América, Política

Por qué importa la controversia sobre Tarik Ramadán

Tarik Ramadán es un filósofo islámico árabe de 42 años de edad, nacido en Suiza y que da clase en la Universidad de Friburgo.

 Recientemente fue invitado a la Universidad de Notre Dame, en South Bend, en calidad de profesor Henry B. Luce de Religión, Conflicto y Construcción de la Paz, puesto asociado al Instituto Kroc de Estudios Internacionales de Paz de la institución católica.

 

Sin embargo, su entrada en Estados Unidos fue imposibilitada cuando su visado, extendido por el Departamento de Estado, fue revocado a instancias del Departamento de Seguridad Nacional.

 

El caso Ramadán ha propiciado un debate significativo en algunos círculos. Los académicos que viven de atacar al gobierno norteamericano en tales materias han difundido sus condenas típicas; otras voces públicas alegan que la presión judía llevó a la expulsión de Ramadán. El Comité Antidiscriminación Árabe Americano (ADC), el grupo secular de radicales de Oriente Medio más chillón y nervioso, publicó un conjunto moderado de declaraciones infrecuentemente cautas, describiendo su reacción a la decisión como "profundamente preocupada", pero después, con su arrogancia acostumbrada, exigía una disculpa ante Ramadán y se ofrecía a trabajar con el Departamento para resolver el tema, es decir, volver a extender el visado.

 

Tanto el ADC como el Council on American-Islamic Relations (CAIR), la principal entidad del "lobby wahabí", que con el respaldo de Arabia Saudí sofoca la vida intelectual de los musulmanes americanos, al tiempo que afirmaba hablar nada menos que en nombre de 7 millones de sus correligionarios en estas costas, tuvo el considerable nervio de criticar la cancelación del visado de Ramadán como "censura".

 

Estos resultados eran predecibles. Ni los defensores profesionales del fundamentalismo islamista en los estudios universitarios de Oriente Medio ni los grupos fachada de fundamentalistas árabes y reaccionarios wahabíes bien pertrechados aceptarán que una visita a Estados Unidos no es un derecho garantizado a cada extranjero.

 

Ramadán no debería ser admitido en Estados Unidos. Ha escrito extensamente acerca del desafío de asimilar el islam en Europa, pero a través de sus declaraciones públicas ha demostrado que no es en absoluto un moderado islámico, sino un hombre comprometido con posturas bastante radicales. Hasta Hicham Chehab, editor de redacción del Daily Star de Beirut, un diario dedicado obviamente a intereses árabes, se vio forzado a admitir a comienzos de este mes que "durante la polémica visita a Gran Bretaña del pasado julio del jeque Youssef al-Qaradawi, acusado en persona de aprobar el terrorismo suicida, Ramadán defendió a Qardawi en el programa de televisión de la BBC ´Hard Talk´".

 

Qaradawi, islamista fanático residente en Qatar, está más que "acusado de aprobar el terrorismo suicida". Fue obligado recientemente — ni por primera ni, podemos estar seguros, por última vez — a disociarse de una de sus propias fatwas aclamando la violencia contra las tropas norteamericanas y de la coalición en Irak, y "aclarando" que apoya la "resistencia" pero no el secuestro, la toma de rehenes o la masacre de contratistas civiles. Al mismo tiempo, acusaba a Estados Unidos de intentar "cambiar la religión" de los musulmanes de Oriente Medio.

 

El Chehab del Daily Star también observaba que en el programa de la BBC, el profesor Ramadán, por su parte, "sí que utilizó, al igual que algunos clérigos musulmanes, un lenguaje doble, y no denunció los atentados suicida palestinos. Mientras que Ramadán condenaba el asesinato de civiles, también negaba que hubiera pruebas definidas de que Al-Qaeda estuviera detrás de los ataques del 11 de septiembre del 2001". Un exponente de tales opiniones claramente no debería ser bienvenido en Estados Unidos, en el tercer aniversario de esos horrores, e inmediatamente después de la última atrocidad del terror, en Beslán, apoyada por el culto internacional wahabí.

