Economía y Sociedad, Política

Libertad, descentralización y derechos de propiedad

“La decisión en el polémico caso Kelo, en la que el Tribunal Supremo rehúsa intervenir en el caso de un gobierno local que se hace con una propiedad privada, provocó un fuerte debate acerca de la cuestión de la descentralización entre los liberales. La perspectiva más común es que la decisión fue un desastre porque dio permiso a los gobiernos locales para robar tierra. Los liberales están en contra de robar tierra, y en consecuencia deben oponerse a la decisión del tribunal”.

Políticas Públicas

 


La decisión en el polémico caso Kelo**, en la que el Tribunal Supremo rehúsa intervenir en el caso de un gobierno local que se hace con una propiedad privada, provocó un fuerte debate acerca de la cuestión de la descentralización entre los liberales. La perspectiva más común es que la decisión fue un desastre porque dio permiso a los gobiernos locales para robar tierra. Los liberales están en contra de robar tierra, y en consecuencia deben oponerse a la decisión del tribunal.


 


Pero aún así, robar no es lo único contra lo que están los liberales. También nos oponemos a instaurar el control político sobre grandes regiones geográficas, incluso cuando es instituido en nombre de la libertad.


 


Por tanto, no sería ninguna victoria para su libertad si, por ejemplo, el gobierno chino asumiera jurisdicción sobre las calles del centro de su ciudad para liberarlas de las ordenanzas de zona. Las ordenanzas de zona violan los derechos de la propiedad, pero el imperialismo viola el derecho de un pueblo a gobernarse a sí mismo. Este gobierno chino carece tanto de jurisdicción como de posición moral para intervenir. Lo que se aplica al gobierno chino se aplica a cualquier gobierno distante que presuma de control sobre un gobierno más cercano a casa.


 


¿Cómo va un liberal a elegir cuando hay un conflicto entre las demandas de libertad y las estructuras contra el imperio? La respuesta no siempre es fácil, pero la experiencia y la totalidad de la historia intelectual del liberalismo sugieren que el gobierno descentralizado es el más compatible con las preocupaciones de la libertad a largo plazo. Este ser motivo por el que los fundadores mantuvieron su adhesión al ideal de federalismo: que los estados dentro de la unión eran primordialmente unidades de gobierno, y la Bill of Rights estaba allí para proteger tanto a los individuos como a los estados de las imposiciones del gobierno central – incluso cuando se invocaba la libertad como justificación.


 


Así que somos igual de claros en este último punto: el propósito de la Bill of Rights era dejar muy claro y simple que el Gobierno Federal no puede. Ese es el motivo por el que suscribimos la Constitución. Los estados, bajo la influencia de los escépticos de los límites de la Constitución sobre el poder central, insistían en que las restricciones sobre el gobierno fueran derogadas. La Bill of Rights no proporcionaba mandato para lo que puede hacer el Gobierno, a instancia federal. Puedes argumentar todo lo que quieras acerca de la decimocuarta enmienda y su cláusula de protección paritaria mediante un segmento que dice que toda la Bill of Rights que se transforma mágicamente significando lo diametralmente opuesto a su intención original, es pura fantasía.


 


De vuelta a la premisa libertaria a favor de la descentralización. Hay varios motivos en su favor.


 


En primer lugar, bajo la descentralización, las jurisdicciones tienen que competir por residentes y capital, lo que proporciona incentivos para mayores grados de libertad, si no fuera porque el despotismo local no es ni popular ni productivo. Si los déspotas insisten en gobernar de todos modos, la gente y el capital encontrarán un camino de escape. Si hay solamente una voluntad y un actor, no es salida.


 


En segundo lugar, el localismo interioriza la corrupción para que pueda ser señalada y extirpada más fácilmente. En la misma línea, la corrupción del gobierno local puede ser benigna por comparación; es más fácil, en un presupuesto de clase media, sobornar a la junta municipal, que sobornar al Departamento de Estado.


