Políticos de la paz y sátrapas despiadados agregan a la muerte la palabra justicia
Me sobrecogió el 11-S y, cómo a casi todos, me invadió la tristeza y el temor. El atentado de New York dio lugar a la guerra de Irak y de Afganistán y contra esas guerras fraguó su popularidad el político americano, Nobel de la Paz, Barak Obama. He recordado, también con tristeza y temor, el 11-M en España y que un político español, Zapatero, peleó contra la guerra de Irak y alcanzó el poder al rebufo, quiero creer sincero, de la paz y la no violencia, horas después de la masacre de Atocha. Barbarie terrorista que Bin Laden, hoy ajusticiado por el político americano, nunca asumió. El dictador iraquí, Sadam Hussein, fue apresado, juzgado y ajusticiado. Bin Laden ha sido directamente ajusticiado o matado. Al dictador libio, Gadafi, le acaban de matar o ajusticiar un hijo y dos nietos en una guerra, la de Libia, que para tantos es hoy pertinente y justa. Gadafi, a su vez, ajusticia y mata. El dictador sirio, Al Assad, también mata y el mundo calla. Todo es un horror. Políticos de la paz y sátrapas despiadados agregan a la muerte la palabra justicia.
Y los líderes del mundo se han subido raudos al festín mediático y aplaudido la muerte de Bin Laden como “victoria” propia. Incluso el presidente del Perú, Alan García, considera que la muerte de Bin Laden es el primer milagro del beato Juan Pablo II. Vaya mamarrachada. Me quedo con el mensaje del sacerdote católico Federico Lombardi desde el Vaticano: “frente la muerte de un hombre, un cristiano no se alegra nunca, aprovecha la oportunidad para reflexionar sobre las graves responsabilidades de cada uno ante Dios y los hombres, y para comprometerse para que este acontecimiento no sea ocasión para un crecimiento ulterior del odio, sino de la paz”.
Hemos sabido que Bin Laden estaba ya localizado desde agosto pasado y que todo había empezado cuatro años antes en aquel brutal Guantánamo de Bush que Obama no cerró. ¿Por qué ahora? Un dato: sólo el 46% de los estadounidenses aprobaba la gestión de Obama antes de matar a Bin Laden. Yo me sumo a la opinión de Jesús Ramírez, victima del 11-M: “a estas alturas del siglo XXI me hubiera gustado mucho que lo hubieran detenido, encarcelado y juzgado. Hubiera querido verle ante un juez…Mi deseo es que se acabe con la violencia”. Ya verán, nos van a administrar el suceso en dosis pequeñas a interés de parte.
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