Política

El nuevo fascismo universitario

Al igual que muchos otros izquierdistas con los que conferenciantes y estudiantes se encontraron la semana pasada, Nathan Tumazi es un fanático. Pero es más que eso.

David Horowitz
La gran noticia durante la Semana de Sensibilización con el Islamofascismo fue la interrupción de mi discurso en la Emory University por parte de izquierdistas que, como suele ser el caso, realmente eran estudiantes. Eran miembros de la Coalición Unidos por la Paz y la Justicia, uno de los principales grupos del movimiento por salvar al régimen islamofascista de Irak de ser derrocado por fuerzas norteamericanas. Irrumpir en pacíficas charlas universitarias es una táctica fascista, pero en un país tan comprometido con los principios de la justicia y la libertad de expresión como éste no es tan insidiosa. La distinción debe reservarse a la masiva caza de brujas que asistió a nuestros actos — la búsqueda de presuntos “racistas”, “fanáticos” e “islamófobos” que, una vez etiquetados, pueden entonces ser desacreditados e incluso censurados si los administradores universitarios se prestan.

El Comité Antidiscriminación Árabe Americano, cuyo fundador James Abourezk es partidario de Hezbolá, enviaba 100 cartas a presidentes universitarios afirmando que la Semana era “una campaña de odio” contra todos los musulmanes y solicitando que la clausurara. Puesto que la principal agenda de la Semana era defender a la mujer musulmana, esta fue una falsedad evidente por sí misma. No obstante, varios presidentes universitarios respondieron compareciendo para imponer restricciones a los actos. Solamente se retractaron tras recibir cartas de nuestros abogados recordándoles que la Primera Enmienda aún está en vigor.

Mucho más siniestra fue la masiva campaña de odio llevada a cabo a través de Internet y en la prensa universitaria para difamar a nuestros estudiantes y conferenciantes como xenófobos anti-musulmanes. La única manera de censurar la expresión en América es proclamarla “discurso de odio” e insinuar que emplearlo constituye “un crimen de odio”. El presentador de Fox News Channel Alan Colmes, en general un izquierdista razonable, hablaba en favor de los radicales cuando decía al invitado Steven Emerson que “el término islamofascismo es discurso de odio”. Colmes apoyaba así la campaña ideológica por suprimir nuestros actos.

Pero Colmes no acompañó la declaración llamando a Emerson “racista”, el ataque estándar de la propia izquierda. Puesto que tales ataques fueron la esencia de la campaña contra nuestra iniciativa, vale la pena diseccionar uno que apareció en el periódico de la UC Irvine, New University. El artículo se titulaba “Horowitz disfraza el racismo de `Sensibilización´”.

La UC Irvine es el campus universitario en el que la Asociación de Estudiantes Musulmanes hace dos años celebró una “Semana de Concienciación de Israel” en la que los oradores denunciaron el control judío de la política y las políticas norteamericanas. Algunos años antes, un conferenciante de la Asociación de Estudiantes Musulmanes explicaba en el mismo campus que los judíos están poseídos por “una psicosis” que hace que “sean incapaces de coexistir igualmente y en hermandad con los demás seres humanos”. El orador, Mohammed al-Asi, imán del Centro Islámico de Washington DC, prosiguió para decir que “puede sacar al judío del gueto, pero no se puede sacar el gueto del judío”.

El ataque del New University estaba firmado por un estudiante de estudios internacionales de tercer año llamado Nathan Tumazi, y comenzaba: “La semana pasada marcó el inicio de una ola social y política de odio y xenofobia racista que emana de la violenta retórica de los estudiantes, políticos y académicos conservadores de todas partes. El autor material responsable de lo que se llamó ´Semana de Sensibilización con el Islamofascismo ´ es David Horowitz”. Tumazi no procedió después a describir actos o discursos reales vinculados a la Semana, sino con ataques ad hominem contra mí y otros participantes como Ann Coulter.

Estos ataques no eran originales, sino que estaban extraídos de las mentiras que la izquierda colectiva prefabrica a partir de comentarios anteriores que se atribuyen a los objetivos. Trataré aquellos que son específicos de mi, porque estoy familiarizado con ello y porque ilustran ampliamente los métodos utilizados por Tumazi y los demás. Estas personas no quieren entrar en un debate, sino ponerle fin.

Una de las dos citas del escrito referente a mí que aparecieron en cada campus que visité durante la Semana de Sensibilización con el Islamofascismo fue un artículo que escribí para la revista Salon. La cita fue extraída para demostrar que yo soy un racista anti-negros, lo cual es implausible de entrada puesto que Salon es una revista de izquierdas que no publicaría un texto racista anti-negros. En la práctica yo era columnista fijo de Salon cuando lo escribí.

El artículo se llamaba “Las armas no matan negros, otros negros sí”. Trataba del plan de la NAACP de demandar a los fabricantes de armas y responsabilizarles legalmente del hecho de que el homicidio era la causa número uno de muerte entre los varones negros jóvenes. Precisé lo obvio — que muchas comunidades, incluyendo muchas comunidades negras, tienen personas que tienen armas y no se matan entre sí con tamaña regularidad; que los hijos sin padres, la epidemia de drogadicción imperante, las bandas callejeras sin control, pocos policías y otros factores eran la causa real de esta trágica violencia, y no los fabricantes de armas blancos. Instaba a la NAACP a centrarse en las verdaderas causas de estas trágicas tasas de homicidio entre los varones negros jóvenes, y no solamente a taparlo con la baza racial, achacando todo al capitalismo y a los blancos.