 


En tercer lugar, la tiranía a nivel local minimiza el daño en la misma medida que la macro-tiranía lo maximiza. Si Hitler hubiera gobernado solamente Berlín, Stalin solamente Moscú y la FDR solamente Washington, los efectos de sus políticas enfermas podrían haber sido contenidas. Esto no es solamente una consideración utilitaria. Significa que se evita que las malas personas violen los derechos de gente de fuera de su jurisdicción.


 


En cuarto lugar, no se puede confiar en que ningún gobierno utilice el poder para intervenir sabiamente. Contra el poder, los gobiernos centrales siempre invocarán motivos, incluso cuando son una simple máscara para conflictos de poder (como cuando Estados Unidos invadió Irak, por ejemplo). El camino típico va así. Una intervención tiene lugar cuando puede ser celebrada por liberales buenos, como la decisión Lochner (1905) del Tribunal Supremo que invalidó las regulaciones laborales de Nueva York. Pero una vez que se alcanza el poder, es utilizado para poner un sello legal en la planificación central y evitar que los gobiernos locales encuentren una vía de escape (la planificación central de la Primera Guerra Mundial fue la hija de Lochner).


 


En quinto lugar, un abanico de formas gubernamentales de “separación vertical de poderes”, por utilizar la terminología de Stephan Kinsella, evita que el gobierno central acumule poder. Los gobiernos inferiores están celosos de su jurisdicción, y aguantan. Esto es para bien. De hecho, toda la historia de la libertad está ligada a los gloriosos resultados de las instituciones estructurales en competición, a ninguna de las cuales puede confiarse control total.


 


Obviamente, esto no significa que los liberales tengan que ser agnósticos en la cuestión de cómo debería ser el gobierno. La ley debería proteger a las personas y a las propiedades contra las fuerzas invasivas. Este principio se aplica en todo momento y en todo lugar. Pero eso no significa que deba haber un solo dictador y cumplidor de la ley. Para maximizar las posibilidades de que la buena jurisprudencia prevalezca sobre la mala, a largo plazo, y evitar las incautaciones de poder desde la cumbre, necesitamos todo un catálogo de formas legales.


 


Murray N. Rothbard tenía una frase agradable que utilizaba para resumir su posición: los derechos universales, cumplidos localmente. Esos dos principios se encuentran en tensión con frecuencia. Pero si abandonas uno de los dos principios, arriesgas abandonar la libertad. Ambos son importantes. Ninguno debería prevalecer sobre el otro. Un gobierno local que viole los derechos es intolerable. Un gobierno central que legisle en nombre de los derechos universales es similarmente intolerable. Los derechos universales son el cielo en la tierra, cumplidos localmente. No, no ha llegado aún. Por eso existen los liberales, para trabajar en favor del ideal.


 


Bien, existe la forma de descentralización de la que se escucha a menudo. Viene de los que lamentan la globalización en todas sus formas, incluyendo las corporaciones multinacionales y similares. Se quejan de la centralización de la vida en la edad moderna y añoran tiempos más simples. Ahí está el problema: el tipo de descentralización que lamentan es el resultado de la toma de decisiones voluntaria en el mercado. Esta centralización es elegida libremente. Sus planes de escalada exigirían la coacción masiva y provocar una calamidad económica.


 


En temas de asociación privada y economía de mercado, los liberales no pueden tomar decisiones a la ligera referentes a los mejores medios de organizarse. Rothbard fue un defensor de las corporaciones multinacionales y el comercio global, pero también vio que demasiada integración en la estructura de producción es mala para el negocio. Las firmas pierden la capacidad de calcular sus beneficios y pérdidas cuando son responsables en demasiada medida del grado de producción interna de sus propios bienes de capital.


