Política

Los temores europeos a la yihad unida

El autor revela una trama según la cual, conforme el terrorismo islámico y palestino se fue desarrollando, la UE — impaciente por salvar sus múltiples y cada vez mayores intereses en el mundo musulmán — acusó a Israel y a Estados Unidos de provocarlo.

Opinión: Bat Ye´or
Las manifestaciones europeas pro – Saddam de febrero del 2003 que sacaron a
millones a las calles de las capitales europeas son la culminación de la visión
política de Charles de Gaulle de un destino europeo liderado por Francia.
Durante la Segunda Guerra Mundial, de Gaulle era el líder de la resistencia
francesa contra los Nazis, pero su anti – americanismo de posguerra sobrepasó al
de muchos de sus enemigos previos. La hostilidad hacia América y el
antisemitismo eran fuertes en distintos círculos franceses: los comunistas, la
izquierda, y particularmente entre los numerosos políticos, funcionarios,
intelectuales y hombres de negocios que habían colaborado solícitamente con los
alemanes. Esas corrientes políticas tenían vínculos importantes con el mundo
árabe – musulmán.

La visión de de Gaulle se proponía restaurar a Francia
en un papel dominante de los asuntos políticos, mediante la construcción de una
Europa fuerte y unida como contrapeso a la potencia americana. Tras la pérdida
de Argelia en 1962, la última colonia árabe de Francia, de Gaulle orientó su
política hacia el mundo árabe – musulmán. Durante los años 60, se elaboró una
política mediterránea francesa, que ligaría como una unidad geoestratégica
económica y política a la Comunidad Europea (CE) y a los países de la Liga
Árabe. Pero la colaboración árabe tenía un precio: la eliminación de Israel. A
pesar de los esfuerzos de Francia por acercar a sus socios europeos a las
visiones árabes, muchos países se mostraron reticentes a seguir esta
trayectoria. En aquel tiempo, el conflicto árabe – israelí no provocaba el menor
interés o declaración por parte de la CE.

Tras la guerra sirio – egipcia
de octubre de 1973 contra Israel, y la tercera derrota árabe, los productores
árabes de petróleo declararon un embargo de crudo, incrementaron el precio del
petróleo en cuatro veces, redujeron la producción y clasificaron a los países
importadores en amigos, enemigos o neutrales. Esta vez, las maniobras de Francia
para alinear a la CEE con la política árabe anti israelí creando un bloque
fuerte Euro – árabe tuvieron éxito. Los nueve países de la CEE, reunidos en
Bruselas (6 de noviembre de 1973) publicaron una resolución conjunta, que
aprobaba la política franco – árabe en lo que se refiere a Israel.

En
1974 se fundó la Asociación Parlamentaria de Cooperación Euro – Árabe, para
consolidar la cooperación política, económica y cultural entre Europa y el mundo
árabe. La asociación tenía cerca de 600 miembros en los 18 parlamentos
nacionales de los países de la Unión Europea ampliada (UE), así como en el
Parlamento Europeo – y todas las principales tendencias de la política europea
estaban representadas. Esta asociación organizó reuniones regulares con líderes
y políticos árabes y sirvió como canal entre ellos y los gobiernos europeos, la
presidencia del Consejo de Ministros europeo, y la Comisión de Comunidades
Europeas. En otras palabras, era el lobby árabe más poderoso que funcionaba
mediante mecanismos europeos, construido en el seno de las instituciones
europeas para influenciar la política europea en su cumbre.

En los años
siguientes, este organismo fue reforzado con una estructura cultural, económica
y política bautizada como el Diálogo Euro – Árabe, que unió en lo más alto a la
CEE – para convertirse más tarde en la Unión Europea – y los países de la Liga
Árabe. Los europeos intentaron sustentar el Diálogo sobre las relaciones
económicas, mientras que los países árabes ligaron los mercados financieros y de
crudo con el alineamiento europeo en sus políticas anti israelíes. Incluso
aunque algunos países se mostraban reticentes a seguir esta trayectoria, las
proclamas conjuntas de la UE referentes al conflicto árabe israelí aprobaban los
puntos anti israelíes establecidos previamente por la Segunda Conferencia
Islámica de Lahore, Pakistán (febrero de 1974).

En adelante, una
diplomacia de asociación ligaría a los países árabes – musulmanes y a la UE,
desarrollada en los foros internacionales y especialmente en las decisiones
referentes al conflicto de Oriente Medio. Durante los simposios euro – árabes,
la amenaza del petróleo era enarbolada y se ejercía presión sobre la UE, como
recordatorio de que las relaciones económicas estaban inexorablemente ligadas al
alineamiento político de Europa con la política árabe antisionista. Sin embargo,
el Diálogo no se restringió a influenciar la política exterior europea contra
Israel y a separar Europa de América, también pretendía establecer una presencia
árabe – musulmana masiva en Europa mediante la inmigración y el asentamiento de
millones de musulmanes con los mismos derechos para todos, inmigrantes y
nacionales por igual. Esta política se esforzó por integrar a Europa y al mundo
árabe musulmán en un sólo bloque político y económico, mezclando poblaciones
(multiculturalidad) al tiempo que debilitando la solidaridad transatlántica y
aislando a América.

