“TODOLOGOS”
“Gobernar es el arte de crear problemas con cuya solución mantiene a la población en vilo” Ezra Pound
Londres, Inglaterra. Un atentado terrorista dejó un tendal de muertos y arrojó un saldo considerable de heridos. La Reina recorrió los hospitales, cama por cama se acercó a las víctimas. Cuentan que esa actitud es la misma que los miembros de la nobleza tuvieron durante la guerra. Más allá del protocolo, más allá de que este gesto genere adhesiones o alimente a detractores es menester destacar el respeto por las formas. Ningún país que se precie de tal puede adentrarse en el desdén por las tradiciones, los gestos, o contar con una dirigencia alejada del pueblo en momentos claves.
Otro dato: la coordinación y la organización del sistema de emergencia evitó que se incremente el número de víctimas. En 1940, Winston Churchill decidió ante el poderío de las tropas nazis crear un sistema de defensa civil. Desde entonces, éste ha venido ejercitándose sistemáticamente más allá de las coyunturas y muy al margen de los cambios en el poder. Tienen continuidad en las políticas y alternancia en los políticos cosa que es sustancialmente distinta a lo que tenemos los argentinos.
Hay bases inquebrantables, hay principios inamovibles, hay -más allá de los partidos políticos- una preeminencia por la gente que, lamentablemente, no existe en la Argentina de nuestros días. Basta recordar las manifestaciones populares contra la inseguridad o cada acontecimiento conmovedor como la tragedia de Cromagnon para advertir que, el mismísimo Presidente, fue el gran ausente. El respeto cayó en saco roto, los gestos se disimulan como si causaran vergüenza y las costumbres se convierten en pasajeras. Heráclito resucita en medio de una geografía desmantelada y Parménides retruca señalando a una casta de dirigentes que sigue firme alternando entre subsuelo y superficie.
Aquel “Qué se vayan todos” debe quedar como el más efectivo slogan proselitista de la Argentina. Frase de antología que se acuñó a fin de distraer la atención, de hacer creer lo que no es o era y establecer una seudo utopía populista quizá, abriendo paso a lo que vendría después.
Parecía por aquel 2001 que el gasto político era en demasía elevado pero a la vista queda ahora que el gasto ciudadano es siempre bajo. No terminan de consumirnos. El canibalismo ha devenido contagio. Pero más grave que el desuso en que ha caído la proclama popular y que este “regreso de los muertos vivos” a la escena nacional es el olvido absoluto en que quedó sepultado aquel Acuerdo Federal que los gobernadores le firmaran a Eduardo Duhalde el 6 de Febrero de 2002 y que proclamara “un proceso de transformaciones sustanciales en el sistema político argentino”
Una vez ingresado al Congreso, todo se redujo a la conformación de un Consejo de Seguimiento de la Reforma Política integrado por organismos no gubernamentales… Volvamos al viejo Churchill: “Si quieres que algo no se haga, convoca a comisiones“
La reforma política apuntaba a una reducción sustanciosa del gasto público, eliminar la lista sábana, disminuir el número de legisladores, elegir candidatos mediante internas abiertas y simultáneas, etc. En síntesis, una serie de buenas intenciones. Pero en política al menos, con la intención no hacemos nada. Y nada se ha hecho, todavía…
De allí que esperar un panorama diferente resulte absurdo. Lo que hay es el resultado de lo que hubo y, lo que ha de haber está hoy sobre el tapete: Un peronismo escindido hasta por ahí no más (léase: En caso de una conveniencia sectorial, la unidad dejará de ser quimera)
Por un lado, Eduardo Duhalde esperando el momento justo. Debe reconocérsele al bonaerense un manejo de tiempos bastante certero. Por otro, una permanente ofensiva de parte del Gobierno: Néstor Kirchner se ha inventado una especie de Bin Laden imaginario y a partir de allí todos sus movimientos están destinados al ataque. En los próximos días observaremos quién sigue en la lista.
Desde el FMI -para el que pretenden un plan B que siempre hemos tenido pero que nunca terminó realmente de existir (y esta no parece ser la excepción)- con un intento de desafiliación quizá simultáneo al del Presidente de la estructura Justicialista hasta los funcionarios del pasado para quienes está abierto el libro de causas perdidas
-recauchutadas precisamente por funcionarios también recauchutados a sí mismos-, pasarán estos días por la diatriba kirchnerista.
