Política

Venezuela: Burbuja petrolera, expansionismo fiscal y acomodación monetaria

Según el último informe de Goldman Sachs el contexto político habría tendido a la estabilización, pero la retórica nacionalista se está elevando y el clima para los negocios es cada vez menos amistoso. Los fundamentos macroeconómicos se están distorsionando en forma importante y los altos precios del petróleo ocultan las distorsiones.

Opinión: Goldman Sachs
Lo que estamos viendo son los efectos combinados de una posición fiscal muy
expansiva y de una política monetaria de acomodación. Recientes señales indican
que el gobierno podría seguir un curso más nacionalista y políticas más
heterodoxas (por ejemplo, revisión de los contratos petroleros, utilización de
las exportaciones petroleras como un instrumento para objetivos políticos,
reforma agraria agresiva, etc.), lo cual añade riesgos al crédito de mediano
plazo y lo sesga hacia la ampliación.

El soporte de precios del petróleo
favorables oculta, al menos temporalmente, el costo de las políticas y
desafortunadamente extiende su duración, pero futuros ajustes en la orientación
de las políticas, eventualmente dolorosos, serían inevitables.


Expansionismo fiscal y precios del petróleo A pesar de un aumento
significativo en el ingreso real tanto petrolero como no-petrolero en 2004, el
gobierno central no pudo mostrar una posición fiscal mejor que en 2003. El
crecimiento del gasto primario explotó en casi 80% en términos nominales y se
expandió en 46% en términos reales. El precio de la canasta petrolera de
exportación creció 17% en 2003 y luego en 2004 creció otro 30%. En términos
nominales, el precio de la canasta de exportación venezolana creció entre
2004-1998 aproximadamente 166%, y 53% desde 2002. La economía se expandió 17,3%
en términos reales en 2004, en buena medida debido al rebote estadístico desde
una base baja en 2003, y también debido al impacto del multiplicador del gasto
fiscal soportado en el petróleo.

El superávit primario decreció de 4,4%
del PIB en 2002 a un mero 0,8% del PIB en 2004, a pesar del incremento de 53%
del precio de la canasta de exportación petrolera y un aumento de 37% en los
ingresos fiscales reales. Los ingresos totales se incrementaron en 3,1% del PIB
desde 2002 (desde 20,1% del PIB en 2002 a 23,5% del PIB en 2004) pero el gasto
primario se incrementó en 7 puntos porcentuales del PIB, de 15,7% a 22,7%. Esto
incrementa en forma importante la vulnerabilidad del crédito a una reversión en
los precios del petróleo.

Se deteriora la
transparencia


Desafortunadamente la transparencia fiscal en
Venezuela se ha deteriorado en forma considerable. Una cantidad importante de
los gastos se hacen fuera de la hoja de balanza del gobierno central, lo cual
hace la consolidación casi imposible e implica que sólo se pueda tener una
aproximación de los gastos. Los gastos totales deberían aproximarse al 30% del
PIB en 2004, lo cual representa el nivel más alto de gasto al menos las dos
últimas décadas. Por ejemplo, la data del BCV no incluye los gastos financiados
por asignación directa de seguridades del gobierno, ni los gastos ejecutados
directamente por PDVSA (creó un fondo de US$ 2.000 millones para financiar
gastos sociales y de infraestructura física, y también otro de US$ 1.700
millones para programas sociales) y por Bandes, un banco estatal.

Venezuela y Chile

La ejecución fiscal en Venezuela
es dramáticamente opuesta a la de Chile y al manejo que ha hecho este país de la
bonanza en los precios del cobre. El manejo de la economía chilena se ha
caracterizado por su carácter anti-cíclico, restringiendo el crecimiento del
gasto a pesar del boom de precios del cobre. El gobierno tuvo un superávit de
2,2% del PIB en 2004 a pesar de que la deuda combinada del gobierno central y
del banco central está por debajo de 5% del PIB. Esto es, una ejecución fiscal
estable y suave, lo cual permitirá expandir los efectos de la bonanza de los
precios del cobre por un período amplio. El caso venezolano es completamente
opuesto: la deseable optimización inter-temporal de los ingresos-gastos fiscales
se dejo de lado y su lugar se aplicó una política orientada a la gratificación
inmediata.

Calidad del gasto

Más allá
del nivel del gasto, su calidad también es cuestionable. La amplia bonanza de
los precios petroleros se ha gastado en proyectos y programas del gobierno
ad-hoc, cuya ejecución no es muy transparente, y sobre los cuales existe poco
control. A esto se añade compras significativas de armas, donde la preocupación
no es sólo fiscal. Es más, la inversión en el crítico sector petrolero se
mantuvieron al mínimo requerido para estabilizar la producción en el margen, con
una presión fiscal considerable sobre PDVSA.

Política monetaria

Desgraciadamente, no sólo la
política fiscal está fuera de sintonía. La política monetaria enfrenta retos
enormes por la clara dominación fiscal y los efectos del régimen cambiario. Bajo
la presión política, el banco central ha seguido una política de acomodo
monetario. La evidencia es abundante: los agregados monetarios creciendo más de
50% durante los últimos 12 meses y una tasas de interés domésticas muy bajas
(negativas en términos reales). Por tanto, no es una sorpresa que el crédito al
sector privado haya experimentado una fuerte bonanza (más de 109%) durante 2004.


Desequilibrios macroeconómicos y objetivos
políticos


En el corto plazo, los desequilibrios macroeconómicos
sirven bien a los objetivos políticos del gobierno. El elevado gasto fiscal
provee recursos a su base y solidifica el apoyo político al gobierno. Es más, la
política monetaria de acomodación conjuntamente con los controles del régimen
cambiario mantiene una importante liquidez atrapada, permitiendo financiar el
presupuesto a tasa de interés negativas. Hacia el mediano plazo, la situación es
diferente.

Sospechamos que cuando el gobierno enfrente una dinámica
desagradable, y entre la opción de tener que cortar el gasto o elevar la
inflación, el gobierno optará por lo último, lo cual tendrá consecuencias
negativas sobre los precios, incluyendo los activos, y el riesgo crediticio. La
inflación es el impuesto más regresivo y puede acentuar la desigualdad de la
distribución del ingreso. Ello podría hacer que, hacia el mediano plazo, las
condiciones sociales se deteriorasen, haciendo al país más inestable y
ofreciendo menos seguridades a los inversionistas.

Fuente: Analítica.com y Goldman Sachs

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