La ilegal y absolutamente atroz invasión rusa a la vecina Ucrania ha puesto inequívocamente a su responsable: Vladimir Putin, en la horrenda categoría de criminal de guerra.
En algún momento Putin, un claro “matón”, deberá entonces enfrentar, quiera o no, la enorme responsabilidad que le cabe por los ataques indiscriminados y realmente “bárbaros” que han sidoperpetrados, vergonzosamente, contra civiles inocentes e indefensos. Por los muertos y heridos, entonces. Así como por los importantes daños materiales causados en Ucrania.
Los Estados Unidos informan que están documentando cuidadosamente lo sucedido, de manera que “las organizaciones apropiadas y las instituciones investiguen si se han cometido crímenes de guerra”. En su debido momento.
Mientras tanto, un millón de “refugiados” ya han salido de Ucrania y otros dos millones de ucranianos se han convertido en “desplazados” internos, huyendo, como pueden, de los escenarios de violencia. Y esas cifras pueden ciertamente aumentar, si la ola de violencia no se detiene.
Rusia pagará previsiblemente muy caro la inhumana aventura a la que la arrastró su gobierno. Siendo un país rico, podrá seguramente hacerlo. Quizás con hidrocarburos.
Lo que no podrá, en cambio, es reponer los daños que pudieran haber sido causados a una de las arquitecturas más importantes del mundo musulmán. Especialmente en las ciudades de Samarkanda y Bujará, que tienen, ambas, íconos notables que por su calidad, en rigor, pertenecen a la humanidad toda.
Ni podrá, mucho menos, recuperar una credibilidad extraviada, sin retorno.
Gracias a Dios, el mundo entero, casi sin excepciones, ha condenado la invasión rusa a Ucrania. Rusia pasará a la categoría de “paria”, merecidamente, por supuesto.
Ojalá nuestro patológico gobierno comprenda ahora de qué lado le toca estar ante lo sucedido. Más allá de las extrañas “relaciones carnales” de nuestra Vice-presidente.
(*) Ex Embajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas.



















