Política

La semana política en Argentina: “La Argentina maradoneana”

Gabriela Pousa

 


Nada parece haber cambiado en el país a pesar de los hechos aquí narrados. Sin embargo, se ha ido -físicamente no más-, alguien desvelado por una Argentina realmente republicana. Por la memoria del General Ricardo Brinzoni, el compromiso de seguir intentándolo se convierte pues, en una mayor  responsabilidad.  GP


 


Pasaron los comicios, pasó la Cumbre, la contra cumbre y los esperados incidentes que sólo pueden sorprender a un dirigente ignaro. También pasó la “batalla campal” en la estación de Haedo y, por la puerta por la que entraron los detenidos de aquel hecho, a pocas horas salieron…


 


Mientras tanto, en el país siguieron los paros, las protestas y las huelgas: con abundantes excusas y pretextos pero con escasas  razones en materia de tiempo. Demasiado “oportunas” teniendo en cuenta que, los problemas que se mencionaron como causa de todo aquello, no son nuevos. ¿Hartazgo? Posiblemente la gente comience a sentirlo y, en ese caso, el síntoma sería más que bueno. Pero todo, últimamente, huele raro en esta geografía.


 


Una sociedad sumida en la apatía y resignada a vivir mal, como sucede en la Argentina nunca es un dato auspicioso para la construcción de una República. Reconstruir la de antaño ya no encuentra mucho asidero. Son otros tiempos. Son otros hombres. Y, a esta altura, “reconstruir la Argentina” suena a fórmula vacía, a mero slogan proselitista. Los próceres que forjaron la historia nacional, partiendo de la premisa del respeto a la constitucionalidad, ya no están. A veces, pareciera que, hasta la humanidad, se ha devaluado y lo que queda son sólo hombres y mujeres, ciudadanos, vulnerables en extremo grado.


 


Se cambiaron valores por opiniones, creencias por negociados, principios por intereses. Basta analizar la realidad que dejó la última elección. Nadie ganó demasiado.  ¿Qué lectura hacer, pues, del 45% de votos a Cristina Fernández o del 35% a Mauricio Macri? En rigor, ganadores, perdedores, satisfechos e insatisfechos han tratado de sacar el mejor partido posible fraccionando cifras, dividiendo porcentajes, explicando lo inexplicable con tal de que los resultados no los dejen mal parados. Y es que, en materia política, nada es absoluto y todo es relativo como decía el filósofo. Aun, esta afirmación, encuentra su relatividad sin eufemismos puesto que no es sino, otra lectura de los hechos donde no se halla vencedores ni vencidos.


 


Desde hace unos años, han dejado de existir las victorias pírricas así como las derrotas estrepitosas en el país. Y es que, los extremos, además de ser peligrosos siempre duran poco. Algo similar ocurrió con la mentada Cumbre de las Américas: “Ni chicha ni limonada…” Eso sí, una ciudad destrozada. Pero tranquilos, paga el Ministerio del Interior, es decir, paga usted y pago yo…


 


A su vez, el escenario nacional pone de manifiesto la ausencia de estructuras partidarias capaces de poder sostener grandes triunfos o canalizar apabullantes fracasos. Si bien, figuras prominentes han existido a lo largo de toda la historia, el individualismo que hoy caracteriza a nuestra política, dibuja un panorama dónde los resultados de los comicios tienen nombre y apellido más que siglas o denominaciones partidistas. ¿Acaso ha ganado el peronismo? ¿Es la UCR la víctima de esta película? ¿Ganó la derecha, perdió la izquierda o viceversa? Pareciera que todas las preguntas convocan más silencios que respuestas.


De lo que nadie parece tener dudas es de qué, el Presidente Néstor Kirchner, ha salido airoso de esta contienda. Al menos, es así en materia numérica si dejamos de lado la sumatoria de votos en blanco, el grado de ausentismo y las especulaciones –antojadizas o científicas- de quienes intentan consuelo, modelando cifras.  En este contexto es dable aducir que, en la ciudad capital, la ventaja fue para Mauricio Macri y presentir que, la reciente renuncia de Raúl Alfonsín ha puesto de manifiesto una decadencia específica en la conducción de la Unión Cívica Radical. Asimismo, en la provincia de Santa Fe, el festejo lo encabezó Hermes Binner. En consecuencia, en la mira del Gobierno, quedó la cabeza de Carlos Reutemann. Situaciones similares se vivieron con Adolfo Rodríguez Saá en San Luis y con Jorge Sobisch en Neuquén.


