A menudo me inquieta cuando alguien, al comentar el tema del terrorismo, dice, “Bien, soy judío, y creo que…” o “Bien, dado que es judío y no le molesta.
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Domingo, 10 de mayo 2026

A menudo me inquieta cuando alguien, al comentar el tema del terrorismo, dice, “Bien, soy judío, y creo que…” o “Bien, dado que es judío y no le molesta.
Debbie Schlussel
Ni los judíos tienen el monopolio en la materia — como habría esperado que demostrasen por fin los ataques del 11 de Septiembre a aquellos que pensaban que era una cosa judía — ni el único conocimiento. En la práctica, como vengo observando en mi página, demasiados de mis prominentes correligionarios son colaboradores con conocimiento de causa de terroristas y sus partidarios en nuestro propio suelo. Ellos lo llaman “el diálogo”. Y si hubieran estado presentes en los años 30 y 40, habrían tomado wienerschnitzel con miembros del club de fans de los Nazis conocido como German American Bund, mientras sus correligionarios de Auschwitz se convertían en jabón y cenizas.
En estos tiempos, importantes líderes judíos que afirman representarme afirman estar en contra del Hitler de hoy, el Presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad. Pero aún así, al mismo tiempo, están ayudando a sus agentes aquí en América. No estoy hablando de los rabinos de Neturei Karta, el reducido grupo de rabinos marginales que se han reunido con Ahmadinejad con motivo de la confabulación del Holocausto en Teherán y que vienen siendo denunciados por todas las ramas del judaísmo. Ellos no cuentan.
Estoy hablando de líderes judíos — en especial dos emblemáticos aquí en la zona de Detroit — que tienen detrás suyo los fondos de la Jewish Welfare Federation, alias United Jewish Communities. En la mayor parte de las comunidades judías de las principales ciudades americanas, este es el colectivo paraguas autoproclamado y no elegido representante de la mayor parte de los grupos judíos de la ciudad, dominado por la izquierda.
Me refiero específicamente a Robert Cohen y a Sharona Shapiro, dos particulares que a lo largo de los años han afirmado — y siguen afirmando — hablar por mí como judío americano. Realmente no lo hacen, ni tampoco hablan por más que un puñado de judíos. Ese es el motivo de que sea preocupante que ayer, Cohen — director ejecutivo del Consejo Judío de la Comunidad (una organización que mi difunto abuelo paterno dirigió en tiempos) — ayudase a encabezar una manifestación contra Ahmadinejad en el Holocaust Memorial Center de la zona de Detroit (fundado y dirigido por mi primo) al mismo tiempo que parte el pan con reconocidos agentes antisemitas americanos de Ahmadinejad. La rolliza Shapiro, hasta hace poco directora del Comité Judío Americano local, también hace lo mismo.
Justo después de la guerra de Hezbolá del verano pasado y acompañando las concentraciones de decenas de miles de Dearbornistán en apoyo, Cohen enviaba una nota a todos los líderes de la comunidad judía afirmando que continuará dialogando con los líderes fundamentalistas chiítas de influencia iraní en la ciudad porque “los cristianos quieren que lo hagamos” (¿qué cristianos?) y porque tenemos que hacer eso “para mantener segura a nuestra comunidad”. Toma ya. En la práctica, la carta de Cohen suena idéntica al discurso que escuchamos a lo largo del fin de semana del decano Bollinger de Columbia y de John Coatsworth, argumentando la necesidad de “involucrarnos en… diálogos” y “dialogar” con Ahmadinejad.
Shapiro hablaba con la prensa de Detroit afirmando también que había en marcha iniciativas. En Pascua, hasta celebraba un Seder conjunto judío-musulmán en su casa del ostentoso West Bloomfield, Michigan. Supongo que olvidó que Pascua está relacionado con celebrar la libertad, no la dhimmitud.
Y cada uno por su cuenta sigue dialogando con los imanes Hassán Qazwini y Mohammed Ali Elahi, ambos partidarios y defensores de Ahmadinejad. Son los dos clérigos chiítas más prominentes de la ciudad y también de toda Norteamérica. Pero ambos no son solamente fundamentalistas que apoyan el Mahmoudstock, sino que también han sido fotografiados visitando a su colega, el líder espiritual de Hezbolá Mohammed Hussein Fadlallah. Además, Elahi fue enviado aquí por el régimen jomeinista al que sirvió en tiempos como líder espiritual de su marina (y funcionario de Hezbolá) con el fin de radicalizar a los congregados chiítas de su antigua mezquita (hoy de Qazwini), el Centro Islámico de América.
A pesar de todo eso — a pesar de su abierto y público apoyo a Ahmadinejad, Hezbolá, Hamas, etc. — Cohen y Shapiro (a quien etiqueto apropiadamente como la Monica Lewinsky verbal del islam extremista) siguen enviando misivas y notas instando al “diálogo” e “intercambio” con estos dos imanes, dos reconocidos agentes del actual gobierno de Irán. Shapiro se llegó a ofrecer para pagar los daños menores en la mezquita de Elahi cuando un borracho arrojó una botella a través de una ventana lateral. Cuando Showtime comenzó a emitir su excelente serie “Célula durmiente”, ella protestaba más alto que los musulmanes en torno a que “no muestra el verdadero islam”. La mujer es toda una fan islamista. En 1940 habría sido el kapo del campo de concentración.
Ayer, Cohen informaba a Detroit Free Press:
Irán debe ser detenido, tiene que ser disuadido [de la idea] de adquirir armas nucleares. Es el principal patrocinador mundial del terrorismo. Niega el Holocausto. Amenaza al estado de Israel y al mundo entero.
Si verdaderamente cree usted esto, Robert Cohen, entonces ¿por qué sirve a aquellos que creen lo mismo y viven aquí en la zona de Detroit? ¿Por qué sirve a aquellos que han afirmado abiertamente ser agentes de este loco? ¿Por qué?
Porque usted es una aberración.
Francamente, mientras que me preocupa extremadamente que el Hitler moderno, Ahmadinejad, fuera recibido en la Universidad de Columbia y dado espacio, encuentro el apoyo de estos dos líderes judíos no elegidos a los agentes norteamericanos de Ahmadinejad mucho más preocupante. Mahmoud y su comitiva volverán a Teherán, pero Elahi y Qazwini no. Seguirán aquí e influenciarán a subordinados en la agenda de odio chiíta iraní, como vienen haciendo. Y sus seguidores — al igual que el financiero de Hezbolá Talal Chahine y su procesado hijo autor de matanzas de honor Jalil Chahine — seguirán cumpliendo la voluntad de Ahmadinejad.
Y estos dos súper incautos — Robert Cohen y Sharona Shapiro — seguirán legitimándolos.
Teniendo en cuenta esto, todas las concentraciones en el mundo contra Ahmadinejad en los museos del Holocausto no marcan la más remota diferencia.
En la práctica son simplemente una charada. Si no sabe unir los puntos, salga del recreo.
Estos judíos no hablan por mí. Y en materia de terrorismo, tampoco hablan por nadie.
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