Educación
A través de la providencia, pude invitarme justo antes del puente de los Caídos en Combate a una ofensiva propagandística contra la Guerra de Irak, perpetrada por la izquierda antiamericana en el instituto Pacific Palisades. Fue una experiencia que me reveló más de lo que me hubiera gustado saber del estado de nuestras aulas en la escuela pública.
El acto, en horario escolar, era producción del departamento de inglés de Pali High, cuyo plan consistía en acorralar a 300 estudiantes durante una conferencia de una hora y 45 minutos de un orador pacifista procedente del “U.S. Tour of Duty”, un grupo que trabaja con el Código Rosa de Medea Benjamin en la obstrucción activa del esfuerzo bélico de América. El organizador exterior era una ex miembro del departamento de inglés llamada Marcy Winograd, que es presidenta de una organización llamada “Demócratas progresistas”, y miembro de Palisadians for Peace, una organización compuesta al parecer de miembros del Partido Comunista jubilados y activistas compañeros de viaje de la izquierda.
Me encontraba en el acto, que se celebraba durante horario lectivo entre las 10 y el mediodía, al azar. Jeff Norman, el organizador de U.S. Tour of Duty, había contactado conmigo una semana antes, quería saber si debatiría con un ex técnico de la CIA llamado Ray McGovern, que aparentemente se había pasado al otro bando. El lugar – una iglesia de Venice – no me resultó atractivo, dado que sabía que la audiencia estaría compuesta de activistas de la extrema izquierda de los que tengo motivos para saber que son intolerantes, desagradables y repugnantes cuando se les reúne en un acto público – y también pueden ser violentos. Pedí a Norman, que era bastante servicial, que encontrara otro lugar más hospitalario en el Westside o en el Valley.
McGovern reside en Virginia, estaba en California solamente para visitar a su hijo, así que había poca flexibilidad en el horario. Se reducía a una fecha o dos, y Norman estaba teniendo problemas para encontrar una segunda localización con tan poca antelación. Entonces recibí un e-mail que Marcy Winograd había enviado a McGovern, copiándome, si inadvertidamente o no, no lo sé. El e-mail aludía a otro acto montado en el instituto Palisades para una audiencia cautiva de estudiantes de secundaria.
Supe exactamente lo que tenían en mente, y no me gustó en absoluto. Aquí estaba yo, cruzando el país para sacar la política de las aulas universitarias, y estos izquierdistas estaban planeando una sesión de adoctrinamiento para [estudiantes] de 14 a 18 años de edad en el instituto. Envié un e-mail a McGovern (que me había parecido cordial y servicial en sus anteriores comunicaciones conmigo). Sugerí que éste [el instituto] sería un lugar aceptable desde mi punto de vista, en caso de que quisiera celebrar allí nuestro debate. McGovern estuvo deacuerdo. Incluso sugirió que nuestro encuentro fuera formulado como una conversación amistosa en lugar de un debate, en lo cual convine. Propuse que el tema fuera, “¿Cómo debemos ver la guerra de Irak?”. Antes de que supiera de él, recibí un e-mail de Marcy Winograd diciendo que ella quería que el tema fuera: “El gobierno norteamericano debería poner fin fulminantemente a su ocupación de Irak. Convenga. Discrepe. Argumente”.
Este e-mail indicaba que había una agenda política precisa en el acto, [lo] que fue confirmado la semana siguiente, cuando Marcy Winograd y Demócratas Progresistas y Palisadians for Peace organizaron dos actos – uno para ir a la oficina de la Representante Demócrata [de la Cámara] Jane Harman y atormentarla por no firmar la resolución de la Republicana Lynn Woolsey de que debíamos retirarnos inmediatamente de Irak, y el segundo, una campaña para ir a los institutos hispanos del este de Los Ángeles a disuadir a los estudiantes de alistarse voluntariamente en el ejército americano. La comunidad hispana, por supuesto, ya ha dado muchos héroes de la guerra de Irak, incluyendo su único ganador de la Medalla del Congreso, y como comunidad, se enorgullece enormemente del servicio militar de sus jóvenes (hombres y mujeres).