En carpeta quedarán ciertas medidas apocalípticas, terriblemente efectistas, que culminan, en consecuencia, generando marcha atrás entre disimulo y cautela. Los medios no suelen hacer eco de esta serie de pasos en falsos que comete el Gobierno en su afán totalitario, pero cabe recordar, sin ir demasiado atrás en tiempo y especio, aquel decreto espía que pretendía guardar copia de mensajes electrónicos en servidores de Internet, el irreverente intento de sancionar a un militar porque su señora esposa osó opinar, el mega anuncio de las inversiones chinas capaces de comprar la deuda externa y liberarnos de todo mal, etc., etc.
Ese tipo de noticias es dable esperarlas de acá a Octubre a fin de mantener la atención de la gente en asuntos aparentemente importantes que terminan siendo superfluos. En definitiva, pantallas de humo. Nada concreto.
La mal llamada interna del peronismo seguirá en el recinto con otra medición inútil de fuerzas entre oficialismo y duhaldismo. Asimismo, serán protagonistas ministros cuya procedencia no es netamente kirchnerista. ¿Qué hacemos con Roberto Lavagna? La economía no hace agua pero ve muchos agujeros negros. La disyuntiva del titular de Hacienda es compleja. Irse por la puerta grande no es tan fácil. Se le recordará su origen sin piedad, amén una salida del ministerio con casi dos dígitos que se avecinan de inflación para finales del 2005, lo convertirán en “el peor“. La decisión es de Lavagna. Este sabe que se ha metido en camisa de once varas. Lástima que, metiéndose solos, nos arrastren luego a todos.
Pero estamos sumidos en esta realidad, arrastrados en una puja por poder que confirma lo que se avecina en materia política: una constante centralización del poder en un solo cuerpo, mientras el Parlamento se convierte en una oficina de negociaciones turbias que pasará a manos de una mayoría conocida y una minoría que le está emparentada. Según Cristina “de” podría llamarse “El Padrino“, la película. Pero se olvidó un detalle que no es menor: Don Corleone nunca ha estado sólo, el ahijado siempre está cerca. ¿Y hace falta aclarar quién representa ese papel en esta escena?
Por último, ¿podemos esperar un cambio en la reacción de la sociedad? Recordemos un detalle, no más: El desembarco de Néstor Kirchner en la arenga política nacional fue tan abrupto como improvisado. Sentado, lápiz en mano, Eduardo Duhalde fue tachando uno por uno los posibles candidatos, no para asumir el poder sino para frenar un nuevo triunfo de Carlos Menem en los comicios de 2003. Situación similar le ocurrió cuando urgía reemplazar a Remes Lenicov al frente de la cartera de Economía tras una devaluación sin plan y con resultados nefastos. Se tanteó entonces un sinfín de posibilidades que no daban el “sí” a tiempo y fue menester recurrir a Bélgica para traer desde allí – tentadora cifra mediante- a Roberto Lavagna. Nos costó a los argentinos una buena tajada del erario nacional conseguir quién se ponga al frente de un ministerio devaluado por la bendita pesificación asimétrica.
Valga ese dato para observar el mecanismo de selección de personal que rige en la administración pública nacional y que arroja como consecuencia inevitable, esta camada de funcionarios moviendo los hilos de la Argentina con el sólo fin de satisfacer intereses sectoriales. Los votos no aportaron demasiado. La culpa no es de la democracia, la culpa es de un sistema que se ha instaurado con fuerza en la Argentina y que usurpando el nombre del régimen que, Alexis de Tocqueville analizara a conciencia, hace suponer que, un domingo de cuarto oscuro y de urnas, equivale a un pueblo soberano, eligiendo entre alternativas una salida.
Nadie se va y todos regresan, paradojas argentinas… ¿Cuál es la diferencia entre este Congreso de “representantes” y otro que sólo tenga “elenco de personajes”? Propuestas y proyectos caen en aquel verbo que, un ex presidente democrático, legalizara desde una banca del Senado. Es decir, caen en el “cajoneo”.
En síntesis, estamos en un país donde la prevención es utopía, donde un atentado nos encuentra a todos ejerciendo la medicina y la contención (y la solidaridad es cosa distinta), donde la ejercitación sistemática es una mentira y la capacidad como las tradiciones y los gestos no son siquiera antigüedades de vitrinas. Estamos en el reino de los “todólogos”. Todos servimos para todo… Y en ese trance, una vedette puede devenir diputada y un ex vicepresidente renunciado ser titular de una cátedra o atender la Cancillería…
Todos pueden todo y se sienten necesarios sin recordar siquiera que el cementerio está lleno de aquellos que se creían fundamentales e imprescindibles en la vida.
GABRIELA POUSA
(*) Analista Política. Lic. en Comunicación Social (Universidad del Salvador) Master en Economía y Ciencias Políticas (ESEADE) Queda prohibida su reproducción total o parcial sin mención de la fuente.