.
 
Conflicto interno en el partido


El plan, plasmado ya en un recorte de 21.000 millones en los presupuestos recién aprobados para 2015, no es realmente tan audaz. Pero ha originado un conflicto interno en el partido, entre el ala socialista clásica y la social-liberal que ahora representan Hollande y Valls. La expresión más llamativa fue que 36 diputados rebeldes se abstuvieron en la votación del proyecto de presupuestos de 2015, achacando al gobierno “falta de diálogo” para introducir enmiendas. Pero Valls, que ya prescindió de un anterior ministro de Economía por resistirse a sus ideas, no parece dispuesto a aceptar componendas.
Dentro del PS, los críticos con la política económica del gobierno han encontrado un punto de referencia en la exministra Martine Aubry, primera secretaria del partido hasta 2012, y que disputó a Hollande la candidatura para el Elíseo en 2011. Aunque ahora no es parlamentaria, Aubry ha dado un paso al frente declarando que comparte las propuestas de los críticos y que “hay que acabar con las viejas recetas liberales”.
 
“En Francia, tanto la izquierda como la derecha han pensado siempre que más valen parados bien pagados que trabajadores mal pagados. En Alemania, han hecho la elección contraria” (Attali)
 
Estos diputados socialistas rebeldes decían en un llamamiento en la universidad de verano del PS: “La vocación de la izquierda es llevar la esperanza, no arriesgarse a una renuncia continua, o excusarse sin cesar por lo que somos. Al apartarnos de nuestros compromisos, los socialistas nos dividimos. Al olvidarlos, nos perdemos. Los aplausos del Medef (la patronal) no será nunca el criterio de nuestro éxito”.
En el otro lado, Manuel Valls no tenía ningún empacho en decir el 27 de agosto: “Me gusta la empresa”, ante un auditorio de centenares de empresarios, que le despidieron con una salva de aplausos.
 
De izquierdas, pero no socialistas


¿La política de Hollande y de Valls es todavía de izquierdas?, planteaba Le Monde (17-09-2014) a dos economistas, exponentes de las distintas sensibilidades del PS: Jacques Attali, más próximo al giro liberal de los socialistas en el poder, y Bernard Maris, representante de una izquierda social keynesiana. Para Maris, el proyecto de Valls y de Hollande acepta que el capitalismo es insuperable. El pragmatismo, el realismo, el social-liberalismo que se imponen hoy, “no dejan lugar al sueño socialista que consistía en prolongar la gran revolución de los derechos del hombre y de la libertad por una dimensión social”. Lo que le preocupa a Valls es “el combate que Francia debe plantearse en este mundo de competición económica permanente, para encontrar su sitio en el concierto de las naciones”.
Pero, ¿no es este el modo de luchar contra el paro, objetivo al que Hollande ha supeditado el éxito o fracaso de su gestión? En este aspecto, dice Attali, la izquierda y la derecha no se diferencian mucho. “En Francia, tanto la izquierda como la derecha han pensado siempre, sin decirlo, que más valen parados bien pagados que trabajadores mal pagados. En Alemania, tanto la izquierda como la derecha han hecho la elección contraria”.
 
Para Attali, habría que reformar la formación permanente, y dar prioridad a la educación y a la formación profesional. Maris, en cambio, piensa que hay que cambiar los contratos laborales, ya que el 80% de los contratos de hoy son temporales. En Francia, como en España, la gran diferencia de hoy está entre los trabajadores con contrato indefinido y los de contrato temporal, siempre en la cuerda floja.
 
Cada ala socialista acusa a la otra de “anticuada” y de contribuir al ascenso del Frente Nacional, que por el momento es la fuerza política que avanza. En todo caso, el PS deberá demostrar que aún es competitivo en la política nacional.

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