¿Por qué es esencial que El Líbano adopte el sistema federal?
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Martes, 21 de julio 2026

¿Por qué es esencial que El Líbano adopte el sistema federal?
Para ser un Estado moderno, Líbano debe dejar de ser confesional. Un país cuyo presidente debe ser siempre cristiano maronita, su primer ministro sunita y el presidente del parlamento chiíta, difícilmente pueda funcionar.
Líbano ha sido bendecido en su belleza por la naturaleza, tiene hermosas montañas, pistas de esquí mejores que las europeas. Sus playas del mediterráneo nada tienen que envidiar a la Costa del Sol, excelentes Universidades, una gastronomía formidable, una población extremadamente bien educada, pero es sectario en su sistema de gobierno. Y ello es como disponer de un avión privado con toda la tecnología y el confort que pueda unir grandes distancias sin reabastecerse, en el cual se pueda volar conectado en todo momento a internet y dormir en confortables asientos-cama. Pero si ese lujoso y moderno Jet no dispone de tren de aterrizaje. No funcionara. Nunca despegaría.
Un Líbano democrático fortalecido en sus Instituciones, libre de ocupación, de la implantación de estados mafiosos dentro de su estado, de terrorismo, corrupción y clientelismo político, como de confesionalismo sectario y feudalismo, es posible. Un estado soberano e independiente y dentro la ley que garantice la seguridad para todos los libaneses, con los mismos deberes y los mismos derechos para todos sus ciudadanos será un punto desde el cual se avanzará en la pacificación regional y debería interesarle a la comunidad internacional.
Es necesario acordar un nuevo Pacto Nacional con la participación de la sociedad civil y política preservando la herencia sociocultural para facilitar la manera racional, científica y técnica de combinar “modernidad y tradición”. Un contrato social basado en la libertad, sin control del gobierno sirio, sin las armas ilegales de Hezbollah. En definitiva, un Estado que ofrezca equidad, justicia e igualdad de oportunidades a sus ciudadanos. Por esto es esencial que Líbano adopte un sistema federal de gobierno y deje de lado la tradición del poder sectario y tribal.
La fórmula estructural del pacto de 1943 definió la política libanesa y estableció el marco de coexistencia entre las comunidades cristianas y musulmanas dentro de un país -por ese entonces- libre, soberano e independiente de lo que hoy se conoce como la influencia del terrorismo local y regional. El Acuerdo del ‘43 debe ser reconsiderado, fue quebrantado por los últimos 35 años debido a la ocupación Siria y al nacimiento y proliferación de grupos terroristas confesionales que se convirtieron en verdugos de las Instituciones democráticas libanesas.
Las soluciones propuestas para construir un estado fuerte, equilibrado y a la vez distendido de cuestiones confesionales han fracasado. Revisando la historia del país desde abril de 1975 a la fecha, no cabe duda que el federalismo es la opción racional a la situación interna que padece Líbano. La necesidad emerge del resultado de experiencias históricas, sociales y políticas del país. El federalismo, ofrecería las bases fundacionales esenciales y apropiadas que permitan el desarrollo del sistema político con dinamismo e interacción internos entre las diferentes comunidades religiosas.
La guerra y las ocupaciones demostraron sus consecuencias catastróficas extinguiendo la coexistencia entre las 17 comunidades religiosas, principalmente entre suníes y chiíes. Las soluciones políticas ofrecidas naufragaron en la indiferencia y los privilegios de las propias comunidades. Cada una de ellas insistió en mantener sus características distintivas, sea de orden ideológico, político, institucional y/o administrativo. Ese grave error político permitió que hoy emerja una comunidad chiita ensoberbecida, sintiéndose protegida y representada por un grupo armado que secuestro las funciones del Estado legal e insiste en acentuar esta característica cada vez que le resulta posible. Estos aspectos ideológicos-confesionales dieron por tierra con el mito de una ‘sociedad unificada social y culturalmente’. Esta es la realidad en Líbano hoy. Quien sostenga lo contrario, incurre en error por desconocimiento o falta a la verdad influenciado por sectarismo político-religioso.
