El presidente Mesa de Bolivia ha estado enfrentando una profunda crisis, pero el pueblo boliviano lo ha venido apoyando y las últimas encuestas le otorgan 70% de respaldo. En los meses que lleva en el cargo ha impulsado una Ley de Hidrocarburos para mejorar los ingresos de su país pero se enfrenta a dos poderosas fuerzas que por motivos distintos, se han unido para no permitirla.
Políticas Públicas
En el Congreso, mayoritariamente constituido por representantes de las viejas fuerzas políticas, acostumbradas a negociar sus votos por prebendas o cuotas de poder, han impedido la aprobación de la ley poniendo de lado los intereses del país para tratar de lograr beneficios personales. Esas fuerzas, deslegitimadas por el bajo caudal de votos con el que resultaron electas, han encontrado en Evo Morales un aliado circunstancial, sin darse cuenta que puede ser quien en el futuro los acabe.
Este diputado, que no viene de la vieja política pero que busca mediante mecanismos de protesta extremos desestabilizar la gobernabilidad de su país para producir un cisma que lo termine llevando al poder, también antepone sus aspiraciones personales a las conveniencias del pueblo boliviano. Es capaz de contradecirse respecto a sus posiciones con tal de producir la crisis. Hace poco tiempo mandaba a votar NO en el referendo que se celebró en Bolivia, mientras que hoy exige al gobierno exactamente lo mismo por lo cual pedía al pueblo boliviano que votara negativamente.
Ello lo desnuda como un ser obsesionado por llegar al poder a cualquier precio. Mientras contribuye a impedir la aprobación de la Ley de Hidrocarburos, convoca a sus seguidores para bloquear las principales vías de comunicación no permitiendo la libre circulación de bienes y personas por el territorio boliviano, sin ofrecer ninguna solución distinta.
EL PRESIDENTE MESA se ha negado a usar la fuerza pública para derramar la sangre de sus compatriotas, a lo que muchos apostaron para acrecentar la crisis. Prefirió presentar su renuncia. Ante la reacción de apoyo popular, el Congreso no pudo aceptársela. Ahora propone un adelanto de las elecciones presidenciales, parlamentarias y una elección concurrente de mandatos para conformar una Constituyente que le permita a Bolivia una salida pacífica.
NO PODEMOS SABER aún si es cierto o falso que el presidente Chávez ha estado ayudando económicamente a Evo Morales, pero lo que sí sabemos es que nuestro gobierno se ha declarado públicamente como “amigo de Evo Morales”. De hecho, ha venido varias veces a nuestro país invitado siempre por el presidente Chávez. Cabe preguntarnos por qué para los chavistas el método de lucha política de Evo Morales sí es legítimo mientras que en Venezuela han producido una reforma al Código Penal mediante la cual se tipificó como delito el obstaculizar las vías públicas. En todo caso, Morales viene hasta ahora perdiendo su batalla pues el presidente Mesa cuenta con un altísimo nivel de apoyo popular.
Parece que los bolivianos no se han dejado enamorar por cantos de sirena, conscientes de que las prácticas de los políticos tradicionales han fracasado, tampoco parecen haberse animado a seguir mayoritariamente a quien se presenta como el redentor de los pobres. A diferencia nuestra, existe un presidente Mesa, que no viene de los partidos tradicionales y a quien nadie puede vincular a las viejas prácticas del reparto de cuotas y prebendas. Le ha hablado claro a los bolivianos y su pueblo le ha respaldado.
RESULTA CLARO QUE en América Latina los discursos populistas y reivindicadores tienen pegada, pues la injusta distribución de las riquezas ha generado una mayoritaria población excluida. En este panorama no caben amenazas de voceros de la Administración Bush pues generan más rechazo. Esa política en sus relaciones con Latinoamérica es errada. Lo correcto para que nuestra suerte no se reproduzca en otros países del continente, es generar un plan que ofrezca y permita el mejoramiento de los actuales niveles de pobreza. Pueblos pobres son fácilmente manipulables. Pensar que amenazas o mano dura podrán lograr resultados es ignorar la idiosincrasia propia de nuestros pueblos y la situación de pobreza extrema que en muchos de nuestros países se vive.
Una redefinición de las políticas de Washington podría producir un acercamiento a los gobiernos democráticos y podría evitar la proliferación de opciones en las cuales los evos morales puedan llegar a ser gobierno. Hoy el pueblo boliviano resiste pero ¿hasta dónde logrará permanecer apoyando a Mesa a quien no se le permite gobernar? Quizá la experiencia venezolana sirva de ejemplo a otros pueblos para entender que las soluciones que algunos presentan no guardan ninguna correlación con lo que un pueblo busca para superarse. Por ahora el presidente Mesa ha jugado duro y bien.
Fuente: El Universal (Venezuela)
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