El continente se parte en dos. Del otro lado, las naciones suramericanas en un solo bloque, por fin, la Asociación con sede en Lima. Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia viendo al norte, Venezuela para el sur y… con el ALBA. Quizás sea ésta la última muerte del Pacto Andino.
Libre Comercio
SIMULO UNA BREVE y, quizás triste, historia de uno de esos grandes retos latinoamericanas de estos tiempos, fuente de una gran esperanza integradora. Lleno del contenido y de la experiencia europea, tomándosela al pie de la letra, el Pacto Andino generó la ilusión de que no debíamos integrarnos en el puro terreno comercial. Ahí está la cordillera, símbolo de fortaleza y grandeza latinoamericana. Que había que ir más allá y poner énfasis en lo cultural, lo político, lo social y lo institucional. Nos pedíamos mucho a nosotros mismos. Unas cosas se lograron, otras no, pero el Pacto había sobrevivido.
La primera historia juega con aquella atmósfera planificadora, hija de Prebisch, la Cepal y los “dependentistas” en la que todo tenía que pasar por el tamiz de los gobiernos y el Estado. Nada podía dejarse al “libre juego de las fuerzas del mercado”, ni al neoliberalismo que no estaba en boga. Había que planificar lo agrícola, lo industrial, lo comercial, la siderurgia, la petroquímica y lo automotor. Negociaciones y negociaciones, repartos de mercado, cuotas, contingentes y aranceles decretaron la primera muerte del Pacto Andino.
Descubrimos que sin apertura no podíamos integrarnos, ¿cómo venderle al otro si no abro mi mercado, ¿cómo si no se abren sus mercados? La apertura, lógicamente arrasó con aranceles, comunes y no comunes, restricciones, escondidas y transparentes. El mercado se impuso y vibró la integración. Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, Perú y Venezuela supieron del uno y el otro a gran velocidad.
Se multiplicaron las inversiones y el intercambio, pero llegó la inequidad y la pobreza y taparon “el sol con un dedo”: venían del mercado y la apertura. Cada quien se cerró y tomó su camino, de verdad o de mentira. Chile, Perú y Bolivia por un lado, Colombia y Venezuela del otro. Quedaba una esperanza, los dos países, pero no. Alzas y bajas decretaron la segunda muerte del Pacto Andino.
Vino después la de ahora, quizás la definitiva. Por un lado, la fuerza avasallante de los mercados y la globalización que pone a todos en línea de “libre comercio”, otra vez con el ALCA, el Nafta, el Cafta o los TLC. El continente se parte en dos. Del otro lado, las naciones suramericanas en un solo bloque, por fin, la Asociación con sede en Lima. Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia viendo al norte, Venezuela para el sur y… con el ALBA. Quizás sea ésta la última muerte del Pacto Andino.
Fuente: El Universal – Venezuela
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