 


¿Cómo impacta esto en la organización de otras instituciones de la sociedad, como la iglesia, la familia, las asociaciones cívicas o los movimientos ideológicos? ¿Es mejor la centralización o la descentralización? La respuesta debe dejarse a la experiencia. La Iglesia Católica está centralizada doctrinalmente, pero descentralizada en su gestión. La familia en el contexto norteamericano no está centralizada entre generaciones. Los abuelos están allí para dejar la herencia, no para gobernar. Las asociaciones civiles adoptan muchas formas, desde organizaciones nacionales a locales.


El propio Rothbard, en el curso de la experiencia, cambió su opinión acerca del mejor método para organizar los movimientos ideológicos. Al principio, le atrajo la idea de gestión vertical, con gerentes y seguidores y células de todo tipo. Vio que esto funcionaba para los comunistas, así que ¿por qué no para los liberales? Estaba en lo cierto al decir que nada en la teoría libertaria prohíbe la gestión vertical, mientras sea voluntaria y hunda sus raíces en la propiedad privada.


 


Pero más tarde, cambió de opinión y escribió que encontró serios problemas con este modelo, y están vinculados a los mismos problemas que padece la centralización política. En el Libertarian Forum, agosto de 1981, escribe:


 


Me gustaría aprovechar esta oportunidad para admitir mi error previo y hacer un llamamiento a un modelo ultra-centralista [para el Partido]. Varios años en el Partido me han hecho abandonar el centralismo permanentemente. Colocar el gobierno del Partido, o del movimiento en conjunto, en manos de un hombre o de un grupo reducido es una receta para el desastre. Primero, significa que si unas cuantas personas se venden al oportunismo, el resto del movimiento se ve arrastrado con ellas. En segundo, y más generalmente, incluso si los maquinistas son un grupo de personas maravillosas, dado que no son omnipresentes, están condenadas, como todos nosotros, a cometer errores. Igual que los errores de una economía controlada por el gobierno pueden arruinar a una nación, los errores inevitables del principio liberal pueden hacerlo también, arruinando a un partido como movimiento. Aún creo que es absurdo pensar en la descentralización como la forma de organización ´ libertaria´. Cómo organizamos no es un tema del principio liberal, mientras no violemos el axioma de no agresión. Pero parece que ni la descentralización radical ni el ultra-centralismo funcionarán para ninguna organización…. La moderación y el equilibrio deberían ser nuestro modo organizativo“.


 


¡Cómo estaba en lo cierto! Imagine si las únicas formas de ideología que nos fueran disponibles fueran las ofrecidas por organizaciones de Washington, D.C., con su enfoque hiper-político y su tendencia a cubrir el estado. En la vida intelectual, necesitamos una gran multiplicidad de formas para poner a prueba la corrupción y el compromiso. Incluso en el movimiento liberal, necesitamos la diversidad de la experimentación, no la centralización, el orden y el control.


 


En la organización financiera, de las ideas, y de la propia vida, Rothbard recomienda equilibrio y moderación, así que podemos articular dos principios Rothbardianos. En materia pública, necesitamos derechos universales, cumplidos localmente. En materia privada y económica, no necesitamos ni la centralización ni la descentralización, sino la moderación y el equilibrio, el ensayo y el error. Para mí, estas formulaciones representan la horquilla del buen pensamiento, la buena jurisprudencia y la buena sociedad.

* Llewellyn H. Rockwell, Jr. es presidente del Ludwig von Mises Institute de Auburn, Alabama, y editor de LewRockwell.com.


 


* * El caso Kelo se originó en un plan de desarrollo económico en la ciudad de New London, estado de Connecticut. La New London Development Corporation (“NLDC” como se la conoce en inglés), una corporación privada pergeñada para asistir al concejo municipal, creó un plan tendiente a revitalizar 90 acres de New London en conexión con una instalación farmacéutica de la firma Pfizer. Entre otras cosas, el plan demandaba la construcción de un hotel para conferencias en la costanera, restaurantes, centros comerciales, y estacionamientos. La ciudad aprobó el plan en enero del año 2000 y autorizó a la NLDC a adquirir la propiedad mediante compras o a través del ejercicio en nombre de la ciudad de la facultad del dominio eminente. 

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