Política

Ministra de tercer plato

Existe una explicación, más allá de la propia percepción del mundo y la política que tiene el actual presidente del Gobierno, para que Ángeles González-Sinde fuera nombrada ministra de Cultura. Según nos cuentan personas bien informadas sobre las cosas de ese departamento, Rodríguez Zapatero había ofrecido el puesto a otras dos personas que lo rechazaron.

Nos cuentan
Nadie que no estuviera cegado por unas ansias de poder absoluto quería ponerse al frente de un Ministerio que, dada la necesidad gubernamental de satisfacer las demandas de la SGAE y de los cada vez más impopulares profesionales del cine, daña gravemente la imagen de su titular. Máxime cuando las relaciones de César Antonio Molina con la mayor parte del Ejecutivo, presidente incluido, estaban muy dañadas por no querer ceder ante estos grupos de presión tanto como se deseaba en La Moncloa.

Sin embargo, González-Sinde (que en unas pocas horas ya se había convertido en la ministra más impopular debido a varias declaraciones antiguas y a los evidentes intereses personales que tiene en materia de subvenciones al cine) no ve inconveniente en haber sido el último recurso de Zapatero. Sabe que el presidente no tiene recambio para ella, por lo que tiene más fuerza para imponerle sus puntos de vista en el caso de que haya desacuerdo.

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