Economía y Sociedad, Europa

Por qué todos los refugiados quieren irse a Alemania

Alemania se ha convertido en el destino europeo más atractivo para los refugiados por conflictos bélicos o persecuciones. Y también para los inmigrantes procedentes de los Balcanes occidentales, que, sin correr esos peligros, solicitan el asilo para intentar quedarse en el país y mejorar sus condiciones de vida. Hasta que se resuelve el proceso, la ley alemana garantiza unas prestaciones básicas a unos y a otros.

Alemania es el país europeo con más solicitudes de asilo, seguido de Suecia. En 2014 recibió 202.815 peticiones, desde enero de este año lleva 196.000 y el gobierno alemán estima que podrían llegar hasta 800.000. De momento ya se ha comprometido a admitir a 10.500 de los llegados a las costas italianas o griegas, un número superior al acordado por los Estados miembros de la UE en el último reparto de cuotas (cfr. Aceprensa, 22-07-2015).

Las autoridades tendrán que estudiar cada solicitud y decidir a quién otorgan la condición de refugiado, reservada a aquellos que huyen de un país en conflicto o que son perseguidos, y que en teoría concede los mismos derechos que los nacionales. Este proceso dura unos 6 meses. Entre tanto, ¿de qué viven las personas y las familias que han llegado con lo puesto desde Siria, Afganistán, Somalia o Irak?

Un mínimo existencial digno

Hasta hace unos meses, la ley alemana de prestaciones para los solicitantes de asilo, aprobada en 1993, preveía dos tipos de ayuda acumulables hasta unos 224 euros: en especie (comida, ropa, productos de higiene, medicinas…) y en metálico. Además, se les daba alojamiento con calefacción y tenían asistencia sanitaria básica.

El importe de las prestaciones mejoró con la reforma de 2014, después de que el Tribunal Constitucional alemán sentenciara en julio de 2012 que las ayudas debían garantizar a los refugiados un mínimo existencial digno de acuerdo con los criterios socioeconómicos de Alemania, no con los de los países de origen. La sentencia fijó el importe en 336 euros al mes, y el Bundesrat la subió finalmente a 352.

Las prestaciones se reciben gradualmente. Mientras viven en los centros de acogida, reciben 130 euros mensuales en metálico para sus necesidades cotidianas además de ayuda en especie. Después, una vez alojados, pasan a recibir mensualmente esos 352 euros y se les proporciona educación a los jóvenes y formación profesional a los adultos.

Aunque la reforma no entró en vigor hasta el pasado 1 de marzo, en la práctica Alemania empezó a aproximarse a esa cuantía tras la sentencia de 2012. Según un informe publicado por la Oficina Federal de Migración y Refugiados (1), en 2013 una persona casada o en pareja de hecho recibía 318 euros al mes, sumadas las ayudas en especie (195 euros) y en metálico (123 euros); una madre o padre solteros, 354 euros al mes en total. Además, las familias sumaban 210 euros por cada hijo menor de 6 años; 242 por los de entre 6 y 14 años; 274 por los de entre 15 y 18.

Las prestaciones son muy atractivas en comparación con las de otros países. Un artículo de El País aporta algunos datos: Suecia, otro país muy generoso con los refugiados, proporciona alojamiento y unos 250 euros al mes en metálico para sus gastos por cada adulto y algo menos para cada niño. España da unos 50 euros al mes de bolsillo.

No habrá “asilo económico”

La reforma, pensada para beneficiar a los refugiados de verdad, también intenta frenar la llegada de ciudadanos de países de la antigua Yugoslavia que solicitan el asilo para quedarse en Alemania y mejorar sus condiciones de vida. De las 196.000 peticiones que ha habido este año hasta finales de julio, el 42% eran de inmigrantes de esos países, según un reportaje publicado en Der Spiegel.

Ahora, la ley presume que Serbia, Bosnia-Herzegovina y la República de Macedonia son países sin amenaza de persecución política, y por lo tanto sus nacionales no tienen derecho a asilo. El gobierno de Merkel estudia la posibilidad de hacer lo mismo con Albania, Montenegro y Kosovo, para que vengan menos.

Pero en la práctica, Alemania ya era reacia a conceder el asilo a los ciudadanos de estos países. Según el reportaje de Der Spiegel, en 2014 solo concedió asilo al 1,1% de los kosovares que lo pidieron; al 2,2% de los albanos; al 0,2% de los serbios…

¿Por qué siguen viniendo entonces? ¿Qué les ofrece Alemania para que en lo que va de año hayan pedido asilo 30.000 kosovares, 29.353 albaneses, 11.642 serbios, 5.514 macedonios, 2.425 montenegrinos…?

El reportaje da algunas pistas. Los casos que recoge siguen un patrón similar: los recién llegados de países considerados “no seguros” solicitan el asilo y, hasta que se resuelve la petición, perciben las prestaciones previstas por la ley. Como el proceso dura unos 6 meses, la espera les permite ahorrar… poco para lo que es Alemania y mucho para los países de origen.

Es el caso de Halkilk Hasani, que vivía en Belgrado con su mujer y sus seis hijos en un espacio de 12 metros cuadrados. En 2011, cuando Serbia aún estaba en la lista de países “no seguros”, emigraron a Alemania. Pasaron a recibir un total de 900 euros al mes, además de comida y artículos de primera necesidad. Un año después, el asilo les fue denegado. Pero se quedaron otros 15 meses más, hasta que fueron expulsados. No obstante, la ley alemana les permitía volver a pedirlo después de dos años.

A los gobiernos de los países de origen no les gusta esta prodigalidad. Según Der Spiegel, el primer ministro serbio, Aleksander Vucic, ha pedido a Alemania que traiga a sus ciudadanos de regreso y, sobre todo, que no les den dinero. Otros, como el primer ministro de Albania, Edi Rama, son más realistas: “Once euros al día. Trabajo temporal, permitido. Posibilidad de ahorrar un poco de dinero en tres meses [el período autorizado en el país para disfrutar de un visado de turista en la zona Schengen]. A muchos les puede valer la pena”.

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Notas

(1) Andreas Müller, The Organisation of Reception Facilities for Asylum Seekers in Germany, Working Paper 55, Federal Office for Migration and Refugees (2013).

Este artículo está en Aceprensa.

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