 

Sin embargo, la controversia Ramadán tiene mayor interés por lo que desvela acerca de las posiciones hacia el islam entre los americanos no musulmanes, cuya propia moderación es incuestionable, pero que caen hoy con bastante facilidad en una de las dos trampas en lo que se refiere a tratar con alguien como el profesor Ramadán.

 

La primera trampa es la de buscar representantes de una "reforma musulmana". Desde el 11 de Septiembre ha emergido una categoría entera de pseudo-expertos y semi-intelectuales occidentales, que basándose en una ojeada rápida al Corán y una revisión superficial de sus cursos de Civilización Occidental de hace 30 años, ha decidido que el Islam necesita "un Lutero" y "una Reforma". La mayor parte de estos críticos aficionados parecen desconocer la diferencia entre Renacimiento, Reforma, e Ilustración, o el papel jugado por los traductores árabes y judíos que hablaban árabe de los filósofos clásicos griegos en el desarrollo del nuevo pensamiento de la Europa Cristiana medieval.

 

Así, el artículo del Daily Star acerca del caso Ramadán aparece bajo el titular, "Para Occidente, Tarik Ramadán es a duras penas ´un Lutero musulmán´". Pero, ¿un "Lutero musulmán" es un concepto deseable? Lutero expresaba un odio visceral a los judíos al escribir,

 

"prended sus sinagogas o escuelas y… enterrad y tapad con basura lo que quiera que no arda, para que ningún hombre vea nunca más una piedra o ceniza de ellos… si nosotros, ahora que estamos informados, protegiéramos y blindásemos tal casa de judíos, existente justo delante de nuestras narices, en la que mienten, blasfeman, maldicen, vilifican y difaman a Cristo y a nosotros… sería lo mismo que si hiciéramos todo esto e incluso peor para nosotros, como sabemos muy bien. En segundo lugar, aconsejo que sus casas también sean peinadas y destruidas… en tercer lugar, aconsejo que todos los libros de oración y escritos Talmúdicos, en los que se enseña tal idolatría, mentiras, maldiciones y blasfemia, les sean arrebatados… en cuarto, aconsejo que se prohíba enseñar a sus rabinos en adelante bajo pena de muerte o mutilación… en quinto, aconsejo que el salvoconducto en los caminos sea completamente abolido para los judíos".

 

Incluso si Lutero no se hubiera expresado de un modo tan brutal contra los judíos, el mismo reformista religioso exigía la supresión de Aristóteles de los planes de estudios de las universidades europeas, por motivos de paganismo. El filósofo español árabe Ibn Rushd (1126-98), conocido como Averroes en Occidente, continúa siendo una de las glorias de la civilización islámica por sus comentarios acerca de Aristóteles. El mayor de los filósofos judíos, Maimónides, sigue idéntico camino a Averroes. ¿Deben los musulmanes emular a Lutero y cultivar el odio a la filosofía aristotélica, así como a los judíos? Obviamente, algunos ya han, y el islam indiscutiblemente ha tenido su Lutero en la figura de Mohammed Idn abd al-Wahhab, fundador del wahabismo y el protagonista más famoso de la "reforma musulmana", así como el inspirador de Osama bin Laden.

 

Tarik Ramadán emplea cuidadosamente un vocabulario que aboga por la "reforma" del islam, que es música para los oídos de los occidentales de educación pobre, y lleva a desgracias tales como su invitación a Notre Dame. Tristemente, sin embargo, su concepto de "reforma" en el islam no comprende la condena a Qaradawi, que también se define como "reformador" de la religión.

