Entre otros créditos notables, la juez Massiah-Jackson condenó al brutal violador de una niña de diez años al mínimo estatutario y se disculpó ante el violador diciendo: “No creo que de cinco a diez años sea apropiado en este caso incluso asumiendo que usted fuera culpable”.
Ann Hart Coulter
Dedico esta columna a John Murtha, el motivo por el que los soldados inventaron las granadas.
En respuesta a los argumentos de mis detractores, digo: ¡Guaaaaaaaaaaaaa! ¡Bu ju ju!
Si usted está molesto por lo que dije acerca de las Brujas de East Brunswick, pruebe a pasar la página. Cierto, debo haber ofendido más que a esas cuatro arpías. Espere a recibir una dosis de lo que digo acerca de los progresistas en el resto del libro. No ha visto de la misa la media.
Para las víctimas confusas, mi libro es Navidades en julio. Hey – ¿dónde está Max el Lanzagranadas (1)? Hagamos que esta fiesta premamá dure todo el verano.
Qué tal estos punzantes puntos:
- Ninguna causa progresista es defendida con mayor deshonestidad que el aborto. No importa qué más simulen que les preocupa de vez en cuando – minar la seguridad nacional, ayudar a terroristas, oprimir a la clase media, liberar a criminales violentos.
- El punto más importante de la agenda de los Demócratas es el aborto. En la práctica, el aborto es el único tema por el que el Partido Demócrata está dispuesto a ir a la guerra – a excepción del mundo musulmán, que está trufado de prohibiciones de abortar pero contra el que ir a la guerra podría servir a objetivos de seguridad nacional de América. A los progresistas no les preocupan las mujeres. Les preocupa destruir la vida humana. Para ellos, 2200 muertes militares en todo el curso de una guerra en Irak es insensato, pero 1,3 millones de bebés abortados en América cada año es algo a celebrar.
- Frederica A. Massiah-Jackson, del tribunal común de apelaciones de Philadelphia, se hizo célebre por gritar obscenidades desde el estrado e identificar a policías de paisano en un tribunal público. Bill Clinton nominó a Massiah-Jackson para juez del tribunal federal del distrito en 1997. Entre otros créditos notables, la juez Massiah-Jackson condenó al brutal violador de una niña de diez años al mínimo estatutario y se disculpó ante el violador diciendo: “No creo que de cinco a diez años sea apropiado en este caso incluso asumiendo que usted fuera culpable”. Rehusó permitir que el fiscal del distrito presentase un informe pre-sentencia o el examen de impacto sobre la víctima, diciendo: “¿Cuál sería la idea de eso?” A su liberación, el acusado fue detenido de nuevo por violar a un niño de nueve años.
- Massiah-Jackson no era una loca nominada por Clinton al azar por accidente, como Janet Reno o Ruth Bader Ginsburg. Era una heroína progresista. El New York Times se puso furioso cuando Massiah-Jackson se retiró – y no porque Massiah-Jackson hubiera ridiculizado a las víctimas del sida o de violación… El Times estaba fuera de sí [porque] a causa del “asalto judicial”, el Senado tuvo que degradarla. Massiah-Jackson, rezaba el Times, “vuelve hoy al estrado del estado, criticada pero con su honor intacto. Desafortunadamente, no puede decirse lo mismo del Senado”.
- Los progresistas temían un libro que contaba la verdad acerca del coeficiente intelectual (“The Bell Curve“(2)) porque son seculares ateos que no creen que los humanos estén hechos a imagen de Dios. Los cristianos no tienen miedo a escuchar los hechos acerca de las diferencias genéticas en el coeficiente intelectual porque no creemos que los humanos sean especiales por ser inteligentes, un montón de progresistas parecen tener coeficientes intelectuales elevados, de modo que, en realidad, ¿cuál es la diferencia? Después de que Hitler llevase la filosofía de los seculares a su triste conclusión, los progresistas tienen terror a hacer cualquier comentario que parezca reconocer que existen algunas diferencias entre grupos de personas – grupos raciales en especial. Es difícil tener una conversación simple – aún menos implicarse en una investigación científica abierta sin trabas – cuando los progresistas tiran constantemente de su libro de normas de lo que se puede y no se puede decir.
- Mientras los homosexuales estaban siendo diezmados por el virus del sida, el cirujano jefe C. Everett Koop estaba más interesado en “no estigmatizarlos” que en salvar sus vidas. Ya ve, de donde yo vengo, estar muerto también conlleva un cierto tipo de estigma. En lugar de distribuir condones en locales de ambiente y pases de la obra “Rent“, donde podrían haber servido de algo, Koop insistía en distribuir condones en los jardines de infancia, con el fin de destacar la idea de que el sida no discrimina, cosa que hace.
En 1987, la reportera del New York Times Maureen Dowd – antes de ser elevada a las páginas de viñetas – escribía un heroico retrato del hombre. El Dr. Koop, decía “desea privar al sida de su estigma ferozmente“, y por ese motivo, habla “de hacer un vídeo animado educativo que presentaría dos condones ´con pequeños ojos´ charlando, y acerca de la necesidad de educación sexual ´suave y sin mitos´ para estudiantes, empezando desde el parvulario“. Yo pagaría bastante por escuchar a alguien describir el sexo anal – oh demonios, que sea cualquier tipo de sodomía – a alguien de cinco años de modo suave y sin mitos.
Finalmente, unas palabras para aquellos de ahí fuera que quedan aún por ofenderse por algo que haya dicho o escrito: por favor sed pacientes. Trabajo todo lo rápido que puedo.
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