Política

Oriente Medio: Desmitificando viejos tópicos

“Ahora mismo hay 22 conflictos activos por todo el globo en los que están implicados musulmanes. La mayoría de los musulmanes ni siquiera ha oído hablar de la mayoría de ellos, porque esos conflictos no brindan excusas para fomentar el odio contra Estados Unidos.”

Relaciones Internacionales
En su última incursión en Ramala, el ministro de exteriores británico Jack Straw identificó el conflicto palestino-israelí como el tema más importante entre Occidente y el mundo musulmán. Straw repetía la creencia extendida, según la cual, una solución a ese problema transformaría las relaciones entre el islam y Occidente de lo que es casi un choque de civilizaciones en una tierna camaradería.


 


¿Pero qué pasa si la creencia extendida estuviera equivocada?.


 


Acabo de pasar el mes de ayuno del ramadán entero en distintos países árabes, donde las largas noches se pasan comiendo, bebiendo café, y por supuesto, discutiendo de política.


 


No existen elecciones libres o encuestas de opinión en el mundo árabe. Así que nadie sabe lo que piensa en realidad la gran mayoría anónima. Lo mejor que puede hacer uno es fiarse de la evidencia anecdótica. Sobre esa base, acabé sabiendo que el tema palestino-israelí se encontraba bastante abajo en la lista de prioridades del hombre de la calle, pero [que era] algo que se aproxima a la obsesión para la élite política, intelectual y financiera.


 


En lo que respecta a la gente corriente, casi nadie mencionó nunca el tema de los palestinos, ni siquiera en los días en los que la muerte de Yasser Arafat acaparaba los titulares. Cuando les preguntaba por los temas que más les preocupaban, los granjeros, tenderos, taxistas o empleados de oficina nunca mencionaban Palestina.


 


Pero cuando me entrevistaba con príncipes y princesas, magnates de los negocios, altos funcionarios y las celebridades de la academia árabe, Palestina era el tema típico.


 


El motivo por el que la élite finge pasión por este tema es porque es el único en el que están deacuerdo. En muchos casos, también es el único tema político que la gente puede discutir sin meterse en problemas con los servicios secretos.


 


Más importante quizá es [que] es el único tema en el que la élite piensa tener la simpatía del mundo exterior. Por ejemplo, no encontré a casi nadie que, en privado, tuviera alguna estima a Arafat. Pero todos se sentían obligados a ocultar sus opiniones porque Arafat había recibido honores del presidente francés Jacques Chirac.


 


Cuando algunos periódicos árabes publicaban artículos de la presunta corrupción y despotismo de Arafat, otros medios árabes les atacaban por faltar al respeto a un hombre que había sido tratado por Chirac como “un héroe de la humanidad”.


 


El pensamiento extendido también insiste en que Estados Unidos es odiado por los musulmanes por ser pro-Israel. Esa opinión es compartida por la mayoría de los funcionarios norteamericanos destacados en capitales árabes. Pero no sería posible que lo inverso fuera cierto – que Israel fuera odiado porque es pro-americano…


 


Cuando planteé esa posibilidad en los debates de las noches de ramadán, fui recibido primero con un silencio ensordecedor. Pronto, sin embargo, algunos interlocutores admitían que mi sugerencia era, quizá, no del todo imaginaria.


 


Consideremos algunos hechos.


 


Si los musulmanes odian a Estados Unidos porque respalda a Israel, que a su vez, oprime a los musulmanes de Palestina, entonces, ¿por qué otros musulmanes oprimidos no disfrutan del mismo grado de solidaridad por parte de sus correligionarios?.


 


Durante el ramadán, llegaron noticias de que más de 500 musulmanes habían muerto en los altercados con la policía en el sur de Tailandia. Al menos 80 habían sido asfixiados hasta morir en furgones policiales bajo circunstancias sospechosas.


 


La prensa árabe iraní, sin embargo, o bien ignoró el suceso, o bien lo relegó a las páginas interiores. Que yo sepa, sólo un periódico musulmán le dedicó un editorial. Y sólo dos periódicos mencionaban que Tailandia está construyendo una barrera para acordonar a los casi 2 millones de musulmanes del sur de Tailandia – una barrera bastante más larga y más alta que la polémica “barrera de seguridad” que construye Israel.


 


Los estados musulmanes nunca han apoyado a Pakistán en Cachemira, porque la mayoría se encontraban más próximos a La India en el denominado movimiento de los no alineados, mientras que Pakistán era aliado norteamericano en la Organización del Tratado y en la Organización del Tratado del Sureste de Asia.


 


Cuando nacionalistas hindúes demolieron la mezquita de Ayodhya, nadie pensó que fuera necesario prender las pasiones musulmanas.


 


Tampoco ni una sola nación musulmana reconoció la república instaurada por musulmanes turcos en el norte de Chipre. ¿La razón? Grecia siempre se ha alineado con los árabes en Palestina, y toca música antiamericana ocasional cuando Turquía es aliado norteamericano.


 


Cuando los serbios masacraron a 8.000 hombres y niños musulmanes en Sebrenica hace 10 años, la serena calma de la opinión [pública] musulmana no se despeinó. En aquel tiempo, los mulás de Teherán y el coronel Muammar Gaddafi de Libia estaban confabulados con Slobodan Milosevic, proporcionándole petróleo y dinero a causa de que Yugoslavia ostentaba la presidencia del así denominado movimiento de los no alineados. Belgrado fue la única capital europea en ser agraciada con una visita de estado de Alí Jamenehi, el mulá que hoy es el Guía Supremo de la República Islámica.


 


¿Y qué hay de Chechenia que es, a todas luces, la nación musulmana que ha sufrido más en los últimos dos siglos?. El pasado mes de octubre, la cumbre musulmana [celebrada] en la capital malaya, Kuala Lumpur, dispensó una bienvenida de héroe a Vladimir Putin, el hombre que ha presidido la masacre de más chechenos que cualquiera de cualquier periodo de la historia rusa.


 


Ahora mismo hay 22 conflictos activos por todo el globo en los que están implicados musulmanes. La mayoría de los musulmanes ni siquiera ha oído hablar de la mayoría de ellos, porque esos conflictos no brindan excusas para fomentar el odio contra Estados Unidos.


 


La próxima vez que usted escuche a alguien decir que Estados Unidos tiene problemas con el mundo musulmán a causa de Israel, recuerde que las cosas pueden no ser así de simples.


 


Amir Taheri nació en Irán y se educó en Teherán, Londres y París. Ha sido editor jefe de Jeune Afrique, del London Sunday Times, también ha escrito para el Times, y contribuye con The Daily Telegraph, The Guardian, y el Daily Mail entre otros. También ha trabajado para el International Herald Tribune, The Wall Street Journal, The New York Times, The Los Angeles Times, Newsday, y The Washington Post, el alemán Die Welt, Der Spiegel, Die Zeit y el Frankfurter Algemeine Zeitung, La Repubblica, L´Express, Politique Internationale y Le Nouvel Observateur.

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