Política

Las cuotas textiles responden a intereses privados y no colectivos

Daniel Ikenson hace un repaso de los acuerdos de cuotas textiles por parte de los países ricos a virtualmente todos los países en desarrollo. Una injusticia que ha distorsionado la producción y que ha tenido graves consecuencias sobre todo para los consumidores desprevenidos.

Libre Comercio
En la página web de la Asociación Norteamericana de Importadores de Textiles y
Vestimenta (USA-ITA por sus siglas en inglés), hay un reloj en cuenta regresiva
marcando los años, meses, días, horas, minutos e incluso segundos para la
expiración de las cuotas que han regido la mayor parte del comercio
internacional en textiles y vestimenta por 30 años. Las manecillas del reloj se
mueven, segundo a segundo, agonizantemente despacio, como el tiempo para un
prisionero grabando marcas de tiza en la pared.

Lo que empezó en la
década de los 50 como un esfuerzo a pequeña escala por parte de Estados Unidos y
Gran Bretaña para imponer restricciones a las importaciones de Japón, Hong Kong,
India y Pakistán, creció en una colosal telaraña de restricciones conocida como
el Acuerdo Multifibra (AMF) en 1974. El AMF instituyó cuotas por parte de los
países ricos a virtualmente todos los países en desarrollo, una injusticia que
ha distorsionado la producción, que ha forzado a importadores y minoristas a
arreglos de suministro no óptimos y a gravar a consumidores desprevenidos.


Luego, durante las conversaciones de comercio multilateral en la Ronda
de Uruguay (1986-1994), los países en desarrollo se anotaron una victoria en las
negociaciones y prevalecieron sobre los Estados Unidos, Europa y Canadá para que
abandonen el injusto sistema de cuotas. Así, llegado el 1 de Enero, la última de
las cuatro fases de eliminación de cuotas, acordada en 1994 y adoptada al año
siguiente como el Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido (ATV) de la
Organización Mundial de Comercio, fue completada.

Pero la industria
textil Norteamericana quiere poner más tiempo en el reloj. Está trabajando sin
descanso para socavar esta liberalización histórica del comercio. Habiendo
fallado en su intento de convencer a los miembros de la OMC de postergar la
implementación final del ATV, principalmente extendiendo cuotas, la industria se
ha volcado sobre la llamada provisión de Salvaguardias de Textiles Chinas. Bajo
un tratado bilateral que limpió el camino para la entrada de China a la
Organización Mundial de Comercio, los Estados Unidos puede reimponer cuotas a
los textiles chinos y productos de vestir si una oleada de importaciones causa
distorsiones en el mercado norteamericano. Si esas condiciones se cumplen, el
crecimiento en las importaciones podría ser limitado al 7.5% del volumen del año
anterior.

El año pasado la industria fue exitosa obteniendo
restricciones sobre trajes de vestir, brasieres, y tejidos de punto; todos estos
productos vieron un incremento de importaciones Chinas después de que sus cuotas
fueran abolidas en el 2002, dentro de la tercera fase de eliminación de cuotas.


Entonces, respondiendo a las presiones ejercidas por el lobby textil
camino a las elecciones presidenciales de noviembre, Grant Aldonas, un
subsecretario de comercio de los Estados Unidos, movió las metas aún más cerca.
En una reunión con reporteros, el 16 de septiembre, el Sr. Aldonas dejó en claro
que las cuotas podían ser reimpuestas aún sin una oleada de importaciones—la
simple amenaza de distorsión en el mercado sería suficiente. La industria actuó
presentando nueve peticiones “basadas en la amenaza” pidiendo cuotas a productos
como pantalones, camisas y ropa interior. Todos estos son todavía sujetos a
cuotas, por lo menos hasta el 1 de Enero, por tanto no puede haber habido una
oleada de estas importaciones.

El Gobierno de los Estados Unidos
enfrenta un gran dilema. Su proceder tendrá profundas implicaciones en las
futuras relaciones comerciales chino-norteamericanas y afectará negociaciones
comerciales en progreso, notablemente la floja Ronda de Doha de conversaciones
multilaterales de comercio.

Habiendo ganado las elecciones con cómodos
márgenes en los estados textiles, ¿se verá obligado el Presidente Norteamericano
George W. Bush a ceder a los caprichos de la industria e imponer restricciones ?
Tal curso podría inspirar el desafío de China ante la OMC, bajo la premisa de
que el acuerdo de acceso no permite sanciones “basadas en la amenaza”. También
socavaría la capacidad de la administración Bush para forzar a China a honrar
mejor sus compromisos con la OMC, particularmente si un panel de conciliación de
disputas de la OMC encuentra que Estados Unidos ha violado los términos del
acuerdo.

Hasta ahora, la administración ha manejado la relación
comercial chino-norteamericana con destreza, reconociendo lo mucho que está en
juego y buscando evitar provocaciones innecesarias. Se ha abstenido de perseguir
cada caprichoso deseo proteccionista para frustrar las importaciones chinas,
para así poder aprovechar su capital para asuntos legítimos como forzar a China
a mejorar la implementación de derechos de propiedad intelectual y abrir su
mercado de servicios más efectivamente a proveedores norteamericanos.