Lo cierto es que Líbano no tiene muchas alternativas posibles para solucionar sus problemas internos y evitar un nuevo conflicto civil, los gobiernos débiles de los últimos años han caído por las mismas causas. Sus problemas son recedivos, sus posibilidades no van mas allá de las opciones que describiré a continuación, y estas son:
a) Dividirse en suerte de cantones, donde cada comunidad maneje una pretendida independencia de la otra en un régimen político separado, pero en una misma extensión geográfica. Algo poco exitoso en el futuro de realizarse y que no garantizaría evitar choques confesionales.
b) La vuelta a la fórmula estructural de 1943, lo que equivale a volver al punto de partida original del problema, por tanto, a reincidir en el error del desencuentro que dará lugar a mayor violencia interna.
c) La adopción de un sistema federal, una opción que los libaneses todavía no han experimentado genuinamente a pesar que varios indicios dentro de la sociedad política del Líbano convergen en esa dirección.
De estas opciones, no cabe duda que el federalismo es la mejor opción a las conocidas y fracasadas del pasado que encarnan el mismo peligro y violencia de los últimos 35 años.
Puede que el Federalismo no lleve una solución mágica y definitiva a los problemas asociados con la administración y el control en las diferencias entre comunidades religiosas. Sin embargo, abordará con mejores soluciones las necesidades importantes y urgentes. Contribuiría positivamente a la relajación entre comunidades religiosas, sería una red de contención al factor de tensión política y descomprimiría el estado de sospecha que ella genera ante la posibilidad que uno de los grupos pueda interferir en asuntos autónomos del otro y viceversa.
El federalismo institucional se presenta como una respuesta lógica a la realidad en aspectos históricos, sociales e ideológicos de las comunidades religiosas donde estaría presente la correcta división de poderes y el equilibrio entre sociedad y estado. Ofrece la alternativa más estable para establecer puentes y objetivos plausibles de ser cumplidos con éxito entre las diferentes comunidades religiosas y el estado.
La relación intercomunitaria actual esta imbuida de un formato ideológico atormentado por complejos sociales y barreras psicológicas desde la guerra civil que son explotadas sectariamente por Hezbollah y la influencia siria-iraní. Es allí, donde cada comunidad religiosa proyecta una idea elitista y propia que acompaña una sensación de superioridad sobre las otras que conduce a la confrontación. El resultado que se asegura con ello es que el estado se convierta en un polo de conflicto continuo y reiterado. En este sentido, el federalismo reduce la fricción y el nivel de la confrontación en un grado importante. Elimina factores negativos que pueden convertirse en disparadores de situaciones explosivas dentro del propio Estado. Devuelve a las instituciones políticas y administrativas su lugar y aspecto legítimo tomando en consideración la naturaleza verdadera de la sociedad política y civil. Si se asume con sabiduría, dada la experiencia de sufrimiento que vivió el país, los errores de 1943 pueden ser corregidos y evitados en el futuro.
Un sistema político acertado es el que se funda sobre la voluntad de unir a los ciudadanos en torno a las instituciones que organizarán su existencia y convivencia sin negar a las comunidades religiosas su existencia autónoma. La gravedad de la situación existente presenta la justificación más sólida y la razón más importante para la búsqueda de un sistema político nuevo y alternativo en Líbano. El sistema federal, desde un punto de vista objetivo, es el mejor de los sistemas disponibles y proporcionaría una solución a la realidad de confrontación existente entre las comunidades.
Sin embargo, no ignoro que poner este sistema en ejecución enfrentara resistencia y obstáculos a los que los libaneses deberán hacer frente con inteligencia y sin fanatismo sectario. Es tiempo para que Líbano deje de ser es un país hecho por voluntades individuales que fue deshecho por una clase política colectiva sin escrúpulos varias veces en su milenaria historia.
El Prof. George Chaya, BA in History. Es consultor experto en Oriente Medio y América Latina en relaciones internacionales, seguridad y prevención del terrorismo. Es autor de ¨La Yihad Global, el terrorismo del Siglo XXI¨ y varios libros de pensamiento.
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