“El TLC nos traerá grandes oportunidades. Habrá mayores posibilidades de exportar miles de productos colombianos, pero también habrá una excelente posibilidad para que, a través de las importaciones, compremos más barato aquello que necesitamos y nos dediquemos a lo que sabemos hacer”.
Andrés Mejía Vergnaud
BOGOTÁ, – Ahora que nuestro país ha entrado en la fase final de la negociación del TLC con Estados Unidos, valdría la pena revisar una de las ideas más arraigadas en nuestra mentalidad en lo relativo al comercio internacional. Esta es una idea simple, que sin embargo es capaz de originar temores significativos. Es la creencia según la cual lo que más conviene a un país es exportar mucho e importar poco. Las importaciones son vistas como un enemigo de la producción nacional. Por esto, comúnmente se juzga a los negociadores de un acuerdo comercial con el criterio de qué tanto ganaron en acceso a mercado para las exportaciones, y qué tanto lograron protegernos de las importaciones.
Como decía al principio, esta es una idea simple, que admite a su vez un tratamiento sencillo, en términos claros. Y tal vez la mejor forma de tratarlo sea haciendo una analogía entre un individuo y un país, tomados ambos como unidades que realizan transacciones con otros individuos y otras naciones. Esta analogía nos ayudará a entender que las importaciones no son una amenaza y que, de hecho, al importar más estamos ganando más.
Como resultado del TLC, las importaciones desde Estados Unidos aumentarán. ¿Es esto indeseable? ¡Claro que no! Por la misma razón por la cual un individuo no debe producir él mismo todo lo que necesita para su consumo personal, un país no debe empeñarse en producir absolutamente todo. Y así como un individuo adquiere de otros lo que aquellos pueden hacer mejor, porque se han especializado en hacerlo, un país debe comprar a otros lo que le sea muy difícil y costoso producir.
Como individuo, al comprar mi vestuario en una tienda especializada, me libero de la necesidad de producirlo yo mismo. Por tanto, mis recursos de tiempo, conocimientos, habilidades, capital, etc., quedan libres para que puedan emplearse en aquello que yo sé hacer mejor, cualquiera sea mi profesión. Al importar de otros países, logramos liberar muchos de nuestros recursos para dedicarlos a producir aquello que sabemos hacer bien, y que puede tener perspectivas interesantes en los mercados.
Entre quienes se oponen a la liberalización del comercio, y en particular al TLC, hay algunos que piensan que lo más conveniente para un país es exportar mucho e importar poco. Volvamos a la analogía del individuo: ¿de qué sirve a un individuo vender su trabajo o sus productos, si no es para adquirir de otros los bienes y servicios que él necesita y no puede producir? Aquel que trabaja, por ejemplo, conduciendo un taxi, no espera ganar dinero con esa actividad sólo para esconderlo debajo de la cama. Con ese dinero comprará alimentos y vestuario, visitará al odontólogo, pagará servicios públicos, educación, reparaciones, etc. Si la riqueza se entiende como la disponibilidad de bienes y servicios, de nada sirve ganar dinero si no se utiliza para adquirir los bienes y servicios que necesitamos.
De hecho, una consecuencia de la liberación comercial que llega gracias a instrumentos como el TLC es que podemos importar a menor precio, lo que significa, simple y llanamente, que podemos comprar más barato. ¿A quién no le gusta comprar barato?. Los bienes y servicios que necesitamos, y que no nos conviene producir, podremos ahora adquirirlos a un precio muy inferior. ¿No implica esto una ganancia evidente? Cualquier individuo vería como un progreso el hecho de que podrá adquirir a menor precio aquello que necesita.
Nadie ha expresado mejor esto que el primer ministro británico Robert Peel (1788-1850). En la década de 1840, durante los debates sobre libre comercio y proteccionismo en Inglaterra, los opositores del libre comercio objetaron a Peel que, mientras Inglaterra permitiría las importaciones libres, otros países mantendrían barreras a la entrada de productos. Peel respondió: “debo decir que nuestro interés es comprar barato, así otros países no quieran hacer lo mismo (.) Si otros países deciden comprar más caro, eso no significa que nosotros debemos seguir su ejemplo”.
El TLC nos traerá grandes oportunidades. Habrá mayores posibilidades de exportar miles de productos colombianos, pero también habrá una excelente posibilidad para que, a través de las importaciones, compremos más barato aquello que necesitamos y nos dediquemos a lo que sabemos hacer. Debemos aprovechar estas dos oportunidades.
Andrés Mejía Vergnaud es analista político colombiano y director del Instituto Libertad y Progreso
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