Política

Los enormes y verdaderos beneficios de la globalización

“No hay absolutamente nada único en la pérdida de empleos causados por cambios en el patrón o la intensidad del comercio internacional en comparación con las pérdidas de empleo causadas por los cambios en el patrón de intensidad del comercio nacional. Ídem para las pérdidas de empleos causadas por los cambios tecnológicos.”

Don Boudreaux

ary Hufbauer y Paul Grieco, del Institute for International Economics, firman
este bonito
editorial
del Washington Post de hoy. En él, informan de que su
investigación empírica concluye que el comercio más libre tiene un rédito
material significativo para los americanos.


 


Era de
esperar.


 


He aquí su resumen de sus
hallazgos:


 


Utilizando cuatro métodos
distintos, estimamos que la combinación de la reducción de las distancias —
gracias a buques contenedores, las telecomunicaciones y otras tecnologías nuevas
— y las barreras políticas más bajas al comercio y la inversión internacionales
genera un incremento de los ingresos en Estados Unidos de un trillón de dólares
al año en bruto (medidos en dólares del 2003), o cerca del 10% del producto
interior bruto. Esto se traduce en unos beneficios en los ingresos anuales de
cerca de 10.000 dólares por habitante.


 


Este editorial se basa en
investigaciones divulgadas más ampliamente en este ensayo
por Hufbauer y Grieco y Scott Bradford.


 


Mi único desacuerdo con el
editorial de Hufbauer y Grieco es su afirmación de que “es moralmente imperativo
afrontar las pérdidas privadas en que se incurre a causa de la deslocalización
de la mano de obra”.


 


Afrontar tales pérdidas tal vez
sea imperativo políticamente. Pero no hay nada de imperativo moralmente en
absoluto. Un motivo — que expliqué antes aquí — es que no hay absolutamente
nada único en la pérdida de empleos causados por cambios en el patrón o la
intensidad del comercio internacional en comparación con las pérdidas de empleo
causadas por los cambios en el patrón de intensidad del comercio nacional. Ídem
para las pérdidas de empleos causadas por los cambios
tecnológicos.


 


La pérdida de puestos de trabajo
— como la creación de puestos de trabajo — son una parte natural de una
economía de mercado.


 


La presente histeria acerca de la
“deslocalización” – es decir, la importación de servicios – hace que los
opositores al libre comercio se hagan pasar por defensores del trabajador que ha
perdido su puesto de trabajo incluso aunque estos trabajadores “jugaron según
las reglas”. El Senador John Edwards, por ejemplo, durante su apuesta por su
nominación presidencial Demócrata, habló repetidamente de “gente que jugó según
las reglas”, pero a la que sin embargo le dieron la patada a causa del comercio
con extranjeros. La premisa es que jugar según las reglas debería ser bastante
para protegerte de perder tu empleo.


 


Apelar a las reglas es poderoso.
Cualquiera comprende que romper las reglas previamente acordadas está
mal.


 


Pero no hay norma en una sociedad
libre que diga que si juegas según las reglas – si trabajas duro, recibes una
educación, y eres una persona de integridad – tienes garantizado que nunca
perderás tu puesto de trabajo. Dicho diferente, el hecho de que la gente
honesta, decente y trabajadora pierda en ocasiones su puesto de trabajo no es
prueba de injusticia, mala práctica, engaño o política
pobre.


 


Si el gobierno intentara alguna
vez implementar una norma que garantizase que ningún cumplidor de las normas
perderá nunca su empleo, el gobierno tendría que (intentar) congelar donde está
el presente patrón de actividad económica. Los consumidores serían disuadidos de
cambiar sus patrones de gasto; la tecnología nueva sería ilegalizada; la
búsqueda de mayor eficacia estaría prohibida; los cambios demográficos serían
ferozmente regulados por el gobierno. Nada que amenace la reducción
significativa de la demanda de la producción de cualquier industria existente
estaría tolerado – dado que tal reducción de la demanda implica una reducción de
la producción en esa industria y, en consecuencia, la pérdida de puestos de
trabajo en esa industria.


 


El crecimiento económico se
detendría; de hecho, cambiaría de avanzar rápidamente a retroceder rápidamente,
dado que cualquier avance de la economía con este tipo de regulación
gubernamental colapsaría.


 


Un conjunto de normas reales en
una sociedad libre orientada al mercado es lo siguiente: cada trabajador llega a
disfrutar un estándar de vida que es increíblemente alto según los estándares
históricos, y que probablemente continuará creciendo con el tiempo; cada
trabajador puede gastar e invertir sus ganancias bastante según lo [estime] apropiado y [puede] buscar acuerdos incluso mejores para el gasto y la inversión
de sus beneficios. Los empresarios e inversores pueden producir y ofrecer a la
venta lo que quieran. Si, como ha sido el caso durante bastante, los
consumidores pagan lo bastante por el producto de una firma A, la firma A
prospera. Cuando los consumidores eligen reducir las cifras que gastan en los
productos de la firma A, la firma A reduce su producción (quizá hasta [decide] cerrar). Toleramos — de hecho, celebramos — el cambio económico, porque, en
las sociedades de mercado, ese cambio es otro nombre para el crecimiento
económico que nos trae mayor y más extensa prosperidad.


 


Proteger a los trabajadores “que
juegan según las reglas” contra la pérdida de puestos de trabajo requeriría que
el gobierno rompiera casi todas las reglas de una sociedad civil libre y
próspera.



Fuente: Blog Café Hayek 


 

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