La Pta. Argentina para aumentar la recaudación del estado, confisca más del 40% de las ganancias que obtiene un productor agropecuario, a este saqueo que sufre un grupo de gente en beneficios de otros se le llama: “derechos de exportación”.
Ana Ciuti
El pacto social que utilizó Cristina Fernández en su campaña a presidenta y trae hoy nuevamente a colación, puede pensarse basado en una lógica utilitarista de encontrar la mayor felicidad para el mayor número pero ¿a costa de qué? O ¿a costa de quienes? En nombre de “la mayor felicidad para el mayor número” parece que la Presidenta Argentina tomó la decisión de aumentar la recaudación del estado y confiscar más del 40% de las ganancias que obtiene un productor agropecuario. Eso sí, el nombre que se le puso a este saqueo que sufre un grupo de gente en beneficios de otros es: “derechos de exportación”. ¿No debería preguntarse por el derecho que ella vulnera, atropella y pisotea al tomar la firme decisión de quedarse con algo que no le pertenece y es ajeno, es dinero que alguien se gana en base al esfuerzo diario de trabajar e invertir en un país tan inestable como Argentina?
“Convoco a todos, aún a los que agravian e insultan: dejen las rutas para que se despejen y los argentinos puedan acceder a los alimentos; las fábricas, a los insumos; los comercios, a las mercaderías.”
Argentina sigue sin aprender la lección y va otra vez por el camino equivocado del intervencionismo. El gobierno “convoca a todos” para que los argentinos puedan acceder a los alimentos… pero lo que los argentinos quieren es poder acceder a sus ganancias, o poder disponer libremente de la riqueza que obtienen fruto del esfuerzo de invertir en la economía del país. Para acceder a los alimentos, primero hay que disponer de dinero y si el gobierno sigue aumentando las retenciones, cada vez habrá menos, pero también menos alimentos.
La situación es grave, ¿cómo hace hoy Argentina para salir adelante? A esta altura ya es conocida la fórmula que utilizan las economías más prósperas del mundo, la receta del éxito no es secreta como la de Coca Cola. La principal fuerza que mueve la economía de un país está integrada por los empresarios. Si ir en contra de la clase empresarial es algo delicado, cuya consecuencia principal e inmediata será frenar el crecimiento, en el caso argentino es mucho peor cuando estas medidas se toman en contra del empresariado agropecuario, principal grupo económico que aporta dinamismo a la economía del país (históricamente se sabe que el campo es la fuente de riqueza por excelencia, no por nada se llamó a Argentina alguna vez granero del mundo).
Empresario… qué palabra controversial. La izquierda trata de relacionar y etiquetar directamente este término con el de oligarca, rico y terrateniente. Pero un empresario no es un explotador que se abusa de los pobres y los obliga a trabajar, un empresario es toda persona capaz de descubrir una oportunidad de negocio y decidido a invertir su dinero en una determinada actividad, en lugar de guardarlo. No hace falta ser millonario para ser empresario, esto hay que repetirlo: sólo hace falta ser capaz de descubrir una oportunidad de negocio, vender la idea para que otro la desarrolle, o invertir recursos propios para sacarla adelante. La decisión es siempre un riesgo, si es correcta entonces este aportará al país con su riqueza, dará trabajo a la gente que necesita para que su emprendimiento salga adelante, no va a explotar a un trabajador sino que va a pagarle un sueldo sin indicarle que es lo que tiene que hacer con esa plata.
Si hablásemos de un país democrático, con una economía de libre mercado e instituciones fuertes, léase un país desarrollado, de ese sueldo que el empresario le pagaría a un trabajador, lo normal sería que una ínfima porción se destinara a pagar impuestos, otra a gastos de consumo y quedarse con algo, que conformaría el ahorro. Si esa porción del sueldo que se sacrifica al consumo y se guarda llega a ser considerable, puede invertirse y alguien que era un empleado se convierte en empresario. Pero en Argentina, el sueldo de un empleado en su mayor parte se va en impuestos, la alta inflación baja el poder adquisitivo a niveles escandalosos y si por suerte ya no tiene para ahorrar, puede evitar que el estado decrete un corralito y se quede con sus ahorros.
Argentina debería ser un país rico, por la cantidad de divisas que correspondería que estén ingresando en una economía cuyos productos primarios tienen un precio internacional más que favorable. La decisión del gobierno desalienta toda actividad empresarial y deja al país en una situación de desabastecimiento. Esta medida no parece suficiente, ahora también se prohíbe nuevamente la exportación de carne.
Según el utilitarismo, el orden social lo decide el déspota social que actúa científicamente en nombre de la mayor felicidad del mayor número, “en nombre del pueblo argentino” mediante la confiscación a través de las retenciones, el gobierno se queda con ganancias de otros para redistribuir entre todos, quita libertad, valor fundamental en una economía de mercado, a cambio de seguridad e igualdad, típico de un estado socialista intervencionista.
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