Los inversionistas se inquietaron ante la medida, pero más lo han hecho en función de la decisión de EE.UU. de imponer sanciones al círculo de empresarios, financistas y funcionarios de Moscú.
Putin ha firmado la ley sobre la ratificación del Memorándum llevado a cabo días pasados para hacer de Crimea parte de Rusia, con ello completo su anexión como un nuevo distrito administrativo ruso.
Putin prometió proteger a los banqueros que Washington ha incorporado a su lista negra, su portavoz dijo que Rusia respondería confeccionando su propia lista ante la medida estadounidense y que lo hará desde lo financiero. Lo concreto es que los círculos de poder en Moscú han tomado a risa las pretendidas sanciones de Estados Unidos aunque las acciones en la bolsa de valores de Moscú han perdido 7 mil millones de dólares en las últimas dos semanas, la caída se produjo después que el presidente Barack Obama amenazó con atacar los principales sectores de la economía de Rusia si Putin avanzaba sobre Ucrania y la península del Mar Negro.
Desde Washington se indico que se está evaluando la relación con Rusia. La administración estadounidense se mostró escéptica sobre las garantías rusas de que sus movimientos de tropas en la frontera con Ucrania no eran más que ejercicios militares.
Como sea, la soga financiera comenzó apretando a las compañías Visa y Máster Card al interrumpir el procesamiento de pagos a un banco ruso cuyos propietarios están en la lista negra de EE.UU. La primera respuesta rusa fue efectuada por el ministro de Finanzas, Antón Siluanov, quien dijo que Rusia podría cancelar su endeudamiento externo para finales del 2014 y elevar el consumo a nivel nacional sin necesitar de algún tipo de comercio con aquellos que osaron confeccionar una lista de sanciones incluyendo ciudadanos rusos
Los líderes de la Unión Europea que alinean con Obama insisten en que Crimea debe seguir tributando impuestos que recaude Ucrania, pero todo esto se parece más a un teatro que a la realidad sobre el terreno, donde el tsunami ruso se ha llevado puesta tanto a Crimea como a Ucrania.
Sacudida por la peor crisis entre Oriente y Occidente desde la Guerra Fría, la UE se comprometió a reducir su dependencia de la energía rusa y firmó un acuerdo político con los ucranianos pro-occidentales que tomaron el poder después del derrocamiento del presidente pro ruso, Víctor Yanukovich. Aun así, el efecto de esta medida de la UE es de suma cero ante el avance de los hechos políticos. Sin embargo, Putin sostiene que Crimea ha ejercido su derecho a la libre determinación y con esa sencilla posición quito del juego a la UE y a Obama obteniendo una nueva victoria diplomática sobre la debilidad de Occidente.
Los bancos extranjeros y las empresas temen ahora el efecto dominó secundario de las sanciones. En el peor de los casos para ellos, Washington dejaría de hacer negocios con clientes y bancos rusos, algo similar a las sanciones impuestas a Irán en su tiempo. Pero lo anunciado hasta ahora tanto por la UE como por la administración Obama es realmente nada más que cosmética pura. Mientras tanto,
en la propia Crimea tropas ucranianas se rindieron a las fuerzas rusas entregando sus bases que ya están en manos de Moscú. Y en Ucrania la situación sigue siendo peligrosamente inestable al tiempo que los observadores de la OSCE se demoran en asumir su trabajo y con ello ofrecen más oxigeno a Putin.
Al mismo tiempo, el primer ministro Dimitri Medvedev dejó claro que Rusia incrementaría la presión financiera sobre Ucrania indicando que la ex república soviética debe pagar a Moscú 11 mil millones dólares por un contrato de suministro de gas antes del de mayo o atenderse a sus consecuencias económicas y hasta militares si incurre en incumplimiento.
Es claro que la Rusia actual está empeñada en reflotar viejas y conflictivas políticas de la ex URSS. La pregunta es hasta donde está dispuesto el liderazgo internacional en permitirlo. El señor Putin ya ha demostrado sobradamente su disposición a revivir el imperio.
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