Seguridad
Permítame hacer una observación preliminar acerca del título de esta sesión: ´el
retorno del espíritu de Munich´ – un título que encuentro algo optimista. En
Munich, en 1938, Francia e Inglaterra, agotados por la cifra de muertos de la
Gran Guerra, abandonaron Checoslovaquia a la bestia Nazi, con la esperanza de
que al hacerlo, evitarían otro conflicto. ´El espíritu de Munich´ alude así a
una política de estados y pueblos que rechazan confrontar una amenaza, e
intentan obtener paz y seguridad mediante la conciliación y el apaciguamiento, o
incluso, en algunos casos, la colaboración activa con los criminales.
Por mi parte, diría que hemos ido más allá del espíritu de Munich, y la
situación presente no debería haberse en el contexto de la Segunda Guerra
Mundial, sino en el presente contexto jihadista.
De hecho, durante los
últimos treinta años, Francia y Europa viven una situación de auto defensa
pasiva contra el terrorismo. Ésta comenzó con el terrorismo palestino y, en el
entonces terrorismo islámico, por no hablar del terrorismo europeo local,
incluyendo el IRA en Gran Bretaña, ETA en España, el grupo Baader-Meinhof en
Alemania o las Brigadas Rojas en Italia.
Un vistazo a nuestras ciudades,
aeropuertos y calles, a las escuelas con sus guardias y seguridad, incluso a los
sistemas de transporte público, por no mencionar las embajadas y las sinagogas
— basta para ver el sorprendente abanico de servicios de seguridad y de policía
al completo. El hecho de que las autoridades de todas partes rechacen nombrar al
enemigo, no niega a ese enemigo.
Pero sabemos perfectamente bien que
llevamos bajo amenaza desde hace mucho tiempo; una sólo necesita abrir los ojos
y nuestras autoridades lo saben mejor que cualquiera de nosotros, porque son
ellas las que han ordenado estas medidas de seguridad en nuestras ciudades,
aeropuertos, y calles, en las escuelas con sus protectores de seguridad, incluso
en los sistemas del transporte público, sin mencionar las embajadas, y las
sinagogas — para ver el arsenal asombroso del conjunto de policía y de
servicios de seguridad; una sólo tiene que abrir los ojos y nuestras autoridades
lo saben mejor que cualquiera de nosotros, porque son ellas los que han ordenado
estas mismas medidas de seguridad.
En su libro La vida diaria en la
Europa medieval bajo dominación árabe, publicado en 1978, Charles-Emmanuel
Dufourq, un especialista francés en Andalucía (España islámica) y el Magreb,
describe bajo el subtítulo ´Un gran Temor´ las condiciones de vida de
los pueblos nativos no musulmanes en el espacio andaluz. (1) Hoy, la propia
Europa vive bajo este Gran Temor.
En Munich la guerra no se había
declarado aún. Hoy la guerra está en todas partes. Y aun así, la Unión Europea y
los estados que la abarcan han negado la realidad de esa guerra, con el ataque
terrorista de Madrid del 11 de marzo del 2004 justo delante de las narices. Si
hay un peligro pues que Europa proclama urbi et orbi, ese peligro sólo puede
venir de América y de Israel. ¿Qué debe entender una?. ¿Puede haber alguien que
sostenga en serio que son las fuerzas norteamericanas y las israelíes las que
nos amenazan en Europa?. No, lo que tiene que entenderse es que las políticas
norteamericanas e israelíes de resistencia al terror jihadista provocan
represalias contra una Europa que ha dejado de defenderse desde hace tiempo. Así
que para que la paz pueda prevalecer por todo el mundo, sólo se necesita que
esos dos países, América e Israel, adopten la estrategia europea de rendición
constante, basada en la negación de la agresión. Cuán simple…
Esta
estrategia es menos digna incluso que la connivencia y cobardía de Munich. En
Munich se contemplaba una especie de futuro, incluso si la guerra, o la paz,
iban a determinar el futuro. Había una elección. En la situación actual no hay
opción, porque negamos la realidad del peligro de la jihad. El único peligro
viene, presuntamente, desde Estados Unidos e Israel. Llevamos a cabo una campaña
propagandística en los medios contra estos dos países, antes de entrar en una
fase aún más agresiva; es mucho más fácil, mucho menos peligroso… Y llevamos a
cabo esta campaña con el arsenal de la cobardía: la difamación, la
desinformación, la corrupción de políticos sobornables.