Tumazi solamente cita el título del artículo, y lo presenta así: “La columna del 16 de agosto de 1999 [de Horowitz] para Salon.com titulada ´Las armas no matan negros, otros negros sí´ es solamente una muestra de su llamamiento a las armas para todos los conservadores, furiosos o no, para devolver a las universidades norteamericanas a sus orígenes religiosos y supremacistas blancos”. De modo que de estar preocupado por el fracaso de los líderes de la NAACP a la hora de seguir una política que ayudase a los jóvenes negros de los núcleos urbanos, soy retratado como alguien que hace las universidades religiosas y supremacistas blancas. Y esto, en un periódico universitario, de la mano de un estudiante de tercer año de estudios internacionales, en una universidad puntera.

La segunda afirmación dudosa que ha sido insertada en mi dossier por la izquierda universitaria es la afirmación de que yo dije que los negros “se beneficiaron de la esclavitud”. He aquí la versión de Tumazi: “Horowitz fue de nuevo criticado por su xenofobia y su retórica abiertamente discriminatoria por un comentario del 26 de enero de 2005 en la página web de History News Network sobre `Porqué no celebro´ el 90 cumpleaños del estimado historiador afroamericano John Hope Franklin…. En el artículo, Horowitz lanza un ataque contra Franklin y a continuación procede a afirmar que ´los negros libres y los descendientes libres de negros… se beneficiaron de la esclavitud´. La cólera y la amargura de Horowitz contra los negros solamente son desbancadas por su implacable odio a los musulmanes, a cualquiera que no tenga pene, a los no heterosexuales y a las clases pobre y trabajadora”.

Antes del artículo al que Tumazi se refiere, John Hope Franklin había escrito un virulento ataque contra mí durante mi campaña contra las reparaciones — un plan para obligar a los inmigrantes hispanos, que no tuvieron ningún papel en la esclavitud americana, a pagar “su deuda” a negros multimillonarios como Jesse Jackson o Snoop Doggy Dog, que nunca han sido esclavos. Califiqué tal campaña de absurda, divisiva y racista (los pagos se iban a hacer en función del color de la piel) destructiva para los intereses de la comunidad negra y lo dije así en el anuncio que publiqué en prensa universitaria y al que respondía Franklin. Según Franklin, cualquiera que se opusiera a este plan estaba “a favor de la esclavitud” — ese es el término que utilizó realmente. Lo que fue particularmente decepcionante fue la distorsión de Franklin del respeto histórico, puesto que él fue un historiador destacado. Para justificar las reparaciones contra los blancos (incluyendo hasta a aquellos cuyos ancestros habían luchado contra la esclavitud, incluso aquellos cuyos ancestros habían llegado a América después de abolirse la esclavitud) Franklin inventaba diversas afirmaciones falsas. Entre ellas estaba la declaración de que durante la esclavitud “todos los negros no tenían derechos que pudieran llamar propios”. Como señalé en mi respuesta a su ataque, hasta los esclavos africanos procedentes del barco de esclavos Amistad, que no eran ciudadanos americanos, tenían derechos que estaban reconocidos por el Tribunal Supremo de los Estados Unidos, el cual (con una mayoría poseedora de esclavos presidiendo) votó a favor de liberarlos.

El comentario ampliamente repetido que me es atribuido sobre los supuestos beneficios de la esclavitud también fue voluntariamente falsificado por Franklin. Lo que digo en mi artículo original del que se extraía el anuncio es que los partidarios de las reparaciones estaban afirmando (sin pruebas) que toda la riqueza de América se basaba en la esclavitud, hecho que justifica las compensaciones a negros vivos hoy por parte de blancos vivos hoy. Mi respuesta fue que si toda la riqueza de América se basaba en la esclavitud, entonces todo el mundo vivo hoy, negros así como blancos, eran beneficiarios. Personalmente nunca afirmé que la esclavitud fuera la fuente de toda la riqueza americana, ni tampoco me lo creo.

En su ataque contra mí, John Hope Franklin alteró los términos del argumento con el fin de refutarlo. Escribía: “todos los blancos y ningún esclavo se beneficiaron de la esclavitud americana”. (Énfasis añadido). Mi respuesta a esto, como aparece textualmente en la página web de History News Network, es como sigue: “Ni yo ni el anuncio afirmamos en ninguna parte que algunos esclavos se beneficiaran de la esclavitud. La primera pregunta que plantea mi anuncio es que si todos los blancos se beneficiaron económicamente de la esclavitud (y ciertamente un historiador responsable habría de mantener una mente abierta en esta cuestión) ¿podría alguien sostener también que los negros libres no se beneficiaron? Lo que es más importante, la pregunta es: si todos los blancos vivos hoy fueron beneficiarios de la riqueza que produjo la esclavitud, ¿cómo puede alguien decir que los negros vivos hoy no?” Este comentario, en manos de izquierdistas tales como Tumazi , se convierte en “los negros libres y los descendientes libres de negros… se beneficiaron de la esclavitud”.

Al igual que muchos otros izquierdistas con los que conferenciantes y estudiantes se encontraron la semana pasada, Nathan Tumazi es un fanático. Pero es más que eso. Quiere convertir su odio en acción y censurar a aquellos con los que discrepa: “Para aquellos de nosotros aún comprometidos con defender la verdad, la paz, la justicia y la igualdad, hay mucha cohesión que crear. Necesitamos unirnos y exigir que el odio racista de la campaña de la semana pasada sea expulsado a la fuerza de nuestro campus”. Este es el nuevo fascismo universitario, y es verdaderamente desagradable.

// OTROS TEMAS QUE TE PUEDEN INTERESAR

// EN PORTADA

// LO MÁS LEÍDO

// MÁS DEL AUTOR/A

Menú