Hay normalmente dos posiciones en tiempos de crisis: aquella que defiende aprovechar la crisis para introducir cambios profundos; y aquella que dice que éstos deben hacerse en épocas de abundancia. Pues bien, Merkel parece inscribirse en la segunda posición.
Comentario
Lo primero que deberíamos decir es que pactar una política común de contención frente la crisis no es fácil. Que por más que los mecanismos institucionales europeos estén aceitados y que la UE venga trabajando de esta manera desde hace tiempo, la coyuntura es excepcional y obliga a nuevos métodos o fórmulas, más urgentes y concretas.
En este marco, los líderes europeos se reúnen y deliberan. Intentar llegar a un acuerdo para paliar las consecuencias de la recesión y formular propuestas de estímulo. Pero en esto hay diferencias. Unos promoviendo una reforma estructural que redefina las pautas del sistema financiero; y otros planteando la aplicación de medidas más urgentes para superar la coyuntura, y después tratar los temas de fondo.
Esto último es lo que plantea Merkel. Piensa que no es tiempo de introducir grandes reformas, sino aquellas que permitan movilizar los recursos y mantener el sistema funcionando. Que una transformación de fondo pondría en riesgo –bajo las condiciones actuales- la escuálida confianza de inversores, ahorristas y consumidores.
El discurso de Merkel está en sintonía con el diagnóstico de Trichet, que asegura que la crisis podrá ser superada siempre y cuando se recupere aquello que moviliza al mercado: la confianza en que todos cumplirán. Merkel adopta, siguiendo esta línea, una postura gradualista. Aquella que intenta respetar lo bueno y transformar lo malo, pero sólo cuando las circunstancia aclaren.
Hay normalmente dos posiciones al enfrentar una coyuntura de crisis: aquella que promueve aprovechar el momento para introducir cambios profundos; y aquella que defiende que éstos deben hacerse en épocas de abundancia. Pues bien, Merkel parece inscribirse en la segunda posición.
Concretamente Merkel ha dicho que “si [los fondos] llegan tarde, ya no serán un estímulo, sino acciones a mediano o largo plazo, y este es el principal punto en el que Alemania va a insistir. Alemania sólo apoyará medidas que se refieran a proyectos que comiencen en 2009 o en 2010, no si se trata de respaldar iniciativas a realizar en 2013, cuando la crisis esté más que resuelta”.
Las próximas semanas serán clave analizar la posición europea. Hasta ahora, las deliberaciones sólo han mostrado matices en la aproximación de los diversos mandatarios a la crisis, que deberán traducirse –tarde o temprano- en medidas concretas. Aún sabiendo que muchos han hecho sus intentos nacionales para solventar los problemas, falta comprobar ahora cómo compaginarán esta circunstancia con las medidas del bloque.
O como muy claramente ha dicho Merkel: Alemania, que ya ha anunciado medidas de estímulo al crecimiento que totalizan 80.000 millones de euros, teme que cualquier incremento adicional del gasto público dispare el déficit. “Un gran número de Estados”, precisó Merkel, “se encuentran ahora en déficit excesivo, lo que creará problemas ahora y en el futuro”.
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