En la época de
Munich, una podía considerar que habría batallas que podrían ganarse. Estaba por
lo menos la frontera Maginot para defensa. En Europa hoy, dominada por el
espíritu de la dhimmitud – la condición de sumisión de judíos y cristianos a la
dominación musulmana – no hay batalla concebible. La sumisión, sin una sola
lucha, ha tenido lugar ya. Una maquinaria que ha hecho de Europa el nuevo
continente de dhimmitud arrancó hace más de 30 años por instigación de
Francia.
Entonces se trazó primero una extensa política, una simbiosis de
Europa con los países árabes musulmanes, que dotaría a Europa – y especialmente
a Francia, el principal promotor del proyecto – del peso y el prestigio
[necesarios] para rivalizar con Estados Unidos (2). Esta política fue emprendida
de modo absolutamente discreto, fuera de tratados oficiales, bajo el nombre
sonoramente inocente de Diálogo Euro-Árabe. Se creó una asociación de
parlamentarios europeos de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1974 en
París: la Asociación Parlamentaria de Cooperación Euro-Árabe. Se le confió la
gestión de todos los aspectos de las relaciones euro – árabes – financieros,
políticos, económicos, culturales, y los referentes a la inmigración. Esta
organización funcionó bajo los auspicios de los jefes gobierno europeos y de sus
Ministros de Asuntos Exteriores, trabajando de cerca con sus homólogos árabes, y
con los representantes de la Comisión Europea, y la Liga Árabe.
Esta
estrategia, la meta de la cual era la creación de una entidad euro – árabe
pan-mediterránea que permitiera la libre circulación de personas y bienes,
también determinó la política de inmigración con respecto a los árabes en la
Comunidad Europea (CE). Y, durante los últimos 30 años, también estableció las
políticas culturales relevantes en las escuelas y universidades de la CE. Desde
la primera reunión del Diálogo Euro – Mediterráneo en 1975, a la que asistieron
los ministros y jefes de estado tanto de países árabes como de europeos y
representantes de la CE y la Liga Árabe, se han concluido acuerdos concernientes
a la difusión y promoción del islam en Europa, de la lengua y de la cultura
árabes, a través de la creación de centros culturales árabes en ciudades
europeas. Otros acuerdos siguieron pronto, todos con intención de garantizar una
simbiosis euro – árabe cultural, económica y política. Estos esfuerzos a largo
plazo implicaron a las universidades y a los medios (escritos y audio-visuales),
e incluso incluyeron la transferencia de tecnología, incluida la nuclear.
Finalmente se promovió una sociable diplomacia euro – árabe en foros
internacionales, especialmente en Naciones Unidas.
Los árabes fijaron
las condiciones para esta asociación: 1) una política europea independiente y
opuesta a la de Estados Unidos; 2) el reconocimiento por parte de Europa de un
“pueblo palestino”, y la creación de un estado “palestino”; 3) apoyo europeo a
la OLP; 4) la designación de Arafat como el representante único y exclusivo de
ese “pueblo palestino”; 5) la deslegitimación del Estado de Israel, histórica y
políticamente, su reducción a fronteras no viables, y la arabización de
Jerusalén. Desde el estallido, guerra europea oculta contra Israel, mediante
boicot económico, y en algunos casos mediante boicot académico también, con
vilificación deliberada, y expansión tanto del antisemitismo como del
antisionismo.
