Economía y Sociedad, Política

Sistema de protección social: cambio del modelo chileno

En Chile, algunos han hecho esfuerzos importantes por darle a la Concertación un certificado de paternidad sobre el modelo, destacando entre ellos la gente de Cieplan. Pero desgraciadamente, a la presidenta no le gusta. Es cosa de escucharla nomás.

Luis Larrain
Cuando la presidenta viaja por el mundo, escucha loas al modelo chileno. Lo mismo le pasaba a Lagos. Todo el mundo mira con admiración a nuestro país. En Chile, algunos han hecho esfuerzos importantes por darle a la Concertación un certificado de paternidad sobre el modelo, destacando entre ellos la gente de Cieplan. Pero desgraciadamente, a la presidenta no le gusta. Es cosa de escucharla nomás.

En un seminario de la Fundación Chile 21, la presidenta Bachelet delineó con claridad cuál es el cambio al modelo que pretende impulsar en su gobierno. Algunas frases textuales de lo que dijo:

“No se responde sólo con el diseño de políticas sectoriales focalizadas en aquellos más vulnerables. Debe generarse un sistema con una mirada integradora de la política social existente y que permita que ella sea lo suficientemente dinámica para adaptarse a los fuertes cambios y al aumento de las inseguridades en la sociedad moderna. Por todo ello es que nuestra respuesta desde Chile al desafío de un moderno Estado social de derecho, es el Sistema de Protección Social.”

¿Qué diablos significa en buen castellano este “moderno Estado social de derecho” que le gusta a la presidenta? Significa que la labor del Estado no debe circunscribirse a ayudar a los más pobres entregándoles salud, educación, vivienda y previsión (políticas sectoriales focalizadas), sino que su acción debe extenderse a toda la sociedad para brindarle un sistema de protección social. O sea se abandona la focalización de las políticas sociales en los más pobres. Si a alguien le caben dudas, aquí va otra frase textual de la presidenta en aquella ocasión:

” Y quiero decir que ésta va a ser la marca de mi gobierno, porque a través de la consolidación de este sistema de protección social, pienso que estaremos re-encauzando el país en lo que fue su matriz histórica de construcción estatal, de crecimiento con igualdad, de un Estado preocupado de ampliar libertades y el bienestar de sus ciudadanos, que primó durante gran parte del siglo XX.”

La matriz histórica de construcción estatal de la que nos habla la presidenta, es la que por falta de focalización en las políticas sociales tenía a Chile en 1973 como el segundo país con mayor tasa de mortalidad infantil en Latinoamérica; es la que explicaba que un 50% del gasto público en Educación estuviera dirigido a atender al 4% de los educandos, los de la educación superior, en la cual estudiaban gratis los hijos de los ricos.

Pero, alguien podría decirme, ¿cuál es la novedad? Si a don Patricio tampoco le gustaba el modelo y mira lo bueno que fue su gobierno. Lagos también tenía predilección por una construcción desde el Estado y mira adonde estamos. ¿Por qué no podría pasar lo mismo con Bachelet?

Porque Bachelet tiene plata. El gran “cuco” de los gobiernos de la Concertación, especialmente entre los socialistas, era la disciplina fiscal. Nicolás Eyzaguirre, con el superávit estructural del 1% no sólo sacó patente de responsabilidad fiscal, sino que nos metió un gol y se aseguró que cualquier nuevo gasto público fuera financiado con mayores impuestos. La gran renovación del socialismo en materia económica fue su valoración de los equilibrios macroeconómicos, especialmente el fiscal, pero no es que crean en el mercado más que en el Estado. Ahora, que tienen plata para gastar a raudales (se calcula que las holguras presupuestarias entre 2007 y 2010 llegarán a US$ 17.000 millones) se niegan a que siquiera un peso de esa mayor disponibilidad de recursos sea gastado con la lógica de asignación de recursos del sector privado.

Eso significa la negativa tajante a reducir los impuestos. Ni un peso será gastado con criterios de mercado. Todo será decidido por el Estado, algún gasto podrá ser realizado por empresas privadas, pero bajo criterios de decisión del Estado. ¿Lograrán con esta “orgía perpetua” del Estado destruir el modelo? Ojalá que no, para que los pobres puedan tener la esperanza de salir de su condición.

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Luis Larrain es subdirector del Instituto Libertad y Desarrollo de Chile.

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