América, Política

Los datos empañan la administración Obama

Su último Discurso sobre el Estado de la Unión fue anoche y desde su primer discurso, los votantes han estado esperando que sus 7 años de promesas de esperanza, cambio y recuperación económica fueran algo más que vacua retórica. Desafortunadamente, ése no es el caso.


En su primer Discurso sobre el Estado de la Unión en 2010, el presidente Barack Obama hizo la promesa de dar prioridad a la recuperación económica. Le imploró a Washington “probar algo nuevo”. Se comprometió a no dejar a los americanos sumidos en “un cerro de deudas” y se comprometió a seguir política que ayude a “frenar” la deuda federal.

Su último Discurso sobre el Estado de la Unión fue anoche y desde su primer discurso, los votantes han estado esperando que sus 7 años de promesas de esperanza, cambio y recuperación económica fueran algo más que vacua retórica. Desafortunadamente, ése no es el caso. Según casi todos los indicadores económicos, los dos mandatos del presidente Obama han sido todo un fracaso económico.

Ese cerro de deudas que Obama se comprometió a frenar es ahora más grande que nunca antes. La deuda nacional era de $10.6 billones cuando Obama llegó al poder en 2009. En la actualidad es $18.9 billones: Eso es un aumento de un asombroso 80%  en tan sólo siete años, el mayor incremento de la historia. Nuestra deuda pública ahora eclipsa el tamaño de nuestra economía.

A pesar de haber señalado inicialmente que estaba abierto a frenar el gasto discrecional, el presidente en realidad hizo una prioridad usar cada vez más gasto discrecional.

Al trabajar con una amplia coalición en el Congreso, Obama fue capaz de romper los topes de gasto después del embargo de fondos aprobado en 2011, una de las pocas medidas que ha tenido éxito en limitar el gasto en los últimos años. El gasto federal ya está camino de los $4,000 millones anualmente para el fin del mandato del presidente, una suma que comprende una quinta parte de la economía. De la mano con el Congreso, Obama ha subido reiteradamente el límite de la deuda sin realizar reformas del gasto. La última medida incluso suspendió el límite hasta marzo de 2017, dando en efecto al Tesoro un cheque en blanco para pedir prestado hasta entonces.

El presidente ha señalado que, a pesar de que la deuda y el gasto se han disparado, los déficits se han reducido a su nivel más bajo desde que asumió el cargo.

Esto es cierto. Pero por ello habría que agradecer mayormente al Congreso por haber impuesto límites presupuestarios a los que Obama se ha opuesto con enorme vehemencia, así como a los contribuyentes que devolvieron los ingresos fiscales al promedio histórico a medida que la economía mejoraba. Y no se deje engañar por este alivio temporal: la Oficina de Presupuesto del Congreso (CBO) estima que según la actual trayectoria de la nación, el déficit volverá a niveles de billones de dólares dentro de una década.

Esta trayectoria se ha visto agravada por la negativa del presidente a cumplir con su promesa de campaña acerca de la reforma de los derechos a beneficios, una agenda a la que efectivamente se ha opuesto al propugnar la expansión de Obamacare y Medicaid.

Este gasto público sin precedentes se vio impulsado por algunos de los mayores aumentos de impuestos de la historia. Durante el mandato de Obama, que ha afectado a los americanos con miles de millones en subidas a los impuestos sobre la nómina, ganancias de capital y dividendos, ingresos obtenidos y el impuesto a la muerte, se estima que los aumentos de impuestos sólo en Obamacare alcancen un total de casi $800,000 millones hasta el año 2022.

Pero eso no es todo. Esta administración ha decretado más regulación que cualquiera de sus predecesores. En sólo seis años, la Casa Blanca de Obama ha puesto en marcha 184 enormes normativas reguladoras, costando a la economía por lo menos $80,000 millones al año y obviando el proceso legislativo en favor del decreto presidencial.

¿Qué es lo que ha traído todo este gasto, impuestos, regulación y nueva deuda?

La recuperación más lenta desde la Gran Depresión. El estímulo de $800,000 millones no generó los puestos de trabajo “de rápida implementación” que el presidente había prometido. Peor aún, este aumento masivo del gasto, además de las subidas de impuestos y la deuda que venían con esa iniciativa, acabó dificultando la recuperación.

Aunque el desempleo, sin duda, ha bajado como sucede en cualquier recuperación, hoy hay menos americanos en la fuerza laboral que en cualquier otro momento desde 1977. Esto ayuda a explicar por qué las cifras de desempleo del gobierno son tan bajas ahora.

Entonces, ¿adónde han ido las personas que han dejado de trabajar o de buscar trabajo? Muchos han huido del mercado laboral y han acabado en los abúlicos brazos del gobierno omnipresente. El gasto social total según ingresos ahora es de más de $1 billón anual, el más alto jamás visto a pesar de que la recesión supuestamente terminó en 2010. Más de 45 millones de personas, uno de cada siete americanos, recibe cupones de alimentos, un notable aumento del 63% desde lo peor de la recesión en 2009.

Cada vez más trabajadores de la población activa se registran en la lista de discapacitados – y allí se quedan. Cinco por ciento de los trabajadores en edad laboral ahora dependen de beneficios por incapacidad en lugar de depender de un trabajo – el mayor y un salto cualitativo desde el 4.6% de 2009. La promesa de Obama de centrarse en una verdadera recuperación de la clase media ha fracasado en favor de la construcción de un estado de dependencia perpetua.

Y ¿recuerda esos rescates bancarios el presidente dijo que “odiaba”? Obama los continuó con otra serie de rescates del gobierno. El año pasado firmó un rescate con dinero del contribuyente, $70,000 millones, para el fondo fiduciario de carreteras, que hasta hace poco era financiado exclusivamente por los usuarios de nuestro sistema de transporte.

Esto se produjo sólo un mes después de que Obama abogara por un plan de rescate del programa de Seguro de Incapacidad por $150,000 millones, “reasignando” fondos de las cuentas de jubilación de la Seguridad Social que tienen obligaciones mucho más grandes y sin financiación en el futuro. En ambos casos, estos rescates eran mucho más fáciles y más políticamente convenientes que esforzarse en hacer verdaderas reformas.

Sin temor a equivocarme, el resultado general ha sido una continuación (de hecho, una exacerbación) de la forma de operar como de costumbre en Washington: más gasto, regulación y acumulación de más deuda que nunca. La economía y todos los americanos están peor debido a ello.

¿Qué deberíamos hacer? Cambiar no es fácil, pero necesitamos que el próximo presidente sea uno que lidere y trabaje con el Congreso en estos vitales temas económicos. Juntos tienen que hacer frente al incesante crecimiento del gasto con el fin de comenzar a poner la deuda de la nación bajo control y reducirla. Es una tarea de enormes proporciones, pero hay que restringir el crecimiento incesante del gasto, los impuestos, la regulación y la deuda nacional para garantizar la libertad y la vitalidad económica para salvaguardar nuestra posteridad.

© Libertad.org

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