Política

La particular gira de Gordon Brown

La idea de Brown no es destruir aquello que funciona, sino corregir el funcionamiento del sistema. Quitar los elementos tóxicos (como gusta llamarse ahora) y empujar al mercado hacia una nueva generación de gestores y emprendedores. Aquello que algún clásico ha denominado destrucción creativa.

Comentario
Gordon Brown hará una gira por Europa, EEUU, Chile y Brasil, intentando crear conciencia sobre la necesidad de refundar el sistema financiero internacional. De crear algo nuevo, distinto de lo que produjo la debacle que ahora todos lamentamos.

La actitud de Brown tiene el valor de haber reconocido, él mismo, haber sido responsable -en la parte que le toca- de todo este descalabro. Y de entender esta responsabilidad como un desafío para cambiar el estado de situación. Y todos saben que la solución a los problemas comienza con una autocrítica. Brown la hizo.

Segundo: la idea de Brown no es destruir todo lo que funciona, sino corregir aquello que entorpece el funcionamiento del sistema. Despejar de elementos tóxicos (como gusta llamarse ahora) el desempeño del mercado y empujarlo hacia una nueva generación de gestores y emprendedores. Aquello que algún clásico ha denominado destrucción creativa.

Pues bien, Brown sale de viaje. Y es normal que recorra Europa y Estados Unidos, que constituyen el epicentro, junto con Japón, de la estructura del capitalismo mundial. Pero también se dirige hacia América Latina como ejemplo de economías emergentes. Y aquí la agenda tampoco asombra, aunque no deja de ser peculiar: la elección de Brasil y Chile es una muestra de la credibilidad que han ganado estos dos países en el concierto económico internacional y que les asigna protagonismo.

Brown no visita Argentina. No visita Venezuela. Ni tampoco Nicaragua o Bolivia. Visita dos países que se ubican en las antípodas del moralismo, del chavismo y de todo lo que viene detrás. Es cierto que verá allí a presidentes de toda la región (entre ellos la propia Cristina Kirchner) y que participará en un encuentro de líderes progresistas que nunca se sabe bien qué es. Pero –en todo caso- el mensaje político es muy claro.

Diario Exterior publica hoy que Brown espera que la cumbre del 2 de abril en Londres (el G-20) desemboque en un “gran acuerdo” que ayude a resolver la crisis económica mundial. Y señala que “el objetivo es que seamos capaces de reunirnos y de tomar decisiones coordinadas sobre el futuro de nuestro sistema financiero, el crecimiento de nuestra economía, y que mostremos que podemos poner al día las instituciones financieras”.

Pues bien, aún con críticas y errores, Brown ha tomado la iniciativa. Ha desplazado los asuntos internos (en el que se mezclan escándalos y cifras preocupantes en lo económico) para afrontar un reto internacional. Y lo hace mostrando un compromiso que es el deseable en los líderes actuales. Los ciudadanos del mundo esperan que esto no quede en una simple retórica ilusionista y se traduzca en hechos concretos que mejoren la realidad.

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