Durante las últimas tres décadas, un número considerable
de acuerdos no oficiales entre los países de la CEE (posteriormente la UE) por
una parte, y los países de la Liga Árabe por otra, determinaron la evolución de
Europa en sus aspectos políticos y culturales actuales. Citaré aquí solamente
cuatro de ellos: 1) se entendió que los europeos que tratarían con inmigrantes
árabes se someterían a entrenamiento sensible especial, para apreciar mejor sus
costumbres, sus comportamientos; 2) los inmigrantes árabes permanecerían bajo el
control y las leyes de sus países de origen; 3) los libros de texto de historia
en Europa serían reescritos por equipos conjuntos de historiadores europeos y
árabes – naturalmente las Batallas de Poitiers o Lepanto, o la Reconquista
española, no tienen el mismo significado a ambos litorales del Mediterráneo; 4)
la enseñanza del árabe y de la cultura árabe e islámica debían ser impartidas en
las escuelas y las universidades de Europa, por profesores árabes duchos en la
enseñanza de europeos.
La situación
hoy
En el frente político, Europa ha atado su destino a
los países árabes, y así ha llegado a estar implicada en la lógica de la jihad
contra Israel y Estados Unidos. Cómo podría Europa denunciar la cultura de
veneno jihadista que exuda de sus aliados, si durante tantos años hizo de todo
para activar la jihad ocultándola y justificándola, afirmando que el peligro
verdadero no viene de los propios jihadistas, sino de los que se resisten a los
jihadistas árabes, los mismos aliados a los que Europa sirve en cada reunión
internacional, y en los medios europeos.
En el frente cultural, ha
tenido lugar una reescritura completa de la historia, llevada a cabo primero
durante los años 70 en universidades europeas. Este proceso fue ratificado en
asamblea parlamentaria por el Consejo de Europa en 1991, en su reunión dedicada
a “La contribución de la civilización islámica a la cultura europea”. Fue
reafirmado por el Presidente Jacques Chirac en su discurso del 8 de abril de
1996 en El Cairo, y reforzado por Romano Prodi, presidente de la Comisión
Europea, a través de la creación de una “Fundación del Diálogo de Culturas y
Civilizaciones” que iba a controlar todo lo que se decía, escribía y enseñaba en
el nuevo continente de Eurabia, que abarca Europa y los países árabes.
La dhimmitud de Europa comenzó con la subversión de su cultura y de sus
valores, con la destrucción de su historia y su reemplazo por una visión
islámica de esa historia, apoyada en el mito romántico de Andalucía. Eurabia
adoptó el concepto islámico de historia, en el que se define el islam como una
fuerza de liberación, una fuerza de paz, y la jihad se ve como “una guerra
justa”. Los que se resisten a la jihad, como los israelíes y los americanos, son
los culpables, en lugar de los que la emprenden. Es esta política la que se nos
ha inculcado a nosotros, los europeos, el espíritu de dhimmitud que nos ciega,
la que inculca en nosotros el odio a nuestros propios valores, y el deseo de
destruir nuestros propios orígenes y nuestra propia historia. “El mayor timo
intelectual sería permitir que Europa continúe creyendo que se deriva de una
tradición judeo – cristiana. Eso es una total mentira”, indica Tarik Ramadán
(3). Y así despreciamos a George Bush, porque él todavía cree en esa tradición.
Qué simplones esos americanos…
El espíritu de dhimmitud no es simplemente
la sumisión sin lucha, ni siquiera el de rendirse. Es también la negación de la
propia humillación mediante este proceso de integrar los valores que conducen a
nuestra propia destrucción; son los mercenarios ideológicos que se ofrecen
voluntariamente para el servicio a la jihad; es el tributo tradicional pagado
por cuenta propia, y con humillación, por los dhimmis europeos, para obtener una
seguridad falsa; es la traición del propio pueblo de uno. El dhimmi no musulmán
protegido bajo dictadura islámica podía obtener una seguridad efímera y engañosa
con los servicios rendidos al opresor musulmán, y con servilismo y adulación. Y
ésa es exactamente la situación de Europa hoy.
