La máquina de la censura vuelve a funcionar en China. Las autoridades decidirán qué artistas extranjeros han ofendido a la “soberanía nacional” del país y no les dejarán cruzar la frontera. Esta “soberanía” incluye la represión violenta de los monjes tibetanos.
Ponen como ejemplo a Sharon Stone y Björk
El ministerio de Cultura comunista ha afirmado que “a cualquier individuo o grupo que se haya visto involucrado en actividades que pongan en peligro la soberanía china, se le cerrará la puerta”.
Han reconocido que se refieren, entre otras, a Sharon Stone, que dijo que terremoto se había producido por un problema de “karma” de las autoridades chinas a la hora de gestionar la crisis del Tíbet. La actriz ya no podrá volver al país.
La explicación que dan los altos funcionarios es que deben impedir que comentarios como el de la actriz americana “socaven la unidad nacional y la seguridad estatal, violen la política religiosa y las costumbres étnicas, provoquen el odio entre las diferentes etnias y transmitan pornografía o supersticiones”.
Los cines de Hong Kong y China han decidido no proyectar películas donde participe Stone y retirar de las tiendas los DVD que las reproduzcan.
La cantante islandesa Björk no volverá a entrar en el país, porque gritó “Tíbet” durante un concierto que celebró en China. El viceministro de Cultura, Zhou Heping, ha comentado públicamente que ese “caso particular” no sólo ha violado las leyes chinas sino que también ha dañado los sentimientos de la gente. Los dirigentes maoístas interpretan la voluntad de su pueblo sin que existan instituciones que la representen.
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