Pensamiento y Cultura

Liberalismo triste. Un recorrido de Burke a Berlin

Libertad. Esa palabra tan manoseada y polisémica que hoy está en boca de todos, una meta ansiada para todo ciudadano y sistema político. La relación entre este concepto y la doctrina liberal es el tema central de Liberalismo triste de Carlo Gambescia, un alegato a favor el realismo dentro de la política.

El autor hace un recorrido por las ideas de pensadores políticos –Tocqueville, Raymond Aron, Huntington y especialmente Julien Freund– para llegar a la esencia del liberalismo. A la manera de las ciencias exactas, Gambescia quiere diseccionar esta doctrina política. La clasificación propuesta es clarificadora y útil. Aunque resulta difícil llegar a una división definitiva del liberalismo, al ser un producto cambiante de la experiencia e ideas humanas.

Dentro del liberalismo, el pensador italiano distingue entre doctrina, teoría y práctica, porque que no es lo mismo teorizar sobre política que ser político. En palabras del autor, “lo que es cualidad en el escritor puede ser vicio en el hombre de Estado, y las mismas cosas que han dado origen a excelentes libros pueden conducir a grandes revoluciones”. Y es este contraste entre la realidad y las ideas el que provoca la “tristeza” del liberalismo. Una tristeza frente a un mundo que debiera ser y no es. Ya que, tal y como el prologuista y traductor Jerónimo Molina sostiene, “el político tiene que erigir un Estado sin destruir la naturaleza humana”.

La clasificación propuesta distingue el liberalismo según el tipo de Estado que propugna: “micro-árquico”, “an-árquico”, “macro-árquico” y “árquico”. El liberalismo “micro-árquico” sería de tipo jurídico-económico y basado en la idea de “Estado minimo”. El liberalismo “an-árquico” rechazaría la idea de Estado mínimo, el cual intenta sustituir con el ejercicio pre-político de los derechos individuales.El liberalismo “macro-árquico” aspiraría a componer artificialmente intereses y condiciones sociales diversas. Y el verdadero liberalismo, que en opinión del autor es el liberalismo árquico. Un liberalismo necesariamente triste, porque los ideales siempre chocan con la realidad, las circunstancias modifican nuestros deseos; un nliberalismo que lleva al político a actuar de manera prudencial.

Liberalismo triste no es solo interesante por la novedad de la clasificación y estudio de diferentes pensadores. También porque el autor entra en diálogo con el lector, en ocasiones sin ser políticamente correcto, sobre cuestiones vigentes como la diferencia entre capitalismo y liberalismo, la relación entre economía y política, el papel de las revoluciones o la proliferación de nuevos derechos; moviéndolo a reflexionar sobre la importante tarea de cómo ejercer la libertad política.

Este artículo está en Aceprensa.

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