Buenos Aires. Cae la noche sobre Buenos Aires. La ciudad se puebla de neones. De pronto, en plena peatonal del centro porteño, la multitud irrumpe. Suenan micrófonos y bombos. Es un “escrache” bien argentino. Nadie entra, nadie sale. “¡Basta de explotación y talleres clandestinos!”, reclaman. Es que, muy a pesar de los libros de historia, el tráfico de esclavos no se acabó en Argentina con la Asamblea de 1813 ni la Constitución de 1853. No. Aquí y en el resto del planeta, vivimos en el siglo que más esclavos reporta en toda la historia humana.
La esclavitud, hoy, se llama “trata”. Genera alto rendimiento económico con bajo riesgo de sanción. Considera al ser humano un bien transferible y vendible de acuerdo con la oferta y la demanda. Hablamos del segundo negocio clandestino más rentable en el mundo después del narcotráfico.
Los pasados 9 y 10 de abril tuvo lugar en el Vaticano el segundo encuentro internacional dedicado exclusivamente a la trata de personas. Convocados por Francisco, se reunieron responsables de policías de 20 países y analizaron junto a la Iglesia formas de combatir este delito. Francisco, además, se reunió en privado con cuatro víctimas que lograron escapar. Iglesia y fuerzas del orden se comprometieron a trabajar juntas. Estaban, entre otras, el FBI, Interpol, Europol y Cáritas.
Los captores socavan la identidad más profunda de la víctima, para convencerla de que no es nadie y que nadie vendrá a por ella
Pero, ¿qué es la trata? En el año 2000, en Palermo, Italia, la Convención contra la Delincuencia Organizada Trasnacional o “Convención de Palermo” convocada por la ONU acordó pautas y redactó tres Protocolos. Uno de ellos, contra la trata, a la cual define como la captación (reclutamiento forzoso o mediante engaño), el traslado –dentro o fuera del territorio nacional–; la acogida o la recepción de personas y la recepción de pagos para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación.
La trata toma las formas de explotación sexual o laboral de niños, niñas, adolescentes y adultos; coacción para sicariato, halconeo; transporte o venta de drogas; tráfico de órganos, servidumbre de migrantes, mendicidad, matrimonio servil, pornografía infantil,secuestro y explotación de niños para milicias, explotación sexual infantil, etc.
La Organización Mundial del Trabajo estimó en 2012 que existen 20.9 millones de esclavos en el mundo.Deja 32 mil millones de dólares al año en ganancias. Y se señala que llegan a 215 millones los niños obligados a trabajar; de ellos, más de 110 millones en tareas de alto riesgo.
Hay inmigrantes explotados en talleres textiles clandestinos con sistema de “cama caliente”
Aliados del miedo
El tratante recurre a la amenaza, uso de la fuerza y otras formas de presión, violentas, psicológicas o físicas. Capta a la víctima mediante rapto, fraude, engaño, abuso de poder y de la situación de vulnerabilidad, concesión de pagos y beneficios. Luego, la víctima es aislada, hambreada, violada; recibe amenazas, se le impide el acceso a cuidados médicos, descanso, a traductores propios cuando no conoce el idioma; se le quitan los documentos y teléfono móvil. Los captores socavan su identidad más profunda: convencerla de que no es nadie, a nadie le importa, nadie vendrá a por ella.
Una largo ensamblaje de corrupción hace falta para ello: intervienen el reclutador, el transportista, tratantes intermediarios, el proxeneta en el caso de la trata sexual; el que entrega, el que recibe; el dueño del taxi que lleva y se calla la boca; el del hotel que mira para otro lado; protección de funcionarios corruptos, policías, jueces, legisladores, políticos. Y requiere del cliente como partícipe necesario.
Aspecto importante: en Argentina como en otros países, cuando el caso involucra menores de 18 años, hay trata.
La trata es preponderantemente femenina y sexual de México a la Patagonia
“Cama caliente” en talleres clandestinos
Un “escrache”, en Argentina, es sinónimo de mucho ruido para visibilizar, reclamar, protestar. Organizaciones sociales y vecinos autoconvocados han realizado varios “escraches” contra la trata en Buenos Aires, para señalar locales de prostitución y para denunciar a marcas y comercios cuyos productos fueron confeccionados en talleres textiles clandestinos con mano de obra esclava y sistema de “cama caliente”.
Este término significa que en una habitación o galpón llena de máquinas y materia prima, familias completas conviven privadas de libertad y duermen en colchones tirados en el suelo o en literas que nunca se desocupan: mientras unos reposan, otros cosen y viceversa, las 24 horas de 7 días a la semana. Hacinamiento, rejas en ventanas y puertas, tratantes que “halconean”, salud precarizada, miedo.
