Seguridad
Un momento de trasiego en el Senado norteamericano, “el organismo deliberador más grande del mundo”. A juzgar por el informe de la conferencia del 2006, el subcomité de Trabajo, Salud y Servicios Humanos y Educación del Senado — presidente Arlen Specter (R), Tom Harkin (D) representante de la minoría — ha estado deliberando con especial ahínco:
“Sec. 221. (a) El Edificio del Cuartel General y Centro de Operaciones de Emergencia (Edificio 21) del Centro de Control y Prevención de Enfermedades será llamado en adelante Cuartel General Arlen Specter y Centro de Operaciones de Emergencia.
(b) El Edificio del Centro de Comunicaciones Globales (Edificio 19) del Centro de Control y Prevención de Enfermedades será denominado en adelante Centro Thomas R. Harkin de Comunicaciones Globales”.
Es bueno ver que incluso en la atmósfera intrincadamente dividida de la política de hoy, Republicanos y Demócratas aún pueden trabajar juntos para resolver los problemas de la gente. En la misma línea, me pregunto si la propia cámara del Senado no debería ser denominada Senado Abú Musab al-Zarqawi de los Estados Unidos. Con excepciones cada vez más raras, casi todo lo que emerge de la cámara tiende a apoyar la opinión de Zarqawi acerca de Irak — que ésta es una guerra psicológica en la que el Gran Satán es un debilucho afeminado que puede ser agotado y perseguido en retirada hasta su sillón La-Z-Boy[1] en Florida.
La semana pasada, la mayoría Republicana, para su desgracia y con 13 honorables excepciones, aprobaba una enmienda pidiendo que la administración presentase su “plan” para “concluir” la guerra y retirar las tropas norteamericanas. En la práctica suscribieron el marco Demócrata del debate: que lo único que importa es la denominada estrategia de salida. La única diferencia entre los Republicanos pesados de Bill Frist y los desvergonzados Demócratas de Harry Reid es que los segundos quieren fijar una fecha de retirada en firme, para que los insurgentes de Zarqawi puedan programar un coche bomba especialmente grande que coincida con la entrega formal de los cojones[2] del Gran Satán.
“Estrategia de salida” es un término derrotista. La única estrategia de salida que importa fue resumida por George M. Cohan en la canción que los Doughboys cantaban camino de la Gran Guerra hace nueve décadas:
“Y no volveremos
Hasta que haya terminado
Hasta el final”
Y ese también es el calendario. Si lo quiere masticadito, ¿qué tal esto? “La cuestión clave ya no son las armas de destrucción masiva, ni siquiera el papel de la ONU. El tema central es la credibilidad de América y la voluntad de ganar”. Son palabras de Goh Chok Tong en Washington el año pasado. Desafortunadamente, no es un senador norteamericano, sino el primer ministro de Singapur, y por tanto no es apto para concurrir a elecciones, por no ser ciudadano de Fanfarrostán. ¿Qué dice la repugnante enmienda del Senado a los enemigos de América (Zarqawi) o a los “amigos” (Chirac) acerca de su voluntad de ganar?
Cualquier gran potencia — sin que importe que sea la potencia preeminente de la época — debe estar involucrada con el mundo. Eso significa, entre otras cosas, que tiene presencia en aquéllas partes del mundo que son críticas para sus intereses. Durante dos años, los Demócratas han vendido asiduamente de puerta en puerta la noción de que Bush “mintió” acerca de Irak. Una clase de crítico ligeramente menos despreciable ha mencionado con desprecio que la administración nunca tuvo algún plan para el Irak de posguerra, nunca tuvo idea de en qué se estaba metiendo, y no podría diferenciar entre un sunní y un chi´í o un kurdo aunque estuvieran pintados de colores distintos y tuvieran sobre sus cabezas rótulos de neón. Si hay algo de valor en esta segunda débil conjetura es que el gobierno norteamericano simplemente no sabía lo bastante acerca de Irak — y, hablando en plata, está en lo cierto. El contribuyente norteamericano estaría justificado, por ejemplo, de sentir que no está obteniendo de la comunidad de Inteligencia el valor de sus 44 billones de dólares.