Cuando llegué a Pali High, el auditorio estaba a rebosar. Me presenté a más de una docena de adolescentes presentes, y les pregunté si sabían por qué estábamos allí. Sólo unos cuatro lo sabían. Todos dijeron que estaban allí porque sus profesores les habían llevado allí. Uno de los estudiantes dijo que les habían proyectado una película pacifista de los mismos profesores del departamento de inglés al mismo grupo algunos días antes. Una de las profesoras presentes llevaba una camiseta con una imagen de John Brown y un eslogan político en defensa del uso de la fuerza y la violencia para derrocar a los gobiernos que eran injustos. Por supuesto, la esclavitud es un tema que fue zanjado hace 140 años, así que obviamente la incitación armada se encaminaba a otra injusticia. Cuando visité la clase de esta profesora algunos días después, esta sospecha fue confirmada por los pósteres del Che Guevara y Mother Jones que tenía adornando las paredes de su clase de inglés, junto con una señal que rezaba, “Irak es Vietnam en árabe”.
De no haberme entrometido en los prolegómenos de Pale High, estos alumnos habrían sido objeto de las opiniones indiscutibles de Ray McGovern. Cuando comenzó el acto, McGovern describió la Guerra de Irak como “una guerra por el petróleo” porque, como explicó, “se nos está acabando el petróleo”, y la Guerra contra el Terror como causada por “el apoyo de América a Israel”. Dijo a los estudiantes que 100.000 iraquíes inocentes habían sido asesinados por América (repitiendo una historia falsa que la izquierda estaba extendiendo), y que la política del Presidente Bush en la guerra era en realidad la política de Ariel Sharon, una sugerencia no muy sutil de que los judíos controlan la política exterior americana. McGovern también siguió la línea partidista de Marcy Winograd, diciendo a los estudiantes que América debía salir de Irak de una vez, incluso si significaba un baño de sangre, porque quedarse sería mucho peor, dado que sólo estábamos extendiendo el terror y matando inocentes por estar allí en primer lugar. La única manera de librar la Guerra contra el Terror, resumió, era “ocuparse de los agravios de los que nos odian”, que en su opinión eran principalmente nuestra política de apoyo a Israel.
Cuando llegó mi turno de hablar, señalé que la guerra de Irak estaba definida por sus resultados, entre los cuales estaban principalmente la votación del 70% del pueblo iraquí en favor de la libertad y contra el terror el 31 de enero). Estas eran las dos agendas y logros de la guerra de la administración Bush. No eran los judíos los que habían causado el odio musulmán a Estados Unidos, ni el conflicto de Oriente Medio. El conflicto de el Oriente Medio estaba causando por el odio musulmán y la intolerancia hacia el pequeño estado judío, que se había levantado sobre las ruinas de un imperio de 400 años de antigüedad que no era palestino, sino turco. La Guerra contra el Terror era producto de la determinación de los musulmanes fundamentalistas por establecer la ley islámica globalmente y por matar a todos los infieles – cristianos, judíos y ateos – en su camino.
Pero incluso aunque sentí que había prevalecido en el debate, recibiendo apoyo oral de la mitad de los estudiantes, estaba profundamente preocupado por el acto en sí, y por el programa de adoctrinamiento en curso que la izquierda obviamente estaba realizando en este y en muchos otros institutos.
¿Por qué los profesores de instituto celebran actos políticos durante el horario lectivo, por no decir actos que presentan opiniones tan radicales?. A qué propósito educativo sirve exponer a los estudiantes a propaganda política de extrema izquierda, que está desvinculada de cualquier formación profesional y aún más de los hechos (por ejemplo, el mundo no se está quedando sin petróleo y los judíos no controlan la política exterior americana). Los estudiantes con los que hablé después dijeron espontáneamente que el centro era “muy político”, y que sus profesores eran muy de izquierdas. Un estudiante me contó que había sido expulsado de clase por su profesor por afirmar que Saddam Hussein había utilizado armas biológicas contra su propio pueblo, una opinión que el profesor rechazaba. Otros estudiantes me dijeron que sus profesores izquierdistas les arengaban continuamente en temas polémicos. Un profesor conservador con el que hablé me dijo que temía hablar a causa de las inevitables represalias por parte de la mayoría de extrema izquierda del claustro.