La dhimmitud no es sólo un
sistema de leyes abstractas inscritas en la shari´a, es también un sistema
complejo de comportamientos desarrollados a lo largo del tiempo por los propios
dhimmis, como modo tanto de adaptarse, como de sobrevivir a la opresión, a la
humillación, a la inseguridad. Esto ha producido una mentalidad particular así
como los comportamientos sociales y políticos esenciales para la supervivencia
del pueblo que, en cierto sentido, seguiría siendo siempre rehén del sistema
islámico.
Los dhimmis son seres inferiores que experimentan
humillaciones y agresiones en silencio. Sus agresores, mientras tanto, gozan de
una impunidad que sólo aumenta su odio y su sensación de superioridad,
garantizada por la protección de la ley. La cultura de dhimmitud que se expande
por Europa es la del odio, de crímenes contra los no musulmanes que van sin ser
castigados, una cultura que se importa de los países árabes junto con el
“palestinismo”, la nueva subcultura europea que ha sido elevada al nivel de
culto de la Unión Europea, y su bandera de guerra exaltada contra Israel.
En Munich, en 1938, Francia no había renunciado a su propia cultura, su
propia historia, volviéndose alemana; no ha proclamado que la fuente de su
propia cultura era la civilización alemana. El espíritu de dhimmitud que ciega
hoy a Europa no sale de una situación impuesta desde fuera, sino de una elección
hecha libremente, y realizada sistemáticamente, en sus dimensiones políticas, a
lo largo de los últimos 30 años.
El reconocido erudito en islam William
Montgomery Watt, describió la desaparición del mundo cristiano en los países que
habían sido islamizados, en su libro La Majestad que era el islam (1974): “No
hubo nada dramático en lo que sucedió; fue una muerte apacible, una eliminación
progresiva”. (4) Sólo que Montgomery Watt estaba equivocado; de hecho, los
estertores de muerte del cristianismo bajo el islam fueron extremadamente
dolorosos y trágicos, como puede verse en el siglo XX, con el genocidio de los
armenios, o la resistencia de los cristianos libaneses en los 70 – 80, o durante
las últimas décadas de genocidios en Sudán, y finalmente la implacable jihad
árabe contra Israel, que es solamente uno de los ejemplos de lucha histórica de
los pueblos dedicados a luchar por la libertad contra la dhimmitud, por la
dignidad del hombre contra la esclavitud de la opresión y del odio. Pero esa
observación de Montgomery Watt — acerca de la “muerte apacible, la eliminación
progresiva” se aplica perfectamente a Europa hoy.
Notas:
1)
Charles-Emmanuel Dufourq, La Vie Quotidienne dans l´Europe Médiévale sous
Domination Arabe, Hachette, París, 1978; este libro examina la conquista y
colonización árabes de Andalucía — ver capítulo 1, “Les Jours de Razzia et
d´Invasion”. Agradezco al Dr. Andrew Bostom haber llamado mi atención sobre la
obra de Charles-Emmanuel Dufourcq, parte de la cual será incluida en su próximo
compendio de ensayos y documentos, El legado de la jihad, Nueva York, Prometheus
Books, 2005.
2) Pierre Lyautey (el sobrino de Marshall Lyautey): “Le
nouveau rôle de la France en Orient”, l´Academie des Sciences d´Outre-Mer, 4 mai
1962, p.176, de Jacques Frémeaux, Le monde arabe et la sécurité de la France
depuis 1958, PUF, París 1995.
3) Tarik Ramadán, “Critique des (nouveaux)
intellectuels communautaires”, Oumma.com, 3 de octubre del 2003.
4)
William Montgomery Watt, La majestad que fue el islam. El mundo islámico,
66-1100. Londres: Sidgwick & Jackson, 1974, P. 257.