 


Y así, podría diagramarse una nueva geografía del país donde las provincias -y hasta los municipios- van perdiendo el antiguo tinte partidario para vestirse de personalismos huérfanos o con padres adoptados nadie sabe a ciencia cierta si por corto, mediano o largo plazo. Rodríguez Saá, por citar un caso, ya acuna veleidades kirchneristas. Y de un lado a otro, pasarán tantos…


 


Tratar de definir quién es quién o, mejor dicho, tratar de ubicar estas piezas sueltas en el rompecabezas llevará su tiempo. Hay tantas posibilidades de reconciliar las partes de un justicialismo confuso o confundido como las hay de reestablecer un radicalismo medianamente ortodoxo en un tiempo más o menos corto. Y es que todas las sorpresas son posibles en una Argentina donde la identidad, los principios y creencias pasaron a ser vocablos sin definiciones precisas. Los intereses se anteponen vaciando contenidos y llenando conveniencias.


 


Es factible calificar de simplista al análisis de la elección pero también, sincerémonos admitiendo que hemos caído bajo el dominio del oportunismo más ruin donde la ideología es una chanza de compra-venta en cualquier esquina y dónde, los progresistas de hoy, pueden derivar en los más férreos conservadores del mañana con tal de sacar provecho, no en pro del bienestar general de la Nación sino en el de sus propios bolsillos.


 


En este contexto, el ALCA, el MERCOSUR, o las letras combinadas de la manera que se prefiera carecen de realidad. Puede firmarse un convenio o cien que lo mismo da si, a la hora de producir, no hay capital y, en el momento de conquistar inversiones, no hay gestión capaz de garantizar un mínimo de reglas inalterables, mientras, el humor presidencial dictamina cómo seguirá esta novela. Entonces, comienza la ronda de especulaciones, ¿qué galán conquistará a la reina? Es decir, qué candidato reemplazará a Rafael Bielsa, cuál otro va a dirigir la política social del país, suponiendo que la hubiera… Y siempre queda un “conflicto” irresuelto – en apariencia – de manera tal de que, el guionista, tenga a mano letra si acaso el rating comienza a mostrar las falencias. Roberto Lavagna está en ese rango: ¿se va o se queda? Y aún, a quienes más desvela ese dato, saben que pase lo que pase, no hay miras de grandes cambios. Porque no se trata de nombres sino de estructuras, de reglas y de ideas y, hasta ahora, no ha habido muestras de que éstas aparezcan con sustancial fuerza.


“La economía creció”, “el país está mejor”: ese libreto no necesita oposición para marcar a las claras que todo es una ilusión. De lo contrario, no sería necesario enfatizarlo en cada discurso por televisión. La gente lo viviría a diario y, el índice de inflación no afectaría a la población. Tampoco sería preciso revisar concesiones y servicios. Pero hay que repetirlo hasta el cansancio para que el inconsciente colectivo admita que, la cuesta arriba, no es sólo un dato.


 


Y así estamos: tal como empezamos. En una Argentina maradoneana. Es decir, en un país capaz de morir, de resucitar, de ser granero del mundo, de ser ocaso, de pasar de terapia intensiva a auto-erigirse Dios estando en el cadalso…De golear a no poder volver a embocar la pelota en el arco, de ser un signo de interrogación para el mundo que no entiende demasiado y comienza a perder el entusiasmo (si acaso le quedaba algo)


Cualquier serie televisiva resulta atractiva cuando mantiene cierto suspenso durante algunos meses, a lo sumo un año… Pero, seguro que comienza a declinar el interés de la gente al segundo año y si se insiste en seguir con la misma fórmula e idénticos resultados, adiós la buena voluntad de tratar de mantener al espectador despierto frente al espectáculo.


 


El discurso presidencial en el marco de la mentada Cumbre fue de un “ni” insustancial. Siempre la misma lágrima: “la culpa es de los demás” y versito local “el que manda soy yo” Nadie le avisó que eso sirve solamente en Balcarce 50, en Santa Cruz (y hasta por ahí no más) y en Olivos (si Cristina no está) No quitará el sueño a George Bush ni al Fondo Monetario Internacional. Pero tampoco atraerá al inversor ni obrará de imán para el capital. Y todavía falta todo el show gremial que aguarda su turno para protagonizar algún otro descalabro.


 


Por eso, es factible aducir que pasaron los comicios, pasó la Cumbre, la contra cumbre y los esperados incidentes que sólo pueden sorprender a un dirigente ignaro… Basta advertir que legisladores oficialistas encumbraron ciertas manifestaciones para entender de qué trata la batahola circense. Y así como pasó la “batalla campal” en la estación de Haedo y en la Municipalidad de Avellaneda, también pasará esta… Por la puerta por la que entraron los detenidos, a pocas horas salieron o saldrán y, la explicación oficial, tampoco será original: “se trató de grupos infiltrados”  Sí, generalmente, quiénes provocan el caos no son los invitados…


 


Terminado el circo encumbrado seguiremos con lo que estábamos: el 2007 y la reelección. ¿Néstor o Cristina? ¿Quizás los dos?  No. No se trata de pesimismo, se trata de oír  y escuchar al unísono de qué hablamos los argentinos, supuestamente inmersos, en una suerte de hartazgo “revolucionario” (siempre, claro, teledirigido y cogobernado)


 

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