El independentismo ha dado un golpe al catalanismo con la hoja de ruta de la CUP que ha conseguido lo más importante que se propuso en su programa electoral. Ha puesto patas arriba el sistema.
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Martes, 21 de julio 2026

El independentismo ha dado un golpe al catalanismo con la hoja de ruta de la CUP que ha conseguido lo más importante que se propuso en su programa electoral. Ha puesto patas arriba el sistema.
Ha sido un día tenso, intenso y desagradable. El Parlament ha declarado la independencia de la república catalana que ha sido festejada por miles de independentistas en las calles de Barcelona y otras ciudades. Se ha votado secretamente. El president Puigdemont no ha intervenido en el Parlament que ha aprobado la ruptura con España por 70 votos a favor. Si un día era conveniente la intervención de Puigdemont era hoy.
El independentismo ha dado un golpe al catalanismo con la hoja de ruta de la CUP que ha conseguido lo más importante que se propuso en su programa electoral. Ha puesto patas arriba el sistema, ha echado los bancos de Catalunya, ha declarado la independencia y ha suscitado una desaprobación total de Europa, Estados Unidos, la ONU y otros países. Nunca una independencia había nacido envuelta en tan absoluta soledad.
Puigdemont sabía que las consecuencias serían las que finalmente ha anunciado Mariano Rajoy después del consejo de ministros de esta tarde. Cese del president Puigdemont, del vicepresident Junqueras y de los doce restantes consellers. Se destituye al director de los Mossos, se disuelve el Diplocat y todas las embajadas catalanas en el mundo. Rajoy ha adoptado la vía rápida y convoca las elecciones autonómicas para el 21 de diciembre.
La confrontación se ha producido. Está en marcha. El Estado tienen previsto controlar todo el govern de Catalunya desde Madrid. No importa si el artículo 155 de la Constitución ha sido aplicado de forma suave o dura. Son medidas drásticas y complicadas para controlar a un país que ha vivido con el autogobierno durante cuarenta años.
La política viaja a gran velocidad. Mientras Rajoy hablaba dando cuenta de las medidas miles de catalanes se manifestaban para celebrar el día de la república. Puigdemont no salió de Palau y Junqueras no ha abierto la boca. Sus silencios son elocuentes.
La campaña electoral está abierta. Pero lo primero que hay que ver es si la fuerza de la calle, la fuerza de los independentistas, puede hacer frente a las medidas del gobierno Rajoy. Decían los portavoces de la CUP que si no conseguían sus objetivos irían a la calle a combatirlos. Este es el gran riesgo que se corre en estos días tan inesperadamente tensos.
Hay que esperar hasta qué punto Puigdemont y sus consellers aceptan la cese anunciado por Rajoy. La resistencia física sería un factor que provocaría un conflicto de dimensiones desconocidas. Ha sido otro día histórico para Catalunya. Al mediodía se proclamó la república catalana y por la tarde el gobierno Rajoy cesó al gobierno y clausuró el Parlament que tiene que ser reelegido el 21 de diciembre.
Los dos bandos habrían podido evitar esta catástrofe política y cívica. El jueves por la mañana se había alcanzado un pacto con la mediación de Urkullu. Pero a Puigdemont le temblaron las piernas y se inclinó por la república. El Estado va a desplegar toda la fuerza que le permite el acuerdo alcanzado en el Senado. Vienen curvas peligrosas.
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