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Un defensor de los inmigrantes

En su visita por Estados Unidos el Papa Benedicto XVI pidió por un trato más humanitario para los 12 millones de inmigrantes que viven en el país.

Andrés Oppenheimer

El reclamo de Benedicto XVI, en Estados Unidos, para que se dé un trato humanitario a los inmigrantes indocumentados enfureció incluso más de lo usual a los grupos antiinmigrantes. ¡Qué bueno! Este Papa empieza a caerme bien. Poco después de que llamara a los estadounidenses a oponerse “a la violencia en todas sus formas para que los inmigrantes puedan tener una vida digna”, y de que un comunicado de la Casa Blanca dejara traslucir que el Papa había pedido un “tratamiento humanitario” para los inmigrantes y sus hijos durante su entrevista con George W. Bush, los adalides del movimiento antiinmigración salieron a disparar todos sus cañones.

En su noticiero, el conductor de CNN Lou Dobbs, el favorito de los grupos antihispanos, sacudió la cabeza con más amargura que la habitual, y acusó al Papa de visitar Washington para “presionar por la amnistía [de los inmigrantes indocumentados]”.

El congresista Tom Tancredo, hasta hace poco un aspirante a la candidatura republicana, dijo que las declaraciones del Papa tenían “menos que ver con la prédica del Evangelio que con el reclutamiento de nuevos fieles para la Iglesia”. “Lo del Papa no es una prédica, sino marketing religioso”, dijo.

Tancredo agregó que le gustaría saber “qué parte” de “la laxa política inmigratoria norteamericana” le parecía “tan violenta” al Papa.

Bueno, ya que Tancredo lo pregunta, démosle ejemplos:

-¿Es violento separar a las familias, deportando a padres arrestados en sus lugares de trabajo, y dejar desprotegidos a sus hijos, a menudo niños pequeños nacidos en los Estados Unidos?

Un estudio reciente del Urban Institute dice que hay más de tres millones de niños que son ciudadanos estadounidenses, hijos de padres indocumentados. Miles de ellos son separados de sus padres de improviso. El impacto que tiene en los pequeños la repentina desaparición de sus padres se suma a la falta de refugio y de comida, señala el estudio.

-¿Es violento que los gobiernos municipales instruyan a las policías para que asuman el papel de agentes de inmigración federales y apliquen las leyes inmigratorias a su antojo, o que aprueben ordenanzas prohibiendo a propietarios alquilar sus departamentos a trabajadores indocumentados, lo que da lugar a interrogatorios automáticos a cualquier persona de aspecto latino?

-¿Es violento que políticos y periodistas culpen a los trabajadores indocumentados de todos los males de Estados Unidos, pese a que, además de ser erróneo, fomenta un clima de odio hacia los 43 millones de hispanos de la nación?

Según el último informe estadístico anual de crímenes raciales del FBI, los crímenes contra los hispanos por motivos étnicos aumentaron un 35% entre 2003 y 2006. Los hispanos representan el 65% del total de víctimas de crímenes motivados por causas étnicas.

El Southern Poverty Law Center (SPLC), una organización que identifica y denuncia a movimientos racistas, consigna que existen 888 grupos que practican el odio racial en los Estados Unidos. Eso implica un incremento del 48% desde 2000, sin contar unos 300 grupos antiinmigración creados en los últimos tres años. Gran parte de los crímenes raciales contra los hispanos “son perpetrados por gente convencida de que está atacando a inmigrantes”, afirma el estudio del SPLC.

Mi opinión: el Papa tiene razón. Los 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país no sólo deben recibir un trato humanitario, sino que muchos de ellos deberían tener la posibilidad de obtener su residencia legal si realizan trabajos que los estadounidenses no quieren hacer, pagan impuestos y están dispuestos a aprender inglés.

Los grupos antiinmigración aducen que sólo están en contra de la “inmigración ilegal”. Pero eso es una falacia, porque la inmigración “legal” es casi imposible para los indocumentados: Estados Unidos otorga menos visas de ingreso que el número de trabajadores no calificados que requiere su mercado.

Estados Unidos necesita menos histeria antiinmigración y más esfuerzos para aprobar una ley que otorgue más visas de residencia y que, al mismo tiempo, perfeccione los controles fronterizos. Simultáneamente, el país necesita una mayor integración económica con América latina para ayudar a la región a crecer más y disminuir la necesidad de su gente de emigrar.

Y, por sobre todas las cosas, no deberíamos olvidar que la gente que muchos estigmatizan con el mote de “ilegales” son seres humanos, que merecen ser tratados como tales. ¡Gracias por recordárnoslo, Benedicto XVI! ¡Venga por aquí más a menudo!

Fuente: La Nación

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