Europa, Política

Theresa May ganó pero perdió

Theresa May ganó las elecciones del 8 de junio pero perdió doce escaños y la mayoría absoluta que le entregó David Cameron en las elecciones de 2015.

Antes de acudir a Palacio para informar a la Reina que podía formar gobierno había pactado con el DUP, el Democratic Unionist Party, que le ofrecería sus diez escaños para poder ser investida primera ministra.

Perdió la mayoría y siguió adelante. Buscó al primer aliado que encontró sin advertir los riesgos que comportaba aliarse con el partido fundado por Ian Paisley en Irlanda del Norte, una de las formaciones más a la derecha en el panorama político europeo. May quiso creer que no había pasado nada porque podía presidir el gobierno.

La silla empezó a movérsele hasta el punto que ha retrasado el discurso que pronuncia la Reina al comienzo de toda legislatura en la Cámara de los Lores. El texto, naturalmente, lo escribe el gobierno pero la tradición protocolaria hace ver que es la soberana la que lo ha elaborado.

Este es el comienzo de un sinfín de adversidades que le esperan a Theresa May. La primera batalla la tiene que librar en su propio partido. El Comité de 1922 es una de esas entelequias que conviven en la Cámara de los Comunes pero que siempre tiene que tenerse en cuenta. Todos los diputados de a pie del partido conservador se reúnen en Westminster cada semana para analizar la marcha del partido, del gobierno y del país en general. Es la gran tertúlia política de la derecha política británica.

Fue fundado en 1923 y su influencia en la suerte de los primeros ministros conservadores ha sido determinante. No ha hecho ningún pronunciamiento sobre el futuro de Theresa May pero tampoco le ha dado un cheque en blanco.

La intranquilidad en el seno de los conservadores empezó con la victoria del Brexit, un referéndum para contentar a los euroescépticos del partido que acabó llevándose por delante a David Cameron y ahora amenaza con desplazar a Theresa May del poder.

La política británica tiene un sentido práctico que pasa por encima de amistades, alianzas y pactos. Hace lo que conviene en cada momento. Lo que está en juego es el Brexit duro que prometió May pero que no podrá llevar a cabo porque serán precisamente sus apoyos de Irlanda del Norte los que le dirán que no establezca una frontera en la isla que había empezado a olvidar las trágicas pisadas del terrorismo y las divisiones entre católicos y protestantes desde el siglo XIX hasta hace bien poco.

Nadie le pedía que convocara elecciones anticipadas. Las ganó pero insuficientemente, es decir, las perdió. Su permanencia como primera ministra aparece hoy como una nebulosa. No hay que descartar que sea sustituida por alguien del partido conservador que, a su vez, tendría que convocar elecciones anticipadas para ser legitimado personalmente. Todo empezó por un referéndum convocado por Cameron sin calcular las consecuencias si lo perdía.

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