Un ingeniero sirio, y español por matrimonio, Mustafá Setmarian, posible autor de 18 asesinatos en el atentado el restaurante El Descanso de Madrid, en 1985, era “responsable de la yihad para la guerra química y bacteriológica”, según varios documentos estadounidenses y españoles.
Imaginemos que unos terroristas con conocimientos científicos cultivan bacterias letales para introducirlas en productos de gran consumo como parte de una conflagración bacteriológica.
Para esa guerra de ciencia-ficción, del futuro o del presente, es fácil crear una cadena venenosa, sin fin y piramidal, incluso a partir del agua potable.
No se trata de sostener aquí que la contaminación alimentaria de esta E.coli desconocida que ha matado ya a una veintena de personas, sobre todo en Alemania, proceda de una acción terrorista.
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