Para facilitar el asentamiento musulmán en
Occidente, se impusieron cambios en la escuela pública, las universidades y la
vida social. Los libros de texto fueron reescritos con vistas a aliviar la
susceptibilidad musulmana, y los estudios de Oriente Medio e historia islámica
pronto se adaptaron a las normas árabe – musulmanas y a su visión del mundo. Se
impusieron repetida y enfáticamente recomendaciones de extender el conocimiento
del árabe en Europa, y el aprendizaje de su historia y civilización islámicas
superiores. Cuando se tomaban estas decisiones, después se implementaba mediante
el mecanismo del Diálogo, que abarcaba cada país de la UE, una profunda
islamización cultural — mediante la red de escuelas, universidades y el bendito
clero islamófilo — condicionando la mentalidad de dos generaciones de jóvenes
europeos. A esta transformación cultural se añadió desde dentro de la presión
demográfica de la cada vez más numerosa inmigración musulmana y, sin que
faltara, la simbiosis a todos los niveles con el mundo árabe que la acompañaba.


Esta simbiosis construida en el sistema de Diálogo Euro – Árabe, y por
lo tanto aprobada por las más altas autoridades políticas de la UE, abarcó la
colaboración en la publicación de libros, los intercambios universitarios, la
televisión, la prensa y la radio, el acercamiento teológico, jornadas de jóvenes
y la intensa colaboración entre numerosas organizaciones no gubernamentales,
actividades humanitarias, sindicatos de trabajadores y relaciones económicas y
financieras. Se proporcionó entrenamiento militar, científico y nuclear como,
por ejemplo, el programa nuclear de Francia con Irak, que culminó en la
construcción del reactor nuclear de Osirak, destruido por Israel en
1981.

El desarrollo de esos lazos complejos entre el mundo árabe –
musulmán y la UE fue condicionado, en su núcleo, por una política anti israelí y
antiamericana, siendo la ambición árabe separar a Europa de su aliado atlántico.
Conforme el terrorismo islámico y palestino se desarrollaba, la UE — impaciente
por salvar sus múltiples y cada vez mayores intereses en el mundo musulmán —
acusó a Israel y a Estados Unidos de provocarlo. En lugar de afrontar el
terrorismo islámico, los líderes europeos recurrieron al apaciguamiento mediante
la condena de Israel. El antisemitismo, integrado en las relaciones euro –
árabes en desarrollo, se convirtió en una subcultura europea de odio, de
inmigración y desinformación, nutrida mediante la dinámica interna del Diálogo
Euro – árabe que condujo al ascenso de Eurabia. Las opiniones opuestas fueron
silenciadas para mantener una façade monolítica de corrección islámica en la
prensa y en las publicaciones. A partir de septiembre del 2000, el estallido del
terrorismo palestino dentro de Israel promovió una violenta ola antisemita en
Europa, dado que ésta se ha convertido en el corazón del arabismo.


Francia, Alemania y Bélgica, la troika que lidera Eurabia, impuso
órdenes monolíticas para la UE y sus satélites africanos. Una alianza con la
Organización de la Conferencia Islámica, que abarca a 56 países, proporcionaría
supremacía mundial en la ONU en algunos temas. La confianza del bloque Euro –
Árabe en la “legitimidad internacional” de la ONU se basa en su virtual control
de este foro. Esencial para la política de la Liga Árabe en lo referente a
Israel, Arafat — el padrino del terrorismo internacional — fue el regulador
clave entre la UE y los árabes. La UE pasó a ser la principal fuente financiera
de la Autoridad Palestina, y hasta la fecha el Parlamento Europeo rechaza
cualquier investigación del uso dado a más de 1 billón de euros de fondos
europeos del contribuyente transferidos a Arafat.

La crisis iraquí
enfrenta hoy a los gobiernos de la UE con tres décadas de política pusilánime
basada en el crudo, los mercados, los beneficios económicos a corto plazo y una
ambición imperialista de dominación. Hoy en Europa es prácticamente imposible
controlar el terrorismo islamista, ya sea desde dentro o desde fuera. Tampoco
puede aceptar la UE la destrucción de la simbiosis polifacética creada por todos
los partidos políticos europeos con el mundo árabe y musulmán, en detrimento de
su propia seguridad nacional. Europa ha sufrido un cambio estructural y
demográfico profundo, que no es percibido todavía completamente por los
europeos, mucho menos por los americanos. Esta transformación de una
civilización y cultura judeo cristiana mediante fuertes tendencias de
islamización crea los argumentos sociales, políticos y culturales para
confrontaciones que podrían provocar peligrosas implosiones sociales. El
alejamiento de los europeos de América no se debe, en consecuencia, a sus
requisitos morales superiores, como algunos analistas superficiales escriben. En
su lugar, este abismo revela un terror traumático a un terrorismo que la UE
siempre ha rehusado reconocer, echando la culpa en su lugar a Israel y a
América. Revela la preservación, a cualquier precio, de las dictaduras árabes y
musulmanas, Arafat incluido, con quien la UE construyó su estrategia política
económica e internacional, su poder y su seguridad. Y, más amenazante, indica
una profunda transformación, una mutación, mediante la cual una civilización se
derrumba hacia la “dhimmitud”. *

*Nota del autor: Dhimmitud se
deriva de la entrega del clero y los líderes políticos cristianos a los
ejércitos musulmanes de la yihad, y la sumisión a la dominación islámica tanto
de sus tierras como de sus pueblos. A cambio, reciben un compromiso de
protección (“dhimma”) del soberano musulmán – y el cese de la guerra de la
yihad. Esta “protección” estaba sujeta al pago de una tasa (jizya) fruto de la
extorsión a las poblaciones cristianas y judías derrotadas (dhimmis). A veces,
la sumisión cristiana al Islam se arraigaba en la ambición personal. La
dhimmitud indujo a menudo al auto odio y al odio a los judíos y a los cristianos
que se oponían a la dominación musulmana. La dhimmitud cristiana ha sido una
fuerza mundial para la islamización a través de la historia.


Fuente:
GEES

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