Política

¿Tolerancia Religiosa?

Pía Greene

Tras los hechos del pasado 4 de Febrero, cuando miles de manifestantes sirios prendieron fuego en la embajada de Dinamarca para protestar por la publicación en un periódico danés de caricaturas del profeta Mahoma, cabe hacer una reflexión sobre la tolerancia.


 


Las caricaturas fueron publicadas en un diario danés y reproducidas en varias publicaciones europeas, entre ellas, una que mostraba a Mahoma con un turbante que parecía una bomba, las que causaron gran malestar en todo el mundo musulmán.


 


Pareciera que éste episodio pueda ser el punto de partida para una nueva revisión a una de las facultades fundamentales del ser humano: su libertad. 


 


Ya desde la Carta sobre la Tolerancia escrita en 1689 por el filósofo inglés John Locke, se podría decir que existe uno de los primeros llamados a la tolerancia religiosa y a que se respeten los derechos de los distintos cultos, el de los hombres de practicarlos y de reunirse en torno a ellos. El autor expone que “(…) la inclinación común de todos los hombres, que, cuando sufren bajo una pesada carga, procuran naturalmente sacudirse el yugo que aprisiona sus cuellos”.


 


Sin embargo, en esta oportunidad no pareciera que Occidente (o alguno de sus países que no profesa la misma religión, en este caso Dinamarca) estuviera coartando la libertad de los musulmanes ni en la fe ni en la práctica de sus creencias, lo que podría provocar que los manifestantes “se sacudieran del yugo que los aprisiona”. En este sentido, se podría decir que la intolerancia, advertida por Locke, radicaría en los mismos que protagonizaron el incendio.


 


            Asimismo, se debe revelar el mérito y la trascendencia intelectual de Locke. Habiendo escrito la obra mencionada a fines del siglo XVII, pareciera tener la virtud de predecir uno de los grandes problemas del mundo moderno a saber, como la falta de tolerancia entre los pueblos y las religiones puede convertirse en un factor causal de los conflictos entre distintas “civilizaciones”, siguiendo en esto Samuel Huntington, profesor de Harvard, quien en su libro El Choque de las Civilizaciones (1996), expone que la fuente fundamental de conflictos en el universo posterior a la guerra fría, no tiene raíces ideológicas o económicas, sino más bien culturales. Y, a medida que la gente se vaya definiendo por su etnia o su religión, Occidente se encontrará más y más enfrentado con civilizaciones no occidentales que rechazarán frontalmente sus ideales: la democracia, los derechos humanos, la libertad, la soberanía de la ley y la separación entre la Iglesia y el Estado.


 


            Los ejemplos son variados, sin embargo pareciera que el que ha marcado el mundo en el último tiempo ha sido el terrorismo islámico con sus atentados en diferentes lugares del mundo. Nueva York, Madrid y Londres pueden dar testimonio de ello. Ahora también Dinamarca, que vio su embajada bajo fuego por la falta de tolerancia – y respeto – a su libertad de expresión. De paso, Chile y Suecia fueron víctimas también del fundamentalismo islámico, sin siquiera haber sido parte del conflicto.


 


 Esto se convierte necesariamente en fuente de reflexión acerca de cómo es posible entender el individualismo existente entre las naciones, las ideologías, las religiones, las personas, y cómo compatibilizar las distintas visiones que se tienen sobre ellas y mantener una base común, un diálogo entre las diversas civilizaciones. Con todo, al menos debe existir un consenso en torno a acordar ciertos principios comunes de entendimiento entre estas visiones. Una posible base de entendimiento se puede encontrar precisamente en el respeto a los derechos humanos. Entre estos últimos, interesa el respeto de los derechos de los individuos para pensar distinto o discriminarlos por las mismas razones.


 


            La libertad es la mayor facultad entregada al ser humano desde su creación. Sin embargo hay que siempre estar conciente que la libertad no puede ser ilimitada. Esas restricciones las hizo evidentes Isaiah Berlin: “El grado de libertad que goce un hombre, o un pueblo, para elegir vivir como quiera tiene que estar medido por contraste con lo que pretenden significar otros valores, de los cuales quizás sean los ejemplos más evidentes la igualdad, la justicia, la felicidad, la seguridad o el orden público. Por esta razón, la libertad no puede ser ilimitada“. Asimismo, las planteó Locke, “aquellos que son sediciosos, asesinos, ladrones, bandidos, adúlteros, calumniadores, etc., de cualquier Iglesia, sea nacional o no, deben ser castigados y suprimidos”.


 


Cabe preguntarse entonces también hasta dónde llega la libertad de los editores del periódico en cuestión de haber publicado las caricaturas. Si bien la actitud de los manifestantes es rechazable desde todo punto de vista, es necesario hacer una revisión de la tolerancia de los primeros con respecto a la cultura de los musulmanes. El punto en cuestión es qué hubiera sucedido si las caricaturas hubieran sido en contra de algún país occidental o si cumplen la promesa de publicar las caricaturas del holocausto, concientes del daño producido al pueblo judío durante esa parte de la historia. ¿Cómo reaccionaría Israel o Estados Unidos? Seguramente no incendiarían embajadas, ni recurrirían a la violencia, pero al menos exigirían una explicación y un perdón por parte de los agresores.


 


La libertad de uno siempre estará sujeta a la libertad de los otros, por lo que el camino para la paz, debe ser el respeto y la tolerancia de las distintas opiniones, tal como lo plantea Locke.

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