El
seguir adelante con las sanciones de textiles socavaría el capital moral y
político acumulado por la administración para presionar en estos temas, los
cuales conciernen a un gran sector de intereses económicos estadounidenses.
También alentaría a otros opositores norteamericanos de la liberalización
comercial, como los productores de acero, los productores de azúcar y otros
intereses agrícolas, a quienes la administración debe imponerse para lograr que
se pasen los nuevos acuerdos.

Por supuesto, otros países están esperando
silenciosamente que la administración trate mal a China, ya que restringir
exportaciones Chinas podría traducirse en mayores ventas de sus exportadores a
los Estados Unidos. Pero eso también es insensato. Estos países van a necesitar
la ayuda de la administración para asegurarse que la industria textil no lance
un montón de ataques frívolos sobre casos de anti-dumping y anti-subsidios
contra sus exportadores. Signos de que la administración está acomodando alguna
nueva clase de protección textil no debería ser bien recibida por ellos.


Ciertamente, China va a ser un proveedor importante –probablemente el
más grande– después de que se desmantele el sistema primario de cuotas. China
está consciente del temor sobre su dominio y recientemente anunció planes para
gravar sus propias exportaciones. Se está invalidando así misma, esperando que
el gesto desestime futuras restricciones de los Estados Unidos y otros.


Sin embargo, rechazar la petición lleva consigo una propia combinación
de riesgos para la administración. Sintiéndose traicionados, los productores
textiles podrían intensificar sus esfuerzos de lobby para derrotar el Acuerdo de
Libre Comercio entre Estados Unidos y Centroamérica, un acuerdo importante que
se espera sea presentado para votación ante el Congreso de EE.UU. a mediados del
próximo año. La última votación ajustada en el tema comercial en el Congreso de
EE.UU. fue en el 2001, cuando una diferencia de un voto le dio al Presidente
Bush “autoridad de promoción comercial”, otorgándole al presidente el poder para
negociar acuerdos comerciales con gobiernos extranjeros.

Los decisivos
votos de último momento vinieron de los representantes de los estados textiles,
quienes abstuvieron su apoyo hasta que el presidente prometiese cambiar ciertas
reglas comerciales textiles, que beneficiaron la industria norteamericana. Dado
este reciente precedente, es enteramente plausible que la aceptación de
peticiones basadas en la amenaza por parte de la administración, fue un quid pro
quo por votos textiles distritales en el CAFTA.

Pero la administración
tiene que encontrar los medios para poner el freno. Tarde o temprano, la táctica
de comprar a opositores de acuerdos comerciales con restricciones comerciales
–particularmente aquellos que violan acuerdos previos– hace del objetivo de un
comercio más libre, una burla. Dado que la administración va a tener desafíos
similares de opositores al comercio en otras y futuras negociaciones
comerciales, debería ser equitativa y firme con todos evitando las excepciones.


Sólo hace unas semanas atrás, una nueva variable entró a la ecuación, la
cual podría hacer más fácil la tarea de la administración de hacer lo correcto.
La USA-ITV– la asociación con el reloj en cuenta regresiva – presentó una
demanda a la Corte norteamericana de Comercio Internacional, la cual tiene
jurisdicción sobre decisiones comerciales estadounidenses si fueran contendidas
por partes privadas. La esencia de la demanda es que el gobierno violó las
reglas al aceptar peticiones basadas en la amenaza.

La demanda le da a
la administración Bush la opción de reflexionar sobre sus opciones y considerar
lo que está en juego para toda la economía. También le ofrece al Presidente Bush
cubierta política para tomar la decisión correcta y rechazar nuevas cuotas. Por
razones de principios, imparcialidad económica y la viabilidad de largo plazo de
la liberalización del comercio, la administración debe rechazar estas cuotas
basadas en la amenaza. El interés económico de los Estados Unidos es severamente
socavado si se atienden los intereses parroquiales de una industria que se ha
estado alimentando de la pila por mucho tiempo.

Uno de los primeros
actos del primer congreso de los Estados Unidos fue el de imponer aranceles a
guantes importados, sombreros y ropa. Eso fue en 1789, cuando los Estados Unidos
era una economía agraria y los textiles y la producción de vestimenta
representaba el futuro. Ese precedente del siglo 18 ha probado ser un difícil
hábito de dejar. Hoy en día, el arancel norteamericano promedio sobre ropa y
zapatos es de 11%, casi seis veces más que el arancel promedio en todo lo demás.
El status norteamericano como súper potencia económica no depende de su
habilidad para producir medias. Su política comercial de siglo 21 debería
reflejar tal realidad.

Daniel Ikenson es analista de política comercial
en el Cato Institute y autor del estudio de Cato “Threadbare Excuses: The
Textile Industry´s Campaign to Preserve Import Restraints (Excusas Desgastadas:
La Campaña de la Industria Textil para Preservar las Restricciones a las
Importaciones)”.
Este articulo fue publicado originalmente el 23 de
Diciembre de 2004 en el Asian Wall Street Journal. Traducido por
Augusto Ballester para Cato Institute

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