Según un informe del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina (CONICET), en estos talleres prolifera la tuberculosis (8 veces más casos que la media nacional) y aumenta el riesgo de contraer otras patologías, fomentadas por el polvillo que despiden las telas al cortarse, las malas condiciones alimenticias y el encierro.
Condiciones de explotación son asumidas casi con naturalidad por empleadores que se vuelven tratantes y por víctimas que las aceptan por necesidad
Migrantes: traficados, tratados, vendidos, explotados
La Oficina para el Monitoreo y Lucha contra el Tráfico de Personas del Departamento de Estado de los EE.UU. realiza informes anuales sobre Trata de Personas, país por país. De 2010 a esta parte, señala que “ciudadanos bolivianos, paraguayos, peruanos y argentinos provenientes de las provincias más carenciadas del norte del país son sometidos a trabajos forzados en talleres clandestinos y emprendimientos rurales”. Denuncia “la práctica de engañar al migrante para que viaje al extranjero a trabajar, incluido el requisito imperante de pagar altas cuotas por el reclutamiento (…) víctimas de la trata con fines de explotación laboral para la venta callejera y pedido de limosnas” en la Capital Federal.
Junto a la trata está el tráfico de migrantes. En la frontera argentino-uruguaya se destapó en 2012 y 2013 una importante red de tráfico de chinos y dominicanos, muchos de los cuales son entregados a manos de tratantes que los someten sexual o laboralmente. También en esta frontera se detectó ingreso de coreanos indocumentados a bordo de canoas y pequeñas lanchas.
La llamada “triple frontera” en el norte argentino (lindante con Brasil y Paraguay) es considerada zona liberada para el ingreso clandestino de migrantes y la venta de niños para explotación y turismo sexual.
Mercedes Assoratti, de Esclavitud Cero, durante el Congreso Anti-Mafia realizado en la Universidad de Buenos Aires (UBA), abril de 2013, denunció que niños y niñas bolivianas de 12 a 13 años son ofrecidos para todo servicio en Argentina por 2.500 dólares. .
La trata es preponderantemente femenina y sexual de México a la Patagonia (74% de las víctimas son mujeres que terminan en prostíbulos). Y más masculina y laboral entre los migrantes latinos que logran cruzar la frontera e ingresar a Estados Unidos (44% de la trata detectada; varones obligados a servidumbre por endeudamiento, a sicariato, explotación sexual).
Más cerca de lo que parece
Condiciones de explotación y servidumbre son asumidas casi con naturalidad por empleadores que se vuelven tratantes y por víctimas que las aceptan por necesidad. En octubre de 2013, una investigación detectó que 360 personas eran sometidas a trata laboral en la provincia de La Rioja, oeste argentino, en una finca olivícola del reconocido grupo Mastellone-La Serenísima.
Argentina se comprometió a terminar con el trabajo infantil en 2016. Si es infantil, es trata. Misiones es una provincia del norte argentino, lindante con Paraguay y Brasil, y allí se cultiva el 90% de la yerba mate que se consume en el país. La ONG “Un sueño para Misiones” denunció que las plantaciones yerbateras reclutan mano de obra infantil desde los 4 años, además de tener a sus empleados adultos en condiciones irregulares.
Signos de esperanza
Una medida novedosa contra el trabajo infantil fue la que tomó en 2013 en Argentina el gobierno de la provincia de Entre Ríos. Destinó parte de la recaudación de las multas aplicadas por explotación laboral infantil a apoyar a la familia del niño trabajador. Los padres, en este caso, deben garantizar la escolaridad de sus hijos y realizar tareas comunitarias como contraprestación por la ayuda.
Otro signo: la Fundación Alameda ha realizado el mayor número de denuncias, con material probatorio adjunto. Más de 110 firmas textiles, entre ellas Zara en 2013, fueron denunciadas ante la UFASE (Unidad Fiscal Anti Secuestros y contra la Trata) por explotación de migrantes en talleres tercerizados, ya que la Ley 12.713 establece que las empresas son solidariamente responsables sobre los lugares contratados para producir. El 30 de diciembre de 2013 finalizó el primer juicio por trata laboral en Argentina. Nueve acusados (entre ellos, argentinos, bolivianos y coreanos) fueron condenados a 6 años de prisión efectiva por los delitos de reducción a la servidumbre y facilitación de permanencia ilegal de extranjeros en territorio nacional.
La Alameda logró, además, que un juez destinara las máquinas secuestradas en talleres clandestinos a una cooperativa formada por las mismas víctimas, que ahora pueden seguir trabajando en lo mismo pero en condiciones salubres y dignas, autosustentándose.
(*) Periodista argentina especializada en trata de personas. Colaboradora de la ONG “Infancia Robada”, Argentina.