Me enfrenté con varios de los profesores presentes a propósito de lo que consideré el abuso de los estudiantes a su cargo. Utilizar a los estudiantes como audiencia cautiva sobre la que inflingir los prejuicios políticos de uno es completamente antiprofesional, dije, y una violación de la libertad académica de los estudiantes. Los estudiantes van a clase a ser educados, y tienen un derecho universalmente reconocido, al menos en las escuelas americanas, a no ser adoctrinados.
Ninguno de los profesores presentes reconoció ni remotamente la posibilidad de que esta escena indignante no fuera perfectamente normal. Cuando pregunté a la profesora de inglés de la camiseta de John Brown por qué llevaba un eslogan político, y si no estaba deacuerdo en que era abusivo inflingir sus opiniones políticas a sus estudiantes, me acusó de ser insensible con los estudiantes musulmanes presentes. Por supuesto, no tuvo una palabra de preocupación por los estudiantes judíos presentes, a cuya comunidad había culpado de la Guerra contra el Terror y de la muerte de inocentes, ni por la media docena de estudiantes hispanos y negros que levantaron sus manos cuando se les preguntó si alguien presente tenia un hermano o hermana en Irak. Aparentemente, traer a un ex agente de la CIA para decirles que sus hermanos y hermanas arriesgaban sus vidas por las compañías petroleras y los judíos estaba bien, y que la misión principal en Irak era matar iraquíes inocentes y extender el terrorismo.
Entonces le dije a esta activista político que se hacía pasar por profesora que era una deshonra para su profesión. Esto al parecer fue demasiado para ella. “Usted está en este campus ilegalmente”, dijo, “y voy a hacer que se le expulse”. “Adelante”, dije, sabiendo que la regulación es impedir que los traficantes de droga lleguen a los adolescentes, y pensando que debían tener una prescripción similar para la gente que también trafica con drogas políticas. Sabía, sin embargo, que al desafiar su farol, vería lo absurdo que su amenaza contra un orador invitado demostraría ser.
Al alejarme de la multitud que se había reunido entorno a nuestro pequeño roce, me encontré junto a Marcy Winograd. “¿No cree usted que es abusivo inflingir sus agendas políticas sobre los alumnos que están aquí para [recibir] una educación?”, le pregunté. “Pero los medios están todos del otro bando”, contestó. “Incluso aunque su afirmación fuera correcta”, dije, “y no lo es, esto no son los medios. Esto es una escuela. ¿No puede apreciar la diferencia?”. “Los medios están del otro bando”, repitió. Ví que el tema entero estaba más allá de su capacidad mental, y abandoné.
La escena de la que fui testigo es parte de un cambio drástico en la cultura educacional de América, que se parece más y más a los sistemas educativos de La Habana y del Irak pre-liberación. Es hora de que el resto de nosotros hagamos algo sobre esto. He constituido una organización nacional llamada Parents and Students for Academic Freedom. La información está disponible en www.psaf.org. Las delegaciones son locales e independientes mientras sigan nuestras directrices de libertad académica. Los padres y los estudiantes necesitan empezar a constituirlos ahora. En la página web se puede encontrar una carta de derechos modelo para su escuela y una legislación modelo para su legislatura. Hacia otoño espero tener una Academic Bill of Rights para institutos, lo que evitaría el adoctrinamiento político en las aulas, presente en varias legislaturas. Puede ayudar inaugurando la delegación de Parents and Students for Academic Freedom en su escuela o en su estado.
Es hora de que el poder legislativo eche un vistazo a las instituciones que financia. La integridad de nuestro sistema educativo está en juego. Los contribuyentes no financian la escuela pública para que activistas políticos que se hacen pasar por profesores puedan tener una audiencia cautiva para su agenda política. Necesitamos una Academic Bill of Rights para escolares, y la necesitamos ya.