Política

Por una OEA que realmente funcione y sirva

“Entrampada como está la elección del nuevo secretario general de la OEA, convendría trascender en el debate y pasar a concentrarnos en el futuro de este organismo internacional cuya estructura y trayectoria exhiben profundas grietas y una abismal desconexión de los intereses latinoamericanos, además de otras fallas clamorosas que exigen una reestructuración urgente.”

Relaciones Institucionales
 Más allá de quién sea elegido cabeza de la organización, la comunidad interamericana debe analizar cuán comprometidos se hallan los actuales candidatos y, en general los países del continente, con ese audaz cambio de timón, para avanzar en su modernización y actuar con la oportunidad y decisión que requieren nuestras complejas circunstancias regionales. Finalmente, desde Canadá hasta la Tierra del Fuego, la OEA es y será lo que sus miembros quieren que sea.

Desde su fundación en 1948, la OEA ha reformado su carta original en 1967, 1985 y a fines de 1990, en esta última ocasión, para dar sentido práctico al organismo frente a su desdibujado papel en el panorama continental y las transformaciones producidas en el mundo.

En la práctica, sin embargo, no ha podido alcanzar retos políticos, económicos y sociales urgentes, ni actualizar sus metas sobre defensa de derechos humanos, gobernabilidad y democratización , por la sencilla razón de que sus resoluciones son más protocolares que vinculantes.

Para sus críticos, los principios de la OEA no requieren mayores revisiones, pero sí sus políticas integracionistas, que deben ser renovadas para mirar más hacia el continente. Sus organismos son escenarios poco relevantes para definir políticas gravitantes, como el libre comercio y el desmantelamiento de las barreras comerciales.

Un instrumento insuficiente por carecer de fuerza vinculante, como la Carta Democrática, no ha merecido mayor atención por parte de los candidatos a la secretaria general, más concentrados en sus adhesiones que en el destino real de la OEA. La carta bien podría defender colectivamente la democracia frente a los exabruptos de ciertas autocracias elegidas, como la venezolana.

Indudablemente no puede desconocerse la notoriedad que cobró la OEA en los últimos años como grupo de presión regional para prevenir golpes de Estado, en el Perú, Paraguay y Bolivia. Tampoco el papel que cumplen la Corte Interamericana y la CIDH.

Pero la organización tiene que demostrar por qué su presencia en el panorama continental y mundial es indispensable, ahora que se halla en busca de un nuevo secretario general. Y la palabra ´indispensable´ no es cualquier cosa.

Fuente: El Comercio – Perú

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