La política exterior se define por el interés del Estado y no por la ideología de los gobiernos.
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Martes, 21 de julio 2026

La política exterior se define por el interés del Estado y no por la ideología de los gobiernos.
Con las últimas novedades en materia de política exterior, pareciera que tras más de una década de desperdiciar oportunidades, Argentina finalmente estaría comprendiendo que la política exterior se define por el interés del Estado y no por la ideología de los gobiernos. Durante la nefasta década ganada las anteojeras ideológicas del populismo bolivariano determinaron que los sucesivos gobiernos en Argentina acompañen los extravíos de la dictadura venezolana, perjudicando seriamente las posibilidades de aprovechar las interdependencias a nivel global para ubicarnos en una posición favorable para crecer.
Hoy frente a la crisis del gigante sudamericano, agregado al colapso del Socialismo del S XXI y al estancamiento del MERCOSUR, tenemos una ventaja que obliga a nuestro país a reposicionarse frente al mundo. El interregno político brasilero nos deja mayor margen de maniobra para actuar rápidamente mientras aquél recompone sus circunstancias domésticas. A la vez la necesidad de impulsar de manera decidida el crecimiento económico argentino pasada la fiesta populista, coloca a nuestro país frente a una oportunidad imperdible para insertarse globalmente.
Según el índice Doing Business 2016 elaborado por el Banco Mundial, las cinco naciones latinoamericanas que sobresalen como las que más facilidad ofrecen para los negocios son México, Chile, Perú, Colombia y Costa Rica. Todos Estados que como estrategia en su relación con el mundo desde hace ya algunas décadas (Chile desde la década de 1970 y los otros desde la década de 1990) han optado por la integración comercial a los mercados internacionales, orientándose de manera pronunciada hacia las naciones del Pacífico. Otro índice que arroja similar resultado es el Índice Global de Competitividad, compilado por el Foro Económico Mundial, según el cual Chile es el mejor ubicado, seguido por Panamá, Costa Rica, México y Colombia. En el listado de Doing Business, hacia el final se ubican Haití, Bolivia y Nicaragua, mientras que en el último lugar en Latinoamérica aparece Venezuela. Es en este informe que destaca Argentina como la quinta economía peor ubicada en la misma región. No obstante esta situación podría cambiar si desde las áreas dedicadas al planeamiento estratégico locales se profundiza en algunas líneas de acción concretas.
La agonía del modelo venezolano liderado en estos años por Nicolás Maduro y la crisis coyuntural de Brasil configuran el contexto para que Argentina direccione su estrategia internacional hacia aquellos socios comerciales que exhiben mejores cualidades para los negocios, para atraer inversiones y aumentar la calidad de vida de su población maximizando las posibilidades de sus respectivos mercados gracias a las ingentes posibilidades que ofrece la globalización. De esta forma, hoy la adhesión a la OCDE y la incorporación a la Alianza del Pacífico aparecen como posibles lineamientos de la política exterior argentina que prometen grandes cambios a mediano y largo plazo; facilitando en breve abrirnos al mundo y estimular la economía interna, ayudando a descomprimir la situación política doméstica.
La OCDE es una de las organizaciones de cooperación más prestigiosas, que desde mediados del siglo pasado demarca los estándares con los cuales se han de conducir las relaciones comerciales entre las naciones, procurando facilitar una creciente interrelación económica a nivel global. Actualmente, los Estados de la región que forman parte de la misma son México y Chile. Las deliberaciones para el ingreso de Argentina tendrán lugar en Paris en el segundo semestre. El desafío para nuestro país es grande dado que el prolongado alejamiento argentino ha sido fruto de una decisión político-ideológica y se ha encontrado cargado de maniobras erráticas relativas al frente externo. Así el actual gobierno deberá dar argumentos razonables y muestras de un cambio real ante esta organización clave para nuestra reinserción en la escena internacional logrando paulatinamente estrechar lazos con las economías desarrolladas que la conforman. Por lo tanto, resultan positivas las declaraciones recientes de la Ministra Susana Malcorra quien expresara en estos días la necesidad de llevar a cabo las negociaciones con seriedad y profesionalismo para no defraudar las expectativas, cuestiones fundamentales para toda política de Estado que se precie.
Respecto a la Alianza del Pacífico, conformada por aquellos países que han demostrado mayor talento para los negocios: Chile, Perú, Colombia y México; Argentina apuesta a acercarse como observador con la intención de ingresar a paso firme en este grupo de países en el mediano plazo.
Los Estados que conforman la Alianza del Pacífico fundaron esta organización en el 2011 con los objetivos concretos de abrirse al mundo y captar capitales. Según Infobae, la misma concentra un 50% del comercio de América Latina y atrae el 41% de la inversión extranjera. Sus países firmaron un conjunto de tratados de libre comercio (TLC) con Estados Unidos y la Unión Europea, y eliminaron el 92% de los aranceles de los productos comercializados entre los estados miembros; además de tener una nutrida cantidad de vínculos con el resto del mundo, específicamente con el NAFTA y con Asia. Según Carlos Pérez Llana, una particularidad de su relacionamiento ha sido el hecho de que operan a nivel bursátil con relativa unidad, cuestión que ha facilitado fuertemente la integración económica con el resto del mundo. Estos países actualmente se hallan estrechando sus lazos con Asia en medio de las negociaciones del Acuerdo Transpacífico, un proyecto ambicioso que impulsa el presidente estadounidense Obama antes de que finalice su mandato, que incluye a Japón, Vietnam, Australia, entre otros.
Dado el éxito de la estrategia de la Alianza del Pacífico, que puede constatarse en los niveles llamativos de crecimiento económico de los mercados que la integran, el movimiento de Argentina en este sentido resulta uno de los cambios más significativos en la política exterior nacional desde que asumió Mauricio Macri la presidencia.
Teniendo en cuenta que Brasil tradicionalmente ha obstaculizado este tipo de direccionamientos, de hecho históricamente el vecino país ha ejercido un liderazgo hegemónico en Sudamérica procurando excluir a México de toda iniciativa, la crisis local brasilera exige a la cancillería argentina movimientos rápidos camino a su reposicionamiento internacional. Asimismo, se habrá de tener en cuenta el probable triunfo de Donald Trump en las elecciones generales de EEUU, que empuja a México a reconfigurar su agenda internacional en búsqueda de nuevos socios.
De esta forma, muy posiblemente nos encontremos hoy ante una oportunidad única de recomponer nuestros lazos con el mundo, teniendo en cuenta que los Estados permanecen mientras los gobiernos son temporales, razón suficiente para que tomen vigor las áreas de planificación estraté
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