Un aire de resignación recorre la Europa más castigada por los recortes, la austeridad y las medidas impuestas por la troika.
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Martes, 21 de julio 2026

Un aire de resignación recorre la Europa más castigada por los recortes, la austeridad y las medidas impuestas por la troika.
Grecia ha celebrado dos elecciones y un referéndum este año. Los tres pruebas las ha ganado la izquierda radical de Syriza. No para imponer sus criterios sino para acabar plegándose a las exigencias del Fondo Monetario Internacional, la Comisión Europea y el Banco Central con sede en Frankfurt.
Tsipras ganó las primeras elecciones levantando la bandera del populismo contra las medidas impulsadas por Ángela Merkel. Ganó un referéndum ampliamente para repudiar las recetas de la troika. Volvió a convocar a los griegos que le dieron la victoria nuevamente pero para que aplicara las medidas de la troika. El partido se ha dividido pero los griegos se han rendido a las exigencias. Fuera de los ámbitos europeos hace mucho frío.
Algo parecido ha ocurrido hoy en Portugal. El gobierno de centro derecha presidido por Pedro Passos Coelho ha ganado las elecciones, según las estimaciones todavía no confirmadas. Las medidas de austeridad de un país rescatado han sido aceptadas por los portugueses.
Las elecciones se plantearon como un referéndum sobre cuatro años de recortes y de reformas de los mercados y la legislación laboral.
La coalición de gobierno ha prometido continuar con las medidas adoptadas en 2011 después de que el país fuera rescatado por las instituciones internacionales.
Los socialistas y otros grupos de izquierda han criticado los recortes y la política de obediencia a la troika. La recuperación es muy frágil pero el desempleo ha bajado gradualmente en los dos últimos años.
Una aceptación de la situación tiene un punto de fatalidad. Los griegos y portugueses han votado a favor de las recomendaciones de la troika. No parece lógico ni racional. Pero es lo que ha ocurrido. El miedo a situaciones más adversas, a la desconfianza de descolgarse de la zona euro, lo qué sea, ha llevado a griegos y portugueses, desde la izquierda radical o desde una coalición conservadora, a seguir la necesaria reestructuración de países que necesitaban una sacudida porque las cuentas no cuadraban.
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