 

La segunda trampa en la que han caído los defensores de Tarik Ramadán se describe mejor quizá como una cuesta resbaladiza. Es decir, últimamente se percibe que occidentales que presuntamente buscan el diálogo con el mundo islámico sufren un pronunciado rechazo a ubicar, identificar y a dar voz a los verdaderos moderados de entre los musulmanes. En lugar de eso, parecen haber aceptado la falsa premisa de que el islam es principalmente fundamentalista, y que diálogo con moderados significa encontrar a los fundamentalistas menos peligrosos en lugar de a aquellos que han rechazado el fundamentalismo en bloque.

 

Un artículo del 3 de septiembre del 2004 en Jewish Forward, publicada en Nueva York, informaba de un estudio nuevo acerca de las relaciones judeo-musulmanas en América. El autor del estudio, la estudiante de licenciatura en Harvard Raquel Ukeles, argumenta que al evitar el diálogo con "particulares u organizaciones musulmanas que están o han estado afiliadas / en contacto" con grupos islamistas radicales que aprueban la violencia, incluyendo el terrorismo en Israel, "se ha llegado al boicot del musulmán más moderado a través de una injusta ´culpa por asociación´".

 

En un suceso incluso más sorprendente, por no decir chocante y desalentador, un extenso reportaje de John Mintz y Douglas Farah era publicado en The Washington Post el 11 de septiembre de 2004. Titulado "En busca de amigos entre los enemigos", destacaba los vínculos ideológicos de los islamistas, llevando a una extensa red de mezquitas, organizaciones y empresas en Estados Unidos ligadas con la Hermandad Musulmana fundamentalista en el mundo árabe, un movimiento con el que Tarik Ramadán tiene vínculos familiares y que ha defendido.

 

A continuación, el artículo, como indica su titular, descubría que "algunos agentes federales temen que la Hermandad Musulmana tenga vínculos peligrosos con el terrorismo. Pero algunos diplomáticos y funcionarios de Inteligencia norteamericanos creen que su influencia ofrece una oportunidad de implicación política que podría ayudar a aislar a los jihadistas violentos". Mintz y Farah, que son reporteros excelentes, citaban a Graham E. Fuller, un ex funcionario de la CIA mejor descrito como alguien que nunca ha conocido a un islamista que no le gustase, y que es especialmente estridente en su crítica de la alianza Estados Unidos-Israel.

 

Según Fuller, la Hermandad es "el movimiento destacado del mundo musulmán… algo con lo que podemos trabajar". Demonizar a la Hermandad "sería temerario en extremo", advertía. A continuación, los redactores del Post observan que Fuller "advierte contra una prueba de fuego para hablar de islamistas — por ejemplo, descartar a los que apoyen el terrorismo anti-Israel o hagan declaraciones antiamericanas. "A duras penas hay un grupo islámico en alguna parte que no haya hecho eso", decía.

 

En realidad, Fuller, que fomenta constantemente el error de equiparar a la comunidad musulmana global con los estados árabes, ignora la existencia de numerosos grupos islámicos que no apoyan ni el terrorismo anti-Israel ni el antiamericanismo, y que están ubicados en lugares tan destacados como el oeste del África francófona, Marruecos, los Balcanes, Turquía, Asia Central, la India o Indonesia. En la mayor parte de estas populosas regiones, la Hermandad Musulmana no juega ningún papel en absoluto.

 

La laxitud a la hora de encontrar musulmanes moderados en lugares como los enumerados aquí y la voluntad de llegar al enfoque perezoso de aceptar a "los menos radicales" como moderados también contribuye a incidentes absurdos como el del fraude de Tarik Ramadán. Pero el fallo por parte de políticos e intelectuales occidentales a la hora de aprender lo suficiente acerca del islam como para ubicar y asistir a los verdaderos moderados volverá para perseguir a América. La ceguera deliberada ante la amenaza wahabí en Arabia Saudí contribuyó a la impunidad con la que al-Qaida lanzó la misión suicida del 11 de Septiembre. Una conformidad similar con los fundamentalistas islámicos que hoy se disfrazan de moderados simplemente reforzará la sensación de que las poblaciones del Occidente Cristiano son estúpidas y pueden ser engañadas, estafadas y masacradas.

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