Política

Zapatero en Iberoamérica: sintonía política y desentendimiento empresarial

La semana pasada, el presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, realizaba la primera de sus visitas de la política exterior española: Iberoamérica. Se ha tratado, en esta ocasión, del encuentro con tres de los mayores destinos de las inversiones privadas españolas.

Luces y sombras de un viaje
Para empezar, tomó el más auspicioso y fácil rumbo del sur, visitando la
fortaleza demográfica de Brasil, el quiero y aún no puedo argentino y el
organizado y cartesiano Chile.Se ha tratado, en esta ocasión, del encuentro con
tres de los mayores destinos de las inversiones privadas españolas y, por lo
tanto, de tres inagotables fuentes de eventuales problemas, porque no se ha
armado aún la estructura que permita institucionalizar y dar cauce a las
relaciones —tanto bilaterales como de conjunto, con esta parte vital, profunda y
agitada parte del mundo americano que va desde el sur del Río Grande a las
tierras de la Patagonia—, dejándolas así a salvo de lo puntual y
anecdótico.

La primera escala ha sido el gigante del subcontinente,
Brasil, con casi doscientos millones de habitantes, destino no conflictivo de
las inversiones españolas —especialmente comunicaciones— y en espléndida química
con España, independientemente de quien esté al timón. En definitiva, ausencia
de conflictividad, sintonía política y empresarial. La segunda escala llevó al
Presidente español a Argentina, modelo de iniciativas, fortaleza y capacidad
productiva, a la par que de desorganización y de falta de sentido estratégico,
junto con una poco adecuada, o al menos insuficiente, estructura institucional.


Si las inversiones españolas son ingentes —especialmente en
hidrocarburos y banca—, no le van a la zaga los desencuentros con las
autoridades. El sistema no se ordena y así es complejo abordar un futuro acorde
con lo que se necesita y con lo que se espera. En definitiva, sintonía política
y desentendimiento empresarial.

La tercera escala fue Chile, país visto
por muchos americanos y por no pocos europeos como la Europa del subcontinente y
que, al igual que en los dos casos anteriores, es destino privilegiado de las
inversiones españolas —especialmente en el sector eléctrico y comunicaciones—.
En definitiva, ausencia de conflictividad bilateral, con una buena sintonía
política y empresarial.

Las tres escalas tienen en común con España
gobiernos de centroizquierda —Rodríguez Zapatero, Lula, Kirchner y Lagos—,
inversiones privadas y colectividades españolas muy fuertes y las tres
constituyen la base desde la que empezar a reformular el futuro de la América
latina, en el que no debemos perder de vista la cuota que corresponde a la
dimensión andina y al espacio centroamericano.

Pero el ejercicio de
lectura de las crónicas americanas tiene más páginas, algunas de ellas amarillas
y ajadas ya por tantas y tantas lecturas a lo largo de los años, sin que los
españoles, y probablemente una gran parte de los americanos, hayamos conseguido
entenderlas aún, conflictivas y tensas, en las que no está todavía claro si
constituyen un lastre para salir del desacomodo, el subdesarrollo y el espíritu
exclusivamente táctico, o si son el futuro, futuro que no conseguimos ver, o que
si lo vemos no aceptamos, y que, en cualquier caso, deberíamos empezar a
interpretar y traducir.

Me decía el ilustre historiador colombiano Germán
Arciniegas que la América latina había dejado de lado la posibilidad de
ordenarse en clave de poder, a través de cuatro grandes países:
México—Centroamérica y Caribe, el mundo andino, Brasil y el Cono Sur, por lo que
ahora tenía que confrontar el reto de componer el rompecabezas, poniendo en
armonía la atomización nacional del área.

Superar ese desafío, con toda
seguridad, consiste en variar el horizonte estratégico, de forma y manera que se
implemente alguna suerte de integración que permita resolver en conjunto los
problemas que afectan al conjunto.

Fuente: La Prensa
(Bolivia)

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