Pero el único modo de conocer el país es estar allí sobre el terreno, de una forma u otra. Estoy completamente a favor de la “iraquización” — aunque esos Demócratas que exigen con urgencia que todo lo hagan los locales serán los primeros en chillar de horror como colegialas una vez que los iraquíes ajusten cuentas en serio con los insurgentes extranjeros. Pero, incluso con iraquización a gran escala, América sería completamente irresponsable, por no decir clínicamente demente, de no mantener algún tipo de pequeña presencia militar residual en alguna parte del desierto occidental.
Lo siento, pero eso es parte del acuerdo de ser la hiperpotencia del mundo. Fingir lo contrario es una estrategia de salida de la realidad. Si te preocupa el “coste”, deja de destacar tropas en tus aliados más ricos — Alemania, Japón y compañía — y absuélvelos así de estar a la altura de las responsabilidades tradicionales de la nacionalidad.
Uno no espera nada de los Demócratas. Sus líderes son hombres como Jay Rockefeller, Demócrata de Virginia Occidental que en el 2002 votaba en favor de la guerra y denunciaba a Saddam Hussein como “una amenaza inminente”, y declaraba que Irak podría tener armas nucleares hacia el 2007, si no antes. Ahora dice que es Bush quien “mintió” para entrar en guerra con un montón de tonterías aterradoras acerca de armas de destrucción masiva.
¿Qué es lo que Rockefeller cree realmente? Sé lo que cree Bush: Él pensaba que Sadam debía irse en el 2002 y hoy está contento de que se haya ido, igual que yo. Sé lo que cree, digamos Michael Moore: Él quería dejar a Sadam en el poder en el 2002, y hoy cree que los “insurgentes” son la versión iraquí de los Minutemen[3] de América. Pero, en el fondo, ¿qué creen Rockefeller y Reid y Kerry? ¿Que votar en favor de la guerra parecía lo políticamente conveniente a hacer en el 2002, pero que desde entonces han hecho cuentas e imaginado que cortejar al tumulto de moveon.org es donde está la pasta? Si Bush es el nuevo Hitler, estos hombrecitos huecos son el equivalente a esos pequeños Nazis sucios cuyo gimoteo de defensa era, “Yo sólo obedecía órdenes. Realmente no me refería a todo ese despliegue de tipo duro”. Y, antes de poder resoplar, “¿Cómo te atreves a cuestionar mi patriotismo?”. Bien, sí, estoy cuestionando tu patriotismo — porque tú no estás a la altura del desafío de los tiempos. Gracias a ti, Irak es una vorágine — no en el Triángulo Sunní, donde las fuerzas armadas norteamericanas son eficaces y fiables, sino en el frente de casa, donde legisladores nacionales blandengues han convertido la guerra en un Triángulo Linguini omnipresente.
Es fácil reírse del cabeza hueca de Jay Rockefeller jactándose de cómo bromeó con Bashar Assad, dictador de un estado terrorista, sobre las intenciones bélicas de Bush. Pero mire las noticias de Francia y pregúntese de qué va realmente esto. En el fondo, es el fracaso de la clase política de Europa a la hora de captar los cambios profundos y rápidos que hay ya en curso. Este Senado está cometiendo el mismo error fatal. Defendería echar a los vagos si hubiera vagos alternativos que introducir[4]. Pero tal vez los Centros Thomas R. Harkin para el Control de Enfermedades puedan persuadirles de ser el primer organismo deliberador en donarse a la ciencia médica.
© Mark Steyn, 2005
Al currículum del periodista Mark Steyn hay que añadir que el pasado fin de semana, el diario The National Post ha declarado oficialmente a Mark Steyn “el segundo mayor intelectual público de Canadá “.
[1] “Vago”, (lazy boy), fabricante de sillones conocido por fabricar auténticas poltronas.
[2] Aunque el término hispano ha entrado en el inglés americano más vulgar, el significado es distinto al español, siendo similar al hebreo chutzpah, tener posición valiente y firme por convicción.
[3] Literalmente “hombres del minuto”, colonos armados de la Revolución Americana (1774) para servicio en el distrito de Massachusetts. El nombre procede de ser conocidos por dejar lo que estuvieran haciendo y coger su arma para el conflicto “en un minuto”.
[4] La frase procede de la catástrofe demócrata de 1994, donde “se echaba a los vagos”. Ha retomado la actualidad cuando se vaticinaba hace escasas semanas que el caso Scooter “traería de vuelta a los